Hoy finaliza la serie acerca de los principales mitos educativos con los que, por desgracia, nos vemos obligados a lidiar cada día. Y, como bien sabéis, hay muchos mitos que se han difundido de tal manera en los medios e, incluso en muchas sesiones de formación a docentes, que es más complicado desmitificarlos que seguir considerando el mito como algo válido. Seguro que os viene a la cabeza lo de las inteligencias múltiples, lo de que las niñas son peores en matemáticas o, simplemente, lo de los nativos digitales. Mitos que ya han estado cuestionados en los anteriores posts (volumen I, volumen II y volumen III).

Sin más preludio vamos al último volumen de mitos según la siguiente imagen. Unos mitos que, en este caso, tienen interés en venderse por parte de muchas administraciones educativas, instituciones económicas (léase la OCDE) o determinadas organizaciones.

Fuente: https://twitter.com/PascualGil1/status/1486074435123793925

Mitos de las políticas educativas

28) Comparar países

La verdad es que resulta realmente complicado luchar contra la irrupción, cada cierto tiempo, de los resultados en PISA, TIMSS o TALIS, entre otras pruebas estandarizadas perpetradas por una institución económica como es la OCDE. Son muchos los países que se están retirando de estas pruebas estandarizadas e incluso, en ocasiones, hay datos contradictorios acerca de la generación de PIB o innovación que se está dando en el contexto industrial y de servicios de determinados países, comparando con los resultados de esas pruebas estandarizadas. Incluso hay países que tienen su propio Common Core estandarizado (como es el caso de EE.UU.). Un modelo de evaluación en el que la Fundación de Bill y Melinda Gates, sobradamente conocidos por todos, hicieron una inversión de capital enorme. Curiosamente, dicho modelo de pruebas «objetivas» ha ido cayendo y reinventándose cada cierto tiempo por Bill Gates, tal y como se indica en el siguiente artículo.

Hay un detalle importante de la estandarización de la educación y es la necesidad imperiosa de que haya siempre unos «empresarios altruistas» tras las mismas. Nunca ha salido de investigaciones educativas; siempre se ha realizado desde el Banco Mundial, la OCDE o dinero procedente de determinadas fortunas. Y eso es algo que debería preocuparnos porque, ¿a quién le interesa realmente estandarizar la educación? ¿A quién le interesa un pensamiento único y un solo modelo educativo? ¿A quién le interesa un modelo de formación destinado a crear trabajadores específicos para determinados puestos mediante una sobreespecialización del sistema? ¿A quién le interesa que sean las empresas las que digan cómo adaptar el sistema frente a que sean los futuros trabajadores los que tengan versatilidad en su formación? Es que es de cajón.

Por cierto, os recomiendo leer «We’re Number Umpteenth!: The myth of lagging U.S. schools«. Un artículo muy bien referenciado acerca de los resultados de EE.UU. en los tests internacionales y la realidad de su sistema educativo. Os sorprenderéis. O quizás no.

29) La ratio no importa

Pues en este caso, a partir de unos ciertos valores, parece ser que la ratio realmente no importa, tal y como indican los últimos estudios realizados sobre el tema. Especialmente interesante es el estudio («Small class size has at best a small effect on academic achievement, and may harm some students«) de 148 investigaciones de 21 países, realizado en 2018 por Filges et al., en los que se indica que esa reducción de ratio tiene una influencia limitada en la lectura, nula en las matemáticas y que, incluso, puede llegar a ser contraproducente para algunos alumnos.

Por tanto, podemos deducir que las ratios no son la clave de la mejora educativa. Eso sí, cuando dicha reducción permite mejorar las cinco claves de la mejora educativa, que según Dobbie y Fryer («Getting Beneath the Veil of Effective Schools: Evidence from New York City«) son: feedback continuo, instrucción directa, mentorización individual, más tiempo de clases y centrarse en los resultados académicos, entonces sí que puede ser positiva. Coged con pinzas este estudio porque es específico para las charter schools de Nueva York. Un modelo de centros educativos muy segregador y con una homogeneidad en el alumnado. ¿Podemos extrapolar ese estudio a los centros públicos españoles? Podríamos hacerlo a los centros que segregan por nivel socioeconómico del alumnado (algunos concertados y todos los privados no concertados) e incluso a algunos públicos de localidades muy pequeñas, pero es difícil hacer una reproducción/traslación al resto.

30) Las escuelas más grandes son mejores

Los dos investigadores, Howley y Bickel, hicieron un estudio en el que se demostró que las escuelas más pequeñas reducían los efectos de la pobreza en los resultados del alumnado («Small schools and the pressure to consolidate«). En cuatro estudios separados de siete estados, ratificaron esos resultados y concluyeron que si un alumno pobre acudía a una escuela grande, la posibilidad de fallar en su aprendizaje era diez veces mayor que si acudía a una escuela pequeña.

Estudios más recientes de los mismos autores (con una muestra de casi 14000 escuelas) han ratificado lo anterior. El estudio es el siguiente:  School Size, Poverty, and Student Achievement in Montana, Ohio, Georgia, and Texas.

31) Las escuelas de solo niños o solo niñas son mejores

Las escuelas solo para chicos es una apuesta muy arriesgada ya que, en la mayoría de ocasiones, conlleva reafirmar los estereotipos, potenciando el sexismo y la misoginia (No Boy Left Behind? Single-Sex Education and the Essentialist Myth of Masculinity). Pero ahí entramos en conflicto con la respuesta de «mejores». ¿Qué entendemos por mejores? ¿Mejores a nivel académico? ¿Mejores para potenciar las carreras de ciencias para las niñas? ¿Mejores para construir una sociedad más justa e igualitaria donde desaparezcan los sesgos y se consiga la verdadera igualdad real entre los sexos? Es algo muy complicado porque tiene mucho que ver con el tipo de sociedad más que con los resultados académicos.

Si nos vamos a los resultados académicos, hay varios estudios que hablan de que en las escuelas «solo para niñas», siempre y cuando las mismas vengan de contextos solventes económicamente (no debemos olvidarnos de ello), potencian las vocaciones hacia las STEM y permiten que se disparen las mismas (enlace). Por cierto, revisad las investigaciones que se enlazan y no os quedéis con el post. También tened en cuenta quién es el autor de este artículo o dónde se publica.

Yo, en este caso, me sigo quedando con el metaanalisis realizado por Pahlke et al. («The Effects of Single-Sex Compared With Coeducational Schooling on
Students’ Performance and Attitudes: A Meta-Analysis»), publicado por la Asociación Americana de Psicología, que habla de efectos residuales en el aprendizaje en escuelas donde se segrega por sexo.

32) Tener profesores hombres es mejor para los niños

Al irse incrementando en las últimas décadas el número de mujeres que se dedican a la docencia (en nuestro país más del 85% son maestras y en Secundaria ya están en más del 60%), se planteó la necesidad, por ser lo mismo que sucede en otros países, de ver qué influencia tenía lo anterior en la educación. Si ese aumento de «feminización» del sector docente explicaba la brusca bajada de los niños en sus resultados académicos en los últimos tiempos. Y las investigaciones nos dicen que «no hay ningún tipo de influencia en el sexo del docente en el resultado del alumnado». Algo que podéis comprobar, por ejemplo, en la siguiente investigación (una de las más completas sobre el tema), titulada «Unmasking the Myth of the Same-Sex Teacher Advantage» realizada en 2011.

33) Repetir curso es positivo

Pues mira, parece que ser que no es ningún mito el hecho de que la repetición, en casos muy concretos y con las medidas adecuadas, sea un incentivo para determinado alumnado para mejorar académicamente. Hasta hace unos años, no había ninguna investigación con una base muestral potente. Desde el 2017, con la publicación de «The effects of test-based retention on student outcomes over time: Regression discontinuity evidence from Florida» se han caido, como si fueran unos naipes, todas las opiniones acerca de que no es bueno repetir. Es de esas cuestiones que, como docente, ves de forma sesgada. Al menos en mi caso, jamás se me habría ocurrido la repetición como algo positivo para el alumnado ya que mi experiencia (contraponer experiencia a investigación seria esta mal y me lo repito cada día, aunque siga haciéndolo) me dice lo contrario. Parece ser que si se toman las medidas adecuadas, en cuanto a recursos, la repetición es algo positivo. Eso sí, tomando las medidas adecuadas e invirtiendo en ese alumnado.

Pero bueno, la investigación «seria» es de Florida. Así que ya puedo estar más tranquilo. Eso seguro dirán los que prefieren opinión e ideología educativa a evidencia.

34) Más inversión es mejor

En este caso me remito al estudio de Dobbie y Fryer que he comentado en el punto 29) ya que, tal y como se indica en el mismo, una mayor inversión no está asociada con unos mejores resultados académicos. Ojo, repito… ¡no está relacionado con mejores resultados académicos! Y siempre teniendo en cuenta que estamos hablando de un estudio realizado en un contexto determinado.

La inversión en porcentaje del PIB es la clave. Lo que no tiene sentido es hablar de inversión en «euros brutos» ya que, sin tener en cuenta ese porcentaje de inversión, nos podemos encontrar datos que no sirven. Imaginad que una Comunidad Autónoma invierte el 4% en educación, mientras otra invierte el 7% aunque la segunda invierta menos dinero global que la primera. Entonces la comparativa siempre va a estar sesgada. Invertir no siempre es mejor. Racionalizar esa inversión e invertir donde toca, en muchos casos con menos dinero del que se está destinando, sí.

35) La educación nunca cambia

No creo que sea necesario desmontar este mito. El alumnado no varía en su concepto más amplio pero, a estas alturas de la película decir que la educación, como sistema, no ha cambiado en las últimas décadas, es no querer ver la realidad.

Y con esto finalizo el tema de los mitos en educación. Espero que os sirva y que, como mínimo, podáis tener herramientas para hacer callar al cuñado de turno. Que puede incluso ser docente. Ser docente, como he dicho siempre, no te hace menos cuñado.

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