
Supongo que era de los pocos que aún no habían dejado una referencia personal en su propio blog. Toca remediarlo. Y, ya que estamos, voy a intentar hacerlo de una forma un poco distinta.
Para empezar, estudié Ingeniería Agrónoma en la Universidad de Lleida. Una formación sólida… que nunca llegué a ejercer. Antes de ponerme a practicar como agrónomo, acabé dedicándome a la docencia. Eso sí, complementé mis estudios con cursos diversos sobre nuevas tecnologías, idiomas y demás. También soy máster en Educación y Nuevas Tecnologías por la UOC. En resumen… muchas horas de estudio, mucho papel firmado, y una utilidad a veces difícil de ver cuando hay quien cree que «cuanta más formación, menos profesionalidad».
Soy docente por profesión, pero no por vocación. Igual que gran parte del profesorado de Secundaria y, seguramente, también de Primaria (aunque cuesta más reconocerlo). Con el tiempo, el trabajo me ha gustado, pero podría haber acabado perfectamente en una empresa de control de calidad o en un banco. Lo importante siempre fue trabajar y ganarme la vida. Vocacional… poco. Supongo que haber crecido en una familia de docentes tampoco ayudó a idealizar el oficio.
Me gusta enseñar, pero me inquieta todo lo que viene asociado a la enseñanza. No soy psicólogo, ni educador social, ni policía montada del Canadá. Soy un docente que intenta transmitir lo que sabe -o lo que investiga- lo mejor posible.
Aborrezco la pedagogía enlatada, la que sale de despachos y de gente que no ha pisado nunca un aula. Y me indigna el mal profesional, el que se aprovecha del sistema. Me apasiona la Educación, pero no tanto la mochila burocrática que arrastra.
Sigo con los temores: no me gusta hablar en público. Me siento inseguro. Me incomoda explicar cosas delante de quien posiblemente sabe más que yo. Y ver a una audiencia aburrida, distraída o tecleando mientras hablo… tampoco ayuda. Eso sí, disfruto muchísimo con las conversaciones en pequeño comité, los grupos, los aprendizajes horizontales. Ahí sí soy feliz.
Hablo mucho, y me encanta hacerlo. A veces eso me complica la vida, pero también me ayuda a aprender y avanzar.
No tolero la hipocresía -ni la ajena, ni la propia-. No soporto al asesor que no asesora, al formador que no forma o al vendedor de humo que ni se molesta en disimularlo. Me gustan las cosas claras, lo real, lo honesto.
Escribo porque disfruto escribiendo. Dialogo porque me encanta dialogar. Aprendo siempre que alguien me permite hacerlo a su lado.
Soy docente, sí. Pero antes que nada, persona.
¿Es esto una autobiografía como toca? No lo sé. Lo que sí tengo claro es que desde 2009 cuido este blog, que ya es parte de lo que soy.
