Lo sé. Estoy mayor. Quizás veinticinco años de profesión ya estén haciendo mella en determinados planteamientos. O, simplemente, estoy viendo realidades más allá de lo que me intentan vender un día sí y al otro también. Quién sabe. Sea como sea, lo importante es que empiezo a estar cansado de ciertos determinismos interesados acerca de recetas mágicas para mejorar la educación o responsables únicos en esa mejora. Estoy más que cansado de oír la típica frase de cuñado acerca de que «la calidad de un sistema educativo depende de la calidad de sus docentes». Y una mierda.

La calidad de un sistema educativo NO depende de la calidad de sus docentes, al igual que tampoco lo hace la calidad de una película de sus actores y actrices. Pueden ser los mejores actores del mundo y participar en un guion indigesto, tener la peor banda sonora o, simplemente, estar dirigida la película por algún maníaco de ese que tiene muchos traumas infantiles no superados. Incluso la película puede resultar, por buena que sea, un bodrio para la mayor parte de los que la visionen. Ni tan solo los críticos son capaces de ponerse de acuerdo en las estrellas que le dan a una película, así que imaginaos el más simple de los mortales, al que lo que menos le interesa es el listado de créditos de lo que ha visto.

Si tenemos un sistema educativo gestionado por personajes que no saben gestionar el sistema educativo, es imposible que el sistema educativo ofrezca calidad. Si tenemos infraestructuras que se caen a trozos, alumnado de nivel socioeconómico bajo o muy bajo, alumnado que ni tan solo sabe el idioma o, simplemente, inexistencia de recursos para poder incorporar personal de apoyo en el aula, los docentes no pueden hacer nada. Incluso el mejor docente del mundo es incapaz de lidiar en determinadas clases en determinadas horas. Es que tratamos con personas por si a alguien se le olvida. No, la calidad de los docentes, de forma aislada, no implica nada. Es como el ejemplo anterior, la peor o mejor película del mundo puede salir con estrellas o estrellados. Con actores conocidos y reconocidos o con actores anónimos que no conocen ni en su casa. Bueno, no los conocían hasta que empiezan a sacar dinero con las películas. Ahí les aparece familia de debajo de las piedras. Permitidme este pequeño inciso humorístico.

Comprar la frase de que la calidad del sistema educativo depende de sus docentes. Apostar por la mejora educativa incidiendo solo en los profesionales de la docencia. Dotando de responsabilidad absoluta del aprendizaje de los chavales a los docentes que les imparten clase, es saber muy poco de educación. O tener mucho interés en poner siempre en la picota a los docentes.

Dar clase es un arte. Con la experiencia uno coge tablas. E incluso así, siendo el docente más preparado, con mayor bagaje de experiencia o, simplemente, el más de lo más en todo, esto no garantiza que tu alumnado aprenda. Es que es de cajón. Pero bueno, mientras siga habiendo gente que dé pábulo a este tipo de frases, al igual que otras que, sin mencionarlas aquí, seguramente os están pasando por la cabeza mientras estáis leyendo esto (no solo aplicadas al ámbito educativo), tenemos un problema.

El problema educativo no se soluciona poniendo el dedo en una parte. Se soluciona pasando de dedos y trabajando para mejorar todo lo que afecta al sistema educativo. Eso sí, lo fácil siempre es señalar. Más que nada porque, en la mayoría de ocasiones, hay muchos que se fijan en lo que está señalando ese dedo y muy pocos en que se fijan en quién está señalando o el porqué de ese señalamiento.

No me hagáis mucho caso. Es lunes y estoy bastante cansado. Prometo que mañana escribiré, si tengo tiempo, algo más coherente.

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