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De eclipse a eclipse pedagógico

No os preocupéis. Hoy no voy a hablaros de este eclipse que sucede en breve que, curiosamente, se ha convertido en algo que ha fagocitado todas las noticias que están sucediendo en nuestro país. Voy a hablaros de cómo se ocultan las ocurrencias pedagógicas a golpe de otra ocurrencia que, curiosamente, es más salvaje y contraria a la educación, que la anterior. Ya tenéis suficientes medios para venderos gafas, poner publicidad en los carteles de las autovías o, simplemente, organizar bacanales para rendir pleitesía a algo que, salvo a cuatro que quieran decir «yo estuve ahí», no tiene demasiado sentido.

En la política y en la sociedad del scroll infinito hay una regla no escrita pero devastadora. Si no puedes ocultar un naufragio, provoca una explosión más grande al lado para que todo el mundo mire hacia allí. Un eclipse fabricado a medida. Te lanzan tanto ruido mediático a la cara, tan seguido y tan atronador, que el escándalo de hoy tapa la podredumbre de ayer. Vivimos anestesiados. Y en la escuela, la administración ha aplicado exactamente esta misma ingeniería del despiste para perpetrar el mayor derribo controlado de la historia de la enseñanza.

Cada nuevo invento en el aula no es un avance. Es una cortina de humo diseñada para que no veas cómo se desmorona el edificio del conocimiento.

Nos vendieron que el futuro de la educación consistía en derribar los muros de las asignaturas, enterrar los libros de texto y desterrar la memoria como si fuera un vestigio prehistórico. Nos dijeron, con esa petulancia infame tan propia de algunos, que el saber académico estaba a un clic de distancia en Google y que enseñar contenidos era un anacronismo colonial. En su lugar, inundaron los centros con un catálogo entero de ocurrencias y dogmas ideológicos. Ocurrencias que van desde el Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP) y las situaciones de aprendizaje, hasta la gamificación de ludoteca, el Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA) y la hipertrofia de conceptos comodín como la perspectiva de género hasta en la clase de matemáticas.

Por si fuera poco, colaron el gran negocio del siglo. Inundaron las aulas de cacharros tecnológicos. Llenaron los institutos de pantallas, tablets y monitores interactivos a costa de regalarle la atención y la privacidad de los alumnos a algunos muy interesados, salvo honrosas excepciones, en negocio y muy poco en educación. El resultado de esta orgía digital ha sido devastador. Compresión lectora destruida, atención pulverizada y aulas llenas de chatarra que hoy languidece rota, obsoleta o usada para jugar en cuanto el profesor se gira.

Años después, el experimento ha colapsado estrepitosamente. Pero para que nadie pida responsabilidades ni se señale a los culpables, aplican la técnica del eclipse continuo.

¿Que el informe PISA certifica el hundimiento histórico en lectura y matemáticas? Montan a prisa y corriendo la comedia de la prohibición de los móviles para simular firmeza y tapar que diez años de vaciado de contenidos y circo digital nos han traído a la miseria. ¿Que el Bachillerato se devalúa a pasos agigantados? Montan el sainete de la Selectividad improvisada con borradores cambiantes a mitad de curso para que discutamos sobre el formato del examen y no sobre la alarmante pérdida de nivel. ¿Que la escuela se desangra por la estafa de la inclusión a coste cero? Se inventan la milonga del DUA, las rúbricas infames de quince páginas y la educación emocional para tapar que hay treinta chavales masificados sin un solo especialista de apoyo más.

Cada nuevo concepto rimbombante oculta al anterior. Cada circular, instrucción o resolución infame sepulta la vergüenza de la semana pasada. Es una vorágine calculada para que el docente viva asfixiado apagando incendios, rellenando hojas de cálculo delirantes sobre habilidades socioemocionales y justificando el barniz ideológico del currículo, sin un solo minuto para pararse a pensar, unir los puntos y darse cuenta de que la casa no se está quemando por accidente… ¡la están quemando a propósito! Ya no entro en el desconcierto de las familias ni el de los propios alumnos.

Y mientras nos distraen con el eclipse del último palabro de moda, el saldo real en la trinchera no puede ser más desolador. Una generación incapaz de articular tres párrafos con rigor conceptual, analizar un texto o resolver un problema de lógica elemental, pero con un máster involuntario en recortar cartulinas, tragar doctrina, editar vídeos de tres minutos y sonreír para la foto o su cuenta de Instagram.

Llamemos a las cosas por su nombre. Esta orgía pedagógica e ideológica no es más que una pantomima decorativa para abaratar el sistema, esconder la falta de recursos y maquillar el fracaso escolar mediante el aprobado general no escrito. Se ha cambiado la catedral del saber por un parque de atracciones de bajo coste donde la exigencia se considera un abuso y el rigor académico se tilda de fascismo.

Nadie puede pensar de forma crítica sobre lo que ignora. Decirle a un chaval que no necesita saber nada porque todo está en la red es condenarlo al analfabetismo funcional. Y lo más perverso es el sesgo de clase- . El hijo de familia rica aprenderá en casa o en academias, pero para el alumno de la pública, el aula era el único lugar del mundo para acceder al conocimiento abstracto que emancipa. Vaciar los contenidos para rellenar la jornada de chatarra tecnológica y jerga de diseño es dinamitar directamente la movilidad social.

Todo este catálogo de metodologías mágicas y eslóganes calcados no es modernización. Es charlatanería de laboratorio. Una anestesia perfecta para que la escuela pública se reduzca a un mero aparcamiento asistencial mientras ellos se cuelgan las medallas. Que el eclipse nos tape la luz no significa que el problema haya desaparecido; significa que va siendo hora de dejar de mirar la cortina de humo y señalar de una vez al pirómano.

Por cierto, en unas horas seguro que sale el último despropósito o investigación que dice que la han vuelto a cagar en la administración educativa, tomando alguna medida educativa que no ha servido, ha valido una millonada y ha obligado a trabajar horas y horas a los docentes. Así, como siempre sucede, esta nueva realidad eclipsará a la anterior porque, como sabemos bien los que hemos sido sometidos a escrutinio público por algo que no tiene nada que ver con nuestro trabajo, hay bombas que, seguramente siendo las menos importantes pero las más vendibles mediáticamente, son las que permiten desviar el foco de lo importante. Y lo importante es que nuestro sistema educativo y sociedad en su conjunto se está desmoronando a marchas forzadas.

No me gustaría dejar en el tintero que, por suerte para aquellos que no queráis verlo, podéis compraros unas gafas que permitirán ver, de forma sesgada e ideológica, todo lo que está sucediendo. Así, como mínimo, aunque estén destrozando vuestra vida y la de vuestros hijos, podréis ser felices.

Me podéis encontrar en X (enlace) o en Facebook (enlace). También me podéis encontrar por Telegram (enlace) o por el canal de WhatsApp (enlace). ¿Por qué os cuento dónde me podéis encontrar? Para hacerme un influencer de esos que invitan a todos los restaurantes, claro está. O, a lo mejor, es simplemente, para que tengáis más a mano por dónde meteros conmigo y no tengáis que buscar mucho.

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6 comentarios

  1. Totalmente de acuerdo. Empecé en educación en el año 2007 y vi todo esto inmediatamente pero pense que era casualidad que ocurriese en el colegio en el que me había tocado….lo que no imaginaba es que era una tendencia crónica y ayudada por multitud de docentes apesebrados.
    Discrepo en la distinción entre familias ricas y pobres; más bien diferencio familias que valoran la inteligencia y la cultura -sabedoras de que son producto del esfuerzo- y los que solo quieren certificados. Muchas familias acomodadas son auténticos berzas.

    1. No entro en el bagaje cultural de familias «ricas». Entro en las posibilidades que tienen su hijos de conseguir, en caso de no obtenerlo en la escuela pública, alternativas exógenas. Un ejemplo sería poder estudiar un curso entero en Estados Unidos, Londres o Canadá. Algo que ya haría que, como mínimo, destacaran en idiomas frente a sus compañeros que no pudieran permitírselo.

      Un saludo y gracias por pasarte por aquí.

      1. Una familia q decide mandar a un hijo/a al extranjero ya tiene un cierto interés en la cultura, aunque sea en un sentido pragmático. En concreto, pienso en una amiga mía que , con un esfuerzo titánico, ha envíado a dos hijas a USA y les ha cambiado la vida. Ella también ha aprendido inglés, ha ido a ver su graduación…una catarsis para toda la familia. Para otros una cosa así será una niniedad por disponer de recursos de todo tipo. Pero lo yo q tenía en mente al decir q la diferencia para seguir adelante en los estudios no tanto el tener una familia rica o pobre es que hay mucha gente «rica y borrega», q en realidad no necesita saber gran cosa porq ya parten de una coyuntura económica y social donde no les va a faltar la manera de ganarse la vida aunq sean unos mediocres: tienen contactos, se codean con gente de negocios, partidos políticos; o el típico q sigue con el bar o la tienda de sus padres y ya está.Esa gente no va a salir de la incultura aunque tengan medios económicos para ir al MIT; la vida es tener un chalet, un iphone, un cochazo, ver el futbol…El alumnado de esos ambientes es muy dificil de motivar por el conocimiento porq se hacen un módulo y les enchufa alguien en cualquier lado. Yo es que he tenido mucha gente así alrededor, Por poner un ejemplo: en una zona vinocultora q conozco se consiguió una denominación de origen muy apreciada internacionalmente. Los agricultores de la zona hicieron dinero de manera exponencial casi de la noche a la mañana, pero eso se tradujo en menos matrícula de estudios de educación no obligatoria. Habrá excepciones, ¡por supuesto!

    1. Y tu usa fotocopias o libros digitales o documentos digitales, que al fin y al cabo es información impresa bien en papel o bien en formato digital que al final es todo lo mismo. O no uses nada impreso y todo oral que es mas mejor. Y por favor que nadie use la memoria para nada y así mas mejor. Cuando les pregunten a los alumnos como se llaman, que lo busquen en Google.

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