Se viene el penúltimo volumen acerca de los mitos sobre aprendizaje y educación. Éste continua el empezado hace un par de días acerca del aprendizaje (enlace) y el de ayer acerca de los neuromitos (enlace). No soy alguien que se dedique a desmontar mitos. Además, mi trabajo es de docente de aula. El problema es que leo demasiado y me gusta saber qué me están vendiendo. Sí, soy de esos que saben que necesitan un aplique para la escalera y va cincuenta veces a la tienda, mira tropocientas páginas de internet y analiza concienzudamente qué características tiene cada uno de ellos. Soy así de raro. Aunque, he de reconocer, que al principio de todo este boom de la (falsa) innovación educativa, me tragué muchísimas cosas. Ahora voy con mucha más precaución.

Hoy toca hablar de los mitos acerca de las TIC, o de las TAC o de las TEP o de cualquier otras siglas que, por modernos, algunos se hayan inventado para hablar de la incorporación de la tecnología en la educación y la relación que tiene esa tecnología en el aprendizaje o conducta de nuestro alumnado. Así pues, os cuelgo la imagen en la que están todos los mitos y vamos a ello.

Fuente: https://twitter.com/PascualGil1/status/1486074435123793925

Mitos acerca de las TIC (o de la tecnología aplicada en educación)

21) Las TIC son una revolución en el aprendizaje

Las TIC no han revolucionado nada en el aprendizaje. Sí que ha habido una mal llamada cuarta revolución industrial, mediada por las capacidades de la tecnología, pero la misma no ha podido ser incorporada como algo revolucionario en el aprendizaje. Se ha demostrado a lo largo de la pandemia, especialmente en la hibridación del aula una vez pasado el primer confinamiento, que no ha habido ninguna revolución. Lo único que ha sucedido ha sido la traslación del mismo modelo de clases presenciales al contexto virtual, tanto en etapas iniciales como en superiores. Algo que tiene más que ver con la necesidad de buscar esa revolución, que con la posibilidad de establecer diseños tecnopedagógicos efectivos. Hay mucha palabrería barata en demasiadas charlas acerca de la revolución de las TIC y, el problema fundamental, es que jamás una revolución puede ser considerada como tal a menos que haya una sustitución efectiva de herramientas. Algo que jamás puede darse con las TIC.

Un detalle que no conviene obviar es que la lectura en pantalla perjudica la comprensión de los textos. Y, al igual que digo en los otros volúmenes, no lo digo yo. Lo dicen las investigaciones y la ciencia. En este caso podéis consultarlo aquí, pero encontraréis numerosas investigaciones en los últimos tiempos que dicen que «leer en digital es peor que hacerlo en papel». Por cierto, ¿alguien cree a estas alturas que para mejorar el trazo fino y grueso es mejor hacerlo usando una tableta que en una hoja de papel?

Por cierto, en 1983, Richard Clark publicó un estudio (enlace) en el que se demostró que es la praxis y no el medio los que hacen la diferencia en el aprendizaje. La manera como se traslada y transmite esa información es irrelevante. Lo compara diciendo «no importa el vehículo mediante el cual se suministra el aprendizaje para mejorar el mismo, al igual que tampoco importa el camión que trae las verduras en nuestra nutrición”.

Las TIC pueden ser un gran coadyuvante en el aprendizaje. Eso sí, jamás serán esa revolución que algunos pretenden que sea.

22) Uso las TIC en el aula porque se usan fuera de ella

Seguramente lo habréis oído hasta la saciedad. Y, en ocasiones, relacionado con «no debemos poner barreras al campo porque el aula debe ser el mismo ecosistema natural de fuera de ella». Pues va a ser que no. Aparte de que el aprendizaje depende más del cómo y del acercamiento al alumnado que de la tecnología, no siempre debemos dejarnos guiar por lo que sucede fuera del aula. Otro tema es permanecer aislado de la realidad, pero creo que se entiende cuál es la idea.

Resulta sorprendente, por cierto, que los estudiantes opten por no usar la tecnología en el aula. Sí, en todas las encuestas que se pasan al alumnado, en todas salvo en las manipuladas interesadamente (no hay nada más fácil que manipular una encuesta), se observa que el aprendizaje que prefieren es el real, la escritura en la pizarra frente al PowerPoint o la herramienta TIC visual de turno y la manipulación de elementos.

Existe una investigación muy interesante (podéis encontrar muchas más con los mismos resultados) en la que los estudiantes canadienses dicen que su aprendizaje es mejor cuanto menos foros y sesiones virtuales tienen. Además consideran que la tecnología hace que aprendan menos. Podéis encontrar esta investigación aquí.

23) Nativos digitales

El concepto de nativos digitales, acuñado por Prensky en 2001, se basa en ocho premisas, por el simple hecho de que nuestro alumnado haya nacido posteriormente a una determinada fecha en la que la tecnología se halla por doquier:

  • Poseen nuevas vías para conocer y ser.
  • Están conduciendo una revolución digital que va a transformar la sociedad.
  • Son «sabios» en el uso de la tecnología.
  • Son multitarea (por cierto, ya desmontado el concepto en un volumen anterior).
  • Hablan el lenguaje de la tecnología.
  • Les encanta jugar, interactuar y simular.
  • Piden gratificación inmediata.
  • Responden a la economía del conocimiento.

Ya, todo muy maravilloso (al igual que todas las afirmaciones gratuitas) pero, por desgracia, se desmoneta a poco que uno pise un centro educativo como docente o vea que, salvo el uso de ciertas aplicaciones o juegos, no tienen capacidad/habilidad mayor en la relación con la tecnología que personas más mayores. La tecnología es demasiado compleja para encasillarla a una cierta edad. Y hay patosos digitales taxonomizados como «nativos digitales» y expertos digitales taxonomizados como «inmigrantes digitales».

Hay muchas investigaciones que desmienten el concepto acuñado por Prensky. Hay un metaanálisis dirigido por Sue Bennet, Karl Maton y Lisa Kervin, publicado el 2008, titulado «The ‘Digital Natives’ Debate: A Critical Review of the Evidence» que desmonta todo el concepto. A ver, que si uno quiere creer en nativos digitales, al igual que si quiere hacerlo en unicornios, al margen de lo que diga la evidencia científica, es libre de hacerlo. No voy a ser yo el que le quite la ilusión.

24) Internet nos hace más tontos

Hay algunos estudios que relacionan una reconfiguración del cerebro y su plasticidad, con habernos hecho más tontos. Para ello se basan en el cambio en el cociente intelectual (IQ) en la mayoría de países en los últimos años y usan una relación directa entre la explosión del uso de la tecnología con ese retroceso en los valores medios que se están dando. Lo hacen siguiendo la tónica de relacionar los países con más tecnología en sus casas con una mayor reducción del IQ. Esta postura es la que defienden, por ejemplo, Susan GreenField en sus investigaciones.

El problema fundamental es que es difícil, al igual que sucede con el siguiente punto, asociar causalidad a algo para relacionarlo directamente. Además, en la actualidad el cociente intelectual (IQ) es un valor que está sometido a múltiples interpretaciones y es ampliamente cuestionado.

25) La gente joven no lee

De acuerdo con los últimos estudios que existen, por ejemplo en Estados Unidos, desde 1984 en la serie histórica que disponen, se ha pasado del 70% de menores de 13 años que leían, a poco más del 50% (un 53% para ser más exactos) y el porcentaje de personas de diecisiete años que leen ha caído del 64 al 40%. En este último caso se ha pasado de un 9 a un 27% de personas que jamás han abierto un libro en un año. Y esto son datos preocupantes que coinciden, si nos vamos a los datos de nuestro país, con los que se nos dan desde el INE con los hábitos de lectura y que podemos consultar aquí.

¿Tiene relación esa reducción en la lectura con la tecnología? Pues no porque, al menos por ahora, no hay ninguna relación entre lectura total (en todos los dispositivos) con número de libros y conviene diferenciar entre lectura con cantidad de lectura total realizada. Se lee mucho. Eso sí, la calidad de las lecturas, especialmente de los mensajes en las redes sociales (cientos y cientos de palabras anualmente), deja mucho que desear.

25) Los videojuegos te hacen más violento

A ver, que nos podemos creer lo que queramos y seguro que hay algunos que todavía se creerán el mito pero, por desgracia para ellos, hay un estudio que ha durado más de una década titulado «Growing Up with Grand Theft Auto: A 10-Year Study of Longitudinal Growth of Violent Video Game Play in Adolescents» que lo desmonta. Bueno, no hay uno. Hay varios pero éste es quizás el de mayor alcance (tanto por la cantidad de muestra tomada, como por la temporalización del mismo). Para los que no estéis muy puestos en juegos de ordenador, Grand Theft Auto es aquel juego que consiste en atropellar viejecitas con andador. Bueno, lo he resumido un poco.

Por cierto, me ahorro el último punto porque los que han vivido la pandemia saben perfectamente que, en el caso de las familias más pobres con dificultad de acceso a la tecnología, la brecha educativa ha sido brutal. Pero bueno, siempre puede haber quien quiera cuestionarlo. Nada, incluso dando evidencias y múltiples investigaciones, hay gente que va a leer lo que he escrito hoy (y llevo escribiendo estos días) y seguirá creyendo en los nativos digitales, los estilos de aprendizaje, las inteligencias múltiples y todos esos mitos educativos. Y contra eso no se puede luchar.

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