Hoy iba a continuar el diario que mi alter ego está llevando a cabo desde hace unos días (aquí) pero, sinceramente, veo mucho más productivo que sigamos practicando el vocabulario básico del españolito de pro. Fácilmente extrapolable al andaluz, catalán, gallego, murciano o vasco de pedigrí. Es que, al final, cuesta distinguir el acento tras el bozal, si no nos vemos por detrás con la banderita que nos han colocado. Algunos, por cierto, ya estamos preparando las maletas por si nos quieren en otros lugares. Es que lo de decir beeeee o, simplemente lanzar gemidos de satisfacción por sesgos ideológicos, cada vez nos va menos. Y, siendo claros, este país solo sirve para venirse de vacaciones. Va, quitemos lo de gente maja y cumplidora. Cambiémoslo por borregos que, al final, nos queda mejor. Espero tener aún tiempo para cambiar. Si puedo largarme con mi hija, ya sería un win win en toda regla.

Somos un país en el que hoy confinan un pueblo (fuente) que, por lo visto, nos dijeron por activa y por pasiva que no se podía confinar si no existía Estado de Alarma. Además nos lo repitió un tipo, en silla de ruedas que, por lo visto, pagaba en negro a su cuidadora. Es que ese partido se las trae. Mucho cuestionar a los verdes y azules pero, los que más están trincando en los últimos tiempos son los morados y los de sangre azul. Bueno, y todos esos que estuvieron implicados en esa Transición tan modélica. ¿Alguien sabe los nombres de los que la parieron? ¿Alguien sabe su aumento en posesiones y rentas de los que se reunieron para hacerla? Sí, blanco y en botella. Eso sí, algunos tienen daltonismo de blanco. Incluso son incapaces de distinguir entre sus congéneres merineros y churras. Es que el balido tampoco tiene los dejes que debiera.

Tenemos todos los consultorios médicos de esa, mediatizada como maravillosa, sanidad pública cerrados a cal y canto. Gente muriéndose a chorro porque, o bien les retrasan sus tratamientos de quimioterapia, simplemente, no acuden al médico porque “les atienden telefónicamente” o, simplemente, tienen miedo. Y mueren. Yo de cáncer ya conozco unos cuantos que nos han dejado en los últimos meses. De COVID, sinceramente, nadie. Seguro que alguno hay pero yo no los he visto. Y hablo, normalmente, de lo que veo. Por cierto, ¿sabéis que en una semana solo han detectado un positivo de coronavirus en mi pueblo? Al alcalde. Todo ya me parece muy curioso y surrealista. Eso sí, no se puede cuestionar nada porque, o bien te llaman paranoico o facha. Es que lo de ser facha por cuestionarte cosas está a la orden del día. No puedes criticar al PSOE y su gestión de la pandemia porque eres facha. No puedes criticar a la pareja del chalet porque eres facha. No puedes cuestionar las medidas dictatoriales y restrictivas porque, o bien eres facha o bien no respetas a los demás. Si no llevas mascarilla eres un asesino en potencia. Si haces botellón eres alguien a exterminar. Si no agachas la cabeza y sientes miedo al pasear por la calle, no eres digno de pertenecer al país ovejero por excelencia. De un país en el que Franco murió en la cama ya sabemos que no podía esperarse mucho pero, sinceramente, yo que soy de funeral de estado para adelante, me esperaba otra cosa.

Por cierto y hablando de la sanidad. Como funcionario tengo la posibilidad de largarme a la sanidad privada pagándome todo quisqui la misma. Allí atienden y, sinceramente, tal y como comentaba hoy con uno que hablaba de lo que se le ha complicado su enfermedad por no haberle atendido, tocará largarse ahí si quiero que me traten a mí y a mi hija. Cualquiera con sentido común lo hará porque, sinceramente, yo prefiero que si estoy enfermo me traten y curen. Y la sanidad pública y todo lo público está, y no por culpa de sus trabajadores, hecho unos zorros. Un detalle, si no hay economía no hay sanidad, educación, comida o un hogar. Ahí lo dejo. No es que se deba priorizar la economía, pero se ha de ser muy estúpido para creer en que podemos vivir del aire, de las rentas mínimas o, simplemente, de trabajar unas horas en negro para conseguir subsistir. Mientras, otro se van en Falcon, con un coste de miles de euros del erario público a un pedazo chalet. La mayoría justificándolo y aplaudiendo. En mitad de la pandemia toca descansar. Se lo merecen. Tan solo se han cargado algunos jubilados en las residencias. Bueno, fueron los recortes de los visigodos los que han llevado a la situación actual. Aplausos en las gradas. Balidos enfervorecidos.

Han aumentado los suicidios. Ayer mismo me dijeron que uno se había volado la cabeza con una escopeta de caza. Eso sí, esto no sale en prensa. No va a salir jamás en prensa. Seamos sinceros, hablar de suicidios es ser facha. Hay incluso gente que cuestiona un sindicato por tener su sede en el barrio de Salamanca cuando, curiosamente, otros sindicatos están en sedes cuyo alquiler cuesta muchísimo más. Un detalle, tampoco voy a votar a los verdes. Ni se me ocurriría. Algo sí que quiero a mis compañeros del balido perpetuo porque, seamos sinceros, yo también balo hasta que puede largarme a un país donde me dejen ser un ser humano.

Lo que toca ahora es falsificar el balido, intentar poner el mejor beeeee posible y, al final, buscar lo mejor para ti y tu familia. Es una mala época la que nos ha tocado vivir. Una época en la que yo tampoco voy a mover un dedo porque me quiero mucho. Tampoco me preocupa que otros lo hagan. Se llama supervivencia y ahora no sobreviven los más capaces. Ahora sobreviven los que saben tener mejor sonido en su balido. Disfruten lo votado en el régimen más perverso y absolutista de los que uno podía plantearse, hace menos de una década, llegar a vivir. Un régimen en el que, por cierto, el coronavirus es la excusa para aplicar lo que más de uno ya querían hacer. Bienvenida excusa. Bienvenido 1984.

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Acerca del Autor

Jordi Martí

Simplemente soy alguien al que le gusta escribir. Y que disfruta haciéndolo.

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