Día 3: 4 a.m.

Un móvil que ha sonado en la oscuridad. Medio ojo abierto para ver qué hora era en el despertador de la mesita. Sin gafas -ya sé que no lo había comentado pero, un poco miope sí que soy- no veo una puta mierda. También habréis podido comprobar que esto de soltar tacos está a la orden del día en mi ADN. Las 4 de la mañana… pero esto qué es.

Me llaman de comisaría para que me acerque urgentemente. Por lo visto se han cargado a Juanvi y Germán mientras estaban en un semáforo rojo. Un motorista, totalmente de negro, les ha acribillado delante de un montón de transeúntes que estaban cruzando el paso cebra para después, darse a la fuga por los callejones.

Toca irse a la ducha e ir rápidamente al curro. Creo que, al final, el día se va a presentar bastante jodido. ¿Por qué cojones le han dicho al comisario que estaba trabajando con ellos? ¿Por qué tuve que aceptar ayudarles? Bueno, aquí nadie ayuda… te “incentivan” para que lo hagas.

Me parece que hoy habrá poco tiempo para muchas cosas. Ni para el café he tenido tiempo. Esto pinta muy malamente, más aún cuando tocan a alguno de los nuestros, y no puedo detenerme a escribir más. A ver si después hago un resumen de lo sucedido.

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