Después de una cabalgata inexistente (en mi pueblo y en la mayoría, solo sobreviviendo aquellas «con entrada limitada»), de sonrisas esfumadas de la cara de muchos chiquillos que esperaban, con ansias, asistir al típico despliegue que nunca llegó y, con familias corriendo para regalar ese detalle que, en muchos casos se convierte más en compromiso que otra cosa, toca asomarse al comedor. Yo me he asomado esta mañana. No hay muchos paquetes. No me interesa que hayan. Lo importante es que los cinco de casa estamos aquí y estamos bien. Eso es lo importante. A diferencia de la lotería. Ahí lo importante es que te toque.

Se trata de un Día de Reyes muy raro. Ennegrecido por una pandemia que, ya no sabes muy bien si es que no quiere irse, o algunos no quieren que se vaya. Una sensación de asfixia en la que flotamos todos bajo una normalidad basada en acusaciones al ciudadano, miedos irracionales y chorreo de informaciones por diferentes medios dirigiendo la opinión de todos los que, hartos de pensar, dejamos que otros piensen por nosotros. Es, lo reconozco, un día muy raro. Cientos, miles de ciudadanos confinados. Familias que no han podido reunirse en todas las Navidades. Ataques entre unos y otros, especialmente por las redes sociales, haciendo carnaza de forma continua porque «nadie piensa igual que uno mismo».

Me encantaría que hoy, más allá de los regalos que va a haber solo en algunas casas, se diera ese clic que cambiara las cosas. Que la gente volviera a preocuparse por lo que sucede más allá de su ámbito más cercano porque, por suerte, el ámbito cercano no necesitara de su ayuda ni preocupación. Que todos pudieran estar rodeados de las personas que quieren y que les quieren. Que, en definitiva, lo material del regalo se sustituyera por algo menos material pero más interesante. Puestos a imaginar, imaginemos por un día. Imaginemos que la realidad se tuerce y empezamos a ver esa perspectiva que debe darse. Imaginemos que, en lugar de acaparar regalos, acaparamos abrazos. Bueno, regalos y abrazos. También son tristes los abrazos cuando solo hay lloros y desesperación por no poder pagar la luz o encender la calefacción. La pirámide social cada vez se estrecha más. Y, al final, todos estamos colaborando, incluso que queramos pensar que no lo hacemos, en ello. Es todo muy complicado.

Pero toca ser positivos. Nada de felicidad impuesta ni optimismo producto de coaching barato. Positivos para intentar ser felices no solo hoy. Cada día en los que sonreímos hay más motivos para sonreír al siguiente. Reconozco que tengo mucha suerte y miedo a partes iguales. Suerte por lo que tengo, miedo por perderlo. Y no, no estoy hablando de nada material. Estoy hablando de otra cosa.

Buscad debajo del árbol. Dejad que busquen. Si miráis a vuestro alrededor y os sentís felices ya tenéis vuestro regalo. No hace falta desenvolverlo porque ya está ahí. Disfrutad del momento si es así. El tiempo pasa pero los momentos permanecen en el recuerdo. Ojalá os sintáis como yo ayer en la cena. Ojalá os sintáis como me siento yo ahora. Esperando que se despierte la tropa para verles la cara. No cuando abran los pocos regalos de este año. Sí para verles la cara cuando nos miremos todos. Y disfrutar de esa felicidad.

¡Feliz Día de Reyes!