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Los docentes… ¡mucho más que un simple número!

Estamos a cinco de agosto y hay decenas de miles de docentes pendientes de saber dónde van a dar clase el curso que viene. Este curso, por desgracia, se han retrasado los procedimientos en algunas Comunidades Autónomas y, como siempre sucede, este retraso afecta al eslabón más débil: a los trabajadores. En este caso, a los profesionales de la educación.

La administración educativa despersonaliza a sus trabajadores, asignándoles un código y decidiendo, de forma totalmente neutra, qué se va a hacer con ellos. No saben de sus necesidades. No saben las vicisitudes a las que están sometidos. No entienden que, por desgracia, un proceso de adjudicación tardío puede acabar con muchos docentes sin lugar habitacional. Sin precios asequibles en caso de conseguirlo. Sin plaza en la guardería para sus hijos. Sin, por desgracia, haber disfrutado de la tranquilidad que se merecían en período vacacional. Es que no estamos hablando de números. Estamos hablando de personas.

Está Andrés pendiente de plaza. Está Susana esperando que le confirmen si podrá continuar en el mismo centro en el cual, el curso pasado, al igual que sus compañeros, hizo muy buen trabajo. Está Juan pendiente de la asignación de centro para saber, con suerte, qué módulo de FP le toca dar. Todo ello suponiendo que consiga ponerse en contacto con el equipo directivo de su centro. Equipos directivos que este julio han dedicado horas y más horas a cuadrarlo todo para el curso que viene. Bueno, en septiembre seguro que les llega algún marrón y tendrán que deshacer todo lo que han hecho. Es que algunos ya nos conocemos el percal. Son muchos años trabajando en este monstruo que es la administración educativa.

Sé que no es culpa de nadie. Sé que es imposible, con la cantidad de docentes que hay en las aulas públicas de nuestro país, individualizar la atención que se recibe. Pero, por favor, adelantemos procesos. Quitemos cuanto antes una de las principales incertidumbres del profesorado. El saber dónde se va a impartir clase el curso que viene. Son procesos muy automatizados. Solo hace falta, o bien adelantarlos, o bien hacer configuraciones de plantilla para un período más largo que un solo curso escolar. Eso sí, de forma totalmente objetiva y transparente. Creo que nos lo merecemos. Creo que no lo estamos haciendo del todo mal en nuestro trabajo.

Mi mujer y yo somos unos afortunados. Sabemos qué asignaturas (bueno, materias) vamos a dar el curso que viene. Tenemos tiempo de preparar alguna cosilla si hay alguna cosa que no hemos impartido antes. Hemos podido ir a nuestros centros. Ella tiene la plaza definitiva. Yo he decidido libremente suprimirme pudiendo estar en su centro. Y hemos sabido antes de agosto dónde íbamos. Además ya sabíamos que, en ambos casos, estamos al lado de casa. Pero, repito, somos afortunados. Esto es lo que yo pido para el resto de mis compañeros. Saber. Que sepan dónde van a ir. Que puedan hacer planes con su vida. Que puedan, en definitiva, sentirse mucho más que un número porque, sabéis qué, a mejor trato a los trabajadores, mejor funciona cualquier servicio (como el educativo) que se ofrezca por parte de los mismos.

Un abrazo a aquellos que estáis pendientes de destino. Me sabe fatal por vosotros. Os deseo lo mejor. Sois una parte importantísima del sistema. A ver si se soluciona pronto vuestra incertidumbre. Lo merecéis.

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