¿Por qué se esconden los resultados de determinados experimentos educativos?

Ayer, en un post impecablemente escrito por Xavier, se dieron los datos que avalaban el fiasco del experimento educativo Escola Nova 21. Un proyecto que, curiosamente, contó con una gran difusión en su momento y con el apoyo, tanto de la Fundació Bofill, La Caixa y la propia administración educativa catalana. Un proyecto educativo que, no debemos olvidarlo, solo se criticó por parte de cuatro a los que nos dijeron de todo, y contaba con el apoyo de cientos de docentes. Seguramente, la mayoría, participando en todo ese tinglado de muy buena fe. Una vez finalizado el proyecto que iba a revolucionar la educación catalana, en una rueda de prensa para presentar los resultados, nada mediatizada y hecha de tapadillo (ni los docentes que participaron en el proyecto saben los resultados del mismo), el Consell d’Avaluació certificó que había sido un fracaso. Todavía me acuerdo de una charla en la que me invitaron al principio de todo en el que, curiosamente, todos los oyentes, jóvenes de un determinado partido político (el que me invitó), aplaudían a rabiar ante lo que les estaban vendiendo, aunque intentaras darles datos objetivos y plantearles dudas. Pero, como todos sabemos, en educación hay experimentos que se venden muy bien.

Si queréis también podemos irnos al experimento Escuela 2.0, que diseñado y perpetrado por Gabilondo, repartió portátiles a tutiplén en los centros educativos. Como el experimento de Sugata Mitra que puso un ordenador en determinados barrios pobres y vendió que esos niños aprendían por ellos mismos en un estudio que, por cierto, de independiente no tenía nada y nadie ha podido replicar. Un detalle, todas las evaluaciones que se han hecho de ese proyecto de reparto de portátiles que comento en el principio de este párrafo, dictaminaron que los aprendizajes del alumnado no habían mejorado. Ni tampoco lo había hecho su competencia digital. No es que lo diga yo. Es que lo dicen los estudios que se publicaron, tanto a nivel estatal como autonómico por parte de algunas autonomías que participaron en ello. Eso sí, más de 100 millones de euros gastados en cacharros sin ninguna estrategia de formación o incorporación asociada, es lo que tiene. Podéis ver uno de esos resultados negativos del asunto en el siguiente enlace (hay muchos más estudios y podéis buscarlos fácilmente), en el que habla del desplome de habilidades matemáticas con su uso. Unas conclusiones tan demoledores para el alumnado repetidor como las siguientes:

No parece que la extraordinaria inversión en equipamiento informático llevada a cabo en los centros educativos en el periodo de estudio (2009‐2012) haya revertido en un mejor rendimiento académico. De hecho, el número de ordenadores por alumno en 2012 ejerce un efecto significativo y negativo sobre la nota en Matemáticas para todos los alumnos (no

repetidores:‐114,17 puntos, repetidores de 1 curso: ‐42,22 puntos y repetidores de 2 cursos: ‐ 88,56 puntos, respectivamente). Adicionalmente, si el alumno dispone de un ordenador o tableta para su uso individual en clase, se obtiene un segundo efecto negativo en alumnos repetidores: 16,78 puntos (repetidores de 1 curso) y 21,91 puntos (repetidores de 2 cursos).

También os traslado la tercera “innovación” educativa que, también después de mucha publicidad, ha sido otro gran fracaso que ha obligado a los propietarios de esos centros educativos a cambiar radicalmente su modelo. Me estoy refiriendo al proyecto Horitzó 2020 de los Jesuitas. Una evaluación que podéis encontrar aquí y que, curiosamente, solo saca buenos valores en los datos subjetivos (manipulables fácilmente) ya que, todo dato empírico demuestra que el proyecto, no solo no ha mejorado el aprendizaje del alumnado. Ha sido, por ser suaves, neutro con el mismo. Y eso que, en este caso, el alumnado del centro ya está previamente segregado por estatus socioeconómico. Así que, imaginaos la aplicación de este proyecto en centros educativos con alumnado heterogéneo.

La verdad es que resulta, como mínimo curioso, que se escondan los resultados de determinados proyectos y metodologías. Sorprende todavía más que se silencien los mismos, incluso por los docentes participantes (¡debería arder todo después de comprobar cómo han perdido – y les han hecho perder- el tiempo!). Pero, a estas alturas ya no me extraña porque, viendo la cantidad de docentes que reclaman un SummerHill como modelo educativo, una escuela Waldorf, un método ABN para las matemáticas, las inteligencias múltiples, la creencia en la neuroeducación como algo totalmente contrastado, los ABP como algo innovador/revolucionario o, incluso defienden los experimentos que se están haciendo en los centros educativos, sin ningún tipo de supervisión ni evaluación, ya nos podemos esperar cualquier cosa.

En educación debería evaluarse todo lo que se aplica. Bueno, antes de aplicar ciertas cosas, creo que algunos deberían leer más. Eso sí, es más fácil subirse a un determinado barco en el que sirven cócteles, hay piscina y una banda tocando todo el día, que plantearse que puede haber un iceberg antes de llegar al destino porque nadie ha mirado los mapas de navegación. Ni los registros de otros barcos que ya pasaron por ahí.

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Jordi
Jordi
7 months ago

Es el problema de las modas educativas. Todos se suben al carro sin cuestionarse nada, no sea que se queden atrás.

Pero es desalentador ver como nadie se plantea críticamente las propuestas que llegan al centro. No se piden estudios, no se indaga en los evidentes sesgos de los que se presenta ni se revisan los conflictos de interés.
Y claro, cuando la oferta del CEFIRE muchas veces va por los mismos derroteros, a muchos se les confirman sus sospechas: esta moda es la buena.

Ojalá más innovación, pero con evidencias que la respalden. Que nuestro alumnado no puede ser el conejillo de indias de las editoriales.

Paco
Paco
7 months ago

Así es amigo Jordi. En los centros a menudo encontramos muchos egos que se rodean de centros de poder que sólo buscan repercusión mediática en un intento desesperado de ser otorgado cualquier tipo de galardón o aplauso efímero. A veces es circense pero muy preocupante. A eso súmale un registro desmesurado de ejercicios edulcorados a través de editores de vídeos, que van a parar a YouTubeq, y recogen los momentos más tiernos de los estudiantes seleccionados para tan innovadora iniciativa. Todo se registra, todo se edita, todo se difunde sin más reflexión ni evaluadle lo aprendido. La pandemia ha catapultado esta práctica que además pone en riesgo en muchas ocasiones a los menores.

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