Los malos docentes existen, ¿y ahora qué?

Estoy convencido de que en el sistema educativo hay buenos, malos y regulares profesionales. Estoy convencido, además, que la taxonomización de los mismos va a depender mucho de la óptica con la que se mire. No hay necesidad de rasgarnos las vestiduras por reconocer que, más allá de la consideración de la grandeza de nuestra profesión, hay docentes que son malos.

Solo un par de cuestiones… ¿quién decide que dicho docente sea malo? y ¿qué características reúne el docente malo? Algo en lo que seguro no nos pondríamos de acuerdo. Algo en lo que cada compañero discreparía. Algo en lo que muchos alumnos y padres también harían.

Entonces, supongamos que se realiza un cribado por parte de la administración y eliminamos a esos supuestos “malos docentes” del sistema educativo. ¿Por qué debemos tomar esa decisión drástica? ¿Por qué la necesidad de evaluar mediante una foto fija -que puede ser incluso tomada a lo largo del tiempo- la tarea de un docente? ¿Por qué aislar las circunstancias personales del mismo de cualquier evaluación? ¿Por qué, en lugar de proceder a su estigma, no nos preguntamos por qué sucede lo anterior y qué estrategias podemos tomar para reconducir la situación? Estoy convencido de que no hay ningún compañero que sea un mal profesional aposta. Ni mucho menos que sea una cuestión de falta de capacidad. Creo que hay mucho tras esas situaciones. Creo que es ahí donde tendríamos que entrar.

Que haya buenos y malos docentes no me preocupa. Me preocupa que no se haga nada para ayudar, al igual que hacemos con los alumnos que lo necesitan, al docente que está teniendo problemas para que consiga salir del hoyo cada vez más profundo en el que está. Un hoyo del que cada vez es más difícil salir. Un hoyo del que estoy completamente seguro que quiere salir.

Hay mecanismos para corregir conductas profesionales. Hay estrategias que permitirían reconvertir a esos profesionales en excelentes docentes. Hay muy buena materia prima. Lo que falta es querer poner hilo a la aguja para lidiar con esas situaciones. Unas situaciones que necesitan mucho de apoyo. Unas situaciones que, en más ocasiones de las que se debiera, están desencadenadas por motivos muchas veces alejados de lo puramente profesional.

Los docentes somos personas. Como tales tenemos un crecimiento dinámico y determinadas circunstancias que lastran, al igual que en cualquier otra profesión, nuestra tarea educativa. Y, lo que menos necesitamos cuando estamos en un bache, es que la única medida que pueda tomarse contra nosotros sea la punitiva o la de aislarnos con nuestros problemas. Los problemas profesionales de un docente implican a toda la comunidad educativa y, es por ello, que la solución debe partir de toda ella.

El docente que me diga que nunca ha tenido baches en su carrera profesional miente. Todos los docentes hemos pasado, por diferentes motivos, por momentos buenos y malos. La mayoría hemos conseguido salir de los mismos por nuestros medios, pero no todos pueden hacerlo. Es por ello que se hace necesario ayudar a los docentes que tienen problemas. Es necesario. Se hace totalmente imprescindible.

Enquistar un problema y permitir que un docente lidie solo con los problemas que le convierten en un mal profesional no es sólo culpa suya. Sus compañeros tenemos mucho que ver con esa situación. Una situación que conviene atajar. Una situación en la que conviene echar una mano. A los docentes nos cuesta pedir ayuda, aunque muchas veces la necesitemos.

Lo tengo muy claro… el mal docente existe, pero no por falta de profesionalidad del mismo. El mal docente existe porque, lamentablemente, (casi) nadie de los que deberían hace nada para que ese mal docente deje de serlo.

Por cierto, la imagen que ilustra este post es de una película. Algo que sirve también para recordaros, que no todo lo que veáis en la televisión o leáis en los medios acerca de la educación y todo lo que la rodea, es cierto.

Como estoy haciendo en los últimos artículos, os recomiendo mi nuevo libro sobre educación para mayores de dieciocho, “Educación 6.9: fábrica de gurús”. Lo podéis adquirir aquí (en versión digital o papel) o en ese pop-up tan molesto que os sale. Y sí, me haría mucha ilusión que fuera uno de los diez libros más vendidos sobre educación este curso. 😉

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5 comentarios

  1. Excelente artículo. Estoy de acuerdo con su forma de ver las diferentes situaciones que pasamos los docentes. La felicito porque no todos nos entienden.

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