Ayer, en una reunión «no oficial» a la que asistí, para reclamar que todo el profesorado que va a suprimirse de ESO y Bachillerato de mi IES, reconvertido a partir del curso que viene en un Centro Integrado de FP, pasara en bloque al nuevo centro que se está acabando de construir, oí la siguiente frase: «los proyectos están por encima de las personas». Una frase que me lleva carcomiendo toda la noche dándome golpetazos en mi cabeza y añadiendo, más presión si cabe, a la toma de ciertas decisiones profesionales.

Quizás esté equivocado, pero yo creo que son las personas las que dan entidad a los proyectos. No se puede tener un buen proyecto educativo sin las personas para llevarlo a cabo. Eso sí, me gustaría matizar que lo interesante de cualquier proyecto educativo o de gestión de centro, debería hacerse con profesionales en horizontalidad. ¿A qué me estoy refiriendo con horizontalidad? A valorar a esos profesionales con independencia de los años que deben dando clase, la situación administrativa en la que estén o, más allá de eso, con independencia de si están acorde o no con unas determinadas líneas de actuación. Democracia y debate. Esas son las claves de cualquier proyecto educativo. Y jamás de los jamases pueden estar por encima de las personas. Un inciso, la comunidad educativa es un todo. No somos solo los docentes. No son solo el alumnado. No son solo las familias. Es la suma de todas esas partes.

Me chirrían profundamente los intentos de imposición, las metas personales de uno, la idea de olvidarse de con quién se trabaja, a quién se da clase y por qué estamos trabajando en un centro educativo. No se debe dejar a nadie atrás. Ni a un alumno, ni a un docente, ni a una familia, ni a todos aquellos que ofrecen o reciben el servicio de forma directa o indirecta. No sé si me estoy explicando pero es que el runrún de mi cabeza es bastante nebuloso a esta hora. Además ha sido otra mala noche de sofá, demasiado pequeño para mi envergadura, por culpa de ser el único sano de mi entorno. Y que dure. Eso sí, la espalda, al tener una cierta edad, ya la doy por perdida.

Estamos tratando la educación como un yoísmo permanente. Buscando lo personal frente a la comunidad. Quizás es que la sociedad evoluciona hacia el sálvese quien pueda. Ya se ha visto a lo largo de la pandemia. Se ve a diario en muchos pequeños detalles. Detalles a los que, quizás hace años no daba tanta importancia. Ahora me he hecho mayor. Y empiezo a ver más allá de ese Matrix que suponía para mí mi profesión.

Desde el momento en que algunas personas priorizan «lo suyo» en el ámbito educativo, no vamos a solucionar nada de la educación. «Lo suyo» siempre acaba perjudicando a otros compañeros y al alumnado. Sí, es así de curioso el efecto dominó del asunto.

Por eso desde aquí defiendo a las personas frente a los proyectos educativos porque, al final, sin personas y sin tener en cuenta sus necesidades, no hay proyecto educativo que funcione.