La instrucción directa: un método de enseñanza eficaz y contrastado

No sé vosotros pero, al menos a mí me preocupa el bajo nivel de algunos debates educativos que, por desgracia, se convierten un un conjunto de dimes y diretes acerca de quién tiene razón o a acudir, como siempre sucede cuando alguien no tiene más argumentos, a convertir el debate en un ataque personal a los que no piensan ideológicamente como uno. Hablo de la cuestión ideológica porque, al final, no puede haber debate entre dos luchadores de sumo cuyo único objetivo es aplastar a su contrincante.

Es por ello que, tal y como voy a hacer a continuación, me apetece aportar argumentos y bibliografía a algo que debería ser muchísimo más serio y alejado de las peleas de cuatro borrachos que, al final, lo único por lo que discuten es por si canta mejor Bertín Osborne, Jesulín, Kiko Rivera o Albert Pla. Siento haber metido a Albert Pla en la cuaterna, pero tiene sus motivos. Unos motivos que no tienen nada que ver con este post.

Hoy voy a hablar de la instrucción directa y de los beneficios que tiene dicho método de enseñanza. No. No os confundáis. La instrucción directa nada tiene que ver con lo que algunos critican, al igual que el concepto de clase magistral poco tiene que ver con lo de clase unidireccional, producto de docentes trasnochados, que intentan criticar, desde bañeras de purpurina y pocos escrúpulos, algunos.

La instrucción directa es un método de enseñanza que consiste en proporcionar al alumnado una serie de instrucciones claras, secuenciales y explícitas, para enseñarles una habilidad o un concepto específico. El docente dirige la clase, presenta la información, modela los ejemplos, corrige los errores y supervisa la práctica. Los alumnos siguen las indicaciones de este, responden a sus preguntas, realizan los ejercicios y reciben un feedback inmediato. Por tanto ya veis que no tiene nada que ver este modelo con lo que algunos os están vendiendo para ridiculizarlo.

Este método se basa en el principio de que el aprendizaje es más eficiente y efectivo cuando se reduce la ambigüedad, se organiza el contenido, se controla el ritmo y se refuerza el rendimiento. Y para ello, se desarrollaron cinco principios para reducir esa ambigüedad (Engelmann y Carnine, 1982).

1) El principio de redacción. Para que la secuencia lo más clara posible, debemos utilizar la misma redacción en todos los puntos (o una redacción lo más parecida posible).

Fuente: Engelmann y Carnine

2) El principio de preparación. Durante la enseñanza inicial de un concepto, se debe emparejar ejemplos con no-ejemplos que difieran en una sola característica, de una sola interpretación. En lecciones posteriores, se pueden usar ejemplos adicionales para ampliar el alcance del concepto.

Fuente: Engelmann y Carnine

3) El principio de la diferencia. Para ilustrar los límites de un concepto, se deben yuxtaponer ejemplos con no-ejemplos que sean solo ligeramente diferentes excepto en una característica crítica e indicar que son diferentes.

Fuente: Engelmann y Carnine

4) El principio de igualdad. Para mostrar el alcance del concepto, se deben yuxtaponer ejemplos del concepto que difieran entre sí tanto como sea posible y que, aun así, ilustren el concepto e indiquen que son iguales. Esta secuencia pretende fomentar la generalización.

Fuente: Engelmann y Carnine

5) El principio de comprobación. Por último, para comprobar si los alumnos comprenden el nuevo concepto, se deben yuxtaponer ejemplos nuevos no enseñados y ejemplos no enseñados en un orden aleatorio. Esto nos ayuda a descartar que los alumnos solo estén adivinando.

Fuente: Engelmann y Carnine

El método de instrucción directa se suele aplicar para enseñar habilidades de bajo nivel, es decir, aquellas que requieren un dominio de los elementos básicos, como la lectura, la escritura, el cálculo, la ortografía o la gramática. Sin embargo, también se puede utilizar para enseñar habilidades de alto nivel, como la comprensión lectora, la resolución de problemas, el pensamiento crítico o la creatividad, siempre que se adapte el diseño de las lecciones y se incorporen actividades más complejas y desafiantes.

La instrucción directa se fundamenta en la teoría del procesamiento de la información, que sostiene que el aprendizaje implica la adquisición, el almacenamiento y la recuperación de la información en la memoria. Según esta teoría, la memoria se divide en tres componentes: la memoria sensorial, la memoria a corto plazo y la memoria a largo plazo. La memoria sensorial recibe los estímulos del ambiente y los retiene brevemente. La memoria a corto plazo almacena la información que se está procesando activamente y tiene una capacidad limitada. La memoria a largo plazo contiene la información que se ha aprendido y consolidado y tiene una capacidad ilimitada. El objetivo de la instrucción directa es facilitar el paso de la información de la memoria a corto plazo a la memoria a largo plazo, mediante la repetición, la organización, la elaboración y la revisión.

Ya, lo sé. Seguro que no os ha convencido a algunos (ni, por mucha bibliografía que os aporte vais a bajar de vuestro pedestal de creencias educativas) pero, por si acaso hubiera alguien que le apetezca documentarse mucho más allá de lo que os he expuesto, de forma muy resumida, voy a poneros esa bibliografía que podría interesaros (a continuación os explico un poco la que os voy a poner pero, será en la parte de bibliografía donde la podéis hallar).

Existe, en primer lugar, el Proyecto Follow Through, realizado entre 1968 y 1977 en Estados Unidos. Ha sido, a día de hoy, el experimento educativo más grande y caro de la historia. En ese proyecto se intentó evaluar la eficacia de diferentes modelos de enseñanza para mejorar el rendimiento académico del alumnado de preescolar y primaria procedentes de entornos desfavorecidos. Los resultados mostraron que la instrucción directa fue el único modelo que produjo efectos positivos significativos en todas las áreas evaluadas: lectura, matemáticas, ortografía, lenguaje, autoestima y habilidades cognitivas. Os recuerdo que ya hablé de este proyecto hace cosa de un mes en este mismo blog (enlace). Por cierto, me sorprendió la baja difusión de este artículo en comparación con otros porque, al menos para mí, es el más relevante que he escrito en los últimos tiempos.

También os puede interesar el metaanálisis de Adams y Engelmann, publicado en 1996, que revisaba 34 estudios que comparaban la instrucción directa con otros métodos de enseñanza en diferentes asignaturas y niveles educativos. Los resultados indicaron que la instrucción directa fue superior a los demás métodos en el 80% de las comparaciones, y que no hubo diferencias significativas en el 20% restante. Además, la instrucción directa fue más efectiva para los alumnos con dificultades de aprendizaje, los alumnos de minorías étnicas y los alumnos de bajo nivel socioeconómico. A ver si va a ser que la instrucción directa es lo mejor para el alumnado más vulnerable. Seguramente a estas alturas algunos ya estarán buscando alguna costura a mi artículo de hoy y, por ello les dejo un enlace a los mitos que existen acerca de la instrucción directa, escrito por los mismos autores (enlace).

Y finalmente os incluyo el estudio de Borman, Hewes, Overman y Brown, publicado en 2003, que analizó el impacto de la instrucción directa en el rendimiento de los alumnos de primaria de 18 escuelas urbanas de Baltimore, que participaron en un programa de reforma educativa llamado Success for All. Los resultados revelaron que los alumnos que recibieron instrucción directa obtuvieron puntuaciones más altas en las pruebas de lectura y matemáticas que los alumnos que recibieron otros tipos de instrucción, y que estos efectos se mantuvieron a lo largo del tiempo.

Estos y otros estudios demuestran que la instrucción directa es un método de enseñanza eficaz y contrastado, que puede mejorar el aprendizaje del alumnado en diversas materias y contextos. Y os recuerdo que la instrucción directa no es una receta rígida ni una solución mágica, sino un conjunto de principios y estrategias que se pueden adaptar a las necesidades y características de cada grupo de alumnos. Además, al igual que cualquier intervención metodológica, requiere una planificación cuidadosa, una ejecución dinámica y una evaluación continua por parte del docente, así como una participación activa y una motivación por parte del alumnado. Ostras, estamos hablando de una metodología activa. What a surprise!!!

No es incompatible con otros métodos de enseñanza, sino que se puede complementar con ellos, siempre que se respeten los criterios de claridad, secuencia, feedback y práctica que la caracterizan. Así que, ya veis, no hay ninguna razón, salvo las creencias de algunos en determinadas chuminadas campestres, sin ningún tipo de evidencias ni investigaciones que las sustenten, para no apostar por una estrategia para incorporar esta instrucción directa como metodología en nuestras aulas. Eso sí, siempre respetando las características del docente, su experticia y su conocimiento del alumnado que tiene delante, mediante evaluaciones continuas de resultados.

Bibliografía

Adams, G.L., & Engelmann, S. (1996). Research on Direct Instruction: 25 Years beyond DISTAR.

Bock, G., Stebbins, L. y Proper, E.C. (1977). Excerpts from the Abt Reports: description o f the Models and Summary of Results. Effective School Practices, volumen 1, 10-16.

Borman, G.D., Hewes, G.M., Overman, L.T., & Brown, S. (2003). Comprehensive school reform andachievement: A meta-analysis. Review of Educational Research, 73(2), 125-230.

Engelmann S., y Carnine, D. W. (1982). Theory of instruction: Principles and applications. New York: Irvington.

Watkins, C. (1997). Project Follow Through: A Case Study of Contingencies Influencing Instructional Practices of the Educational Establishment. Cambridge Center for Behavioral Studies.

Espero que el artículo os resulte de utilidad. Y, como siempre digo, no os quedéis con lo que os digo y revisad toda la bibliografía que os incorporado y toda aquella que podáis encontrar porque, a diferencia de los que os dicen que creáis en ellos, yo prefiero que vosotros mismos, al margen de las creencias, busquéis y leáis lo que dicen las evidencias e investigaciones.

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2 comentarios

  1. Muy interesante, Jordi, especialmente la referencia al trabajo de Engelmann. En español, el libro de Héctor Ruiz Martín ‘Cómo aprendemos’ y el manual ‘Enseña como una maestro’ de Doug Lemov explican y desarrollan toda la parte didáctica y cómo aplicarla en el aula.

    1. Muchas gracias por los dos aportes. El de Héctor Ruiz lo he leído (tengo algunos matices acerca del mismo pero, en líneas generales, es bastante claro y concreta cosas), pero el manual de Doug Lemov, por cosas que ha dicho en algunas entrevistas, siempre me ha tirado para atrás.

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