No entiendo la necesidad de afirmaciones globales y únicas en educación. Menos todavía, la necesidad de contraponer discursos mediocres a opiniones sesgadas. Estoy hablando de la respuesta que le dio al autor del artículo DE OPINIÓN titulado «Contra pedagogos» el insigne Consejo General de Colegios Oficiales de Pedagogos y Psicopedagogos. Una respuesta titulada «El Consejo no permite ataques a nuestra profesión«. Aludiendo, de forma repetida en su respuesta, al ataque ad hominem contra el autor del artículo de opinión y a su artimaña, tan usada por algunos pedagogos, de usar el típico examen de cuarto de ESO que sería incapaz de aprobar cualquiera. Por cierto, incluso ellos. Bueno, ellos, a diferencia del autor de la opinión (que ya os digo desde ya, tal como indiqué ayer en Twitter, no comparto), creo que ni tan solo serían capaces de aprobar ninguna asignatura. El autor del mismo o cualquier docente de aula seguramente aprobaríamos, con nota, nuestra asignatura. Y poniéndonos unos días antes, remataríamos la faena con las demás. Qué triste respuesta para todo un insigne Colegio Oficial.

El problema del debate acerca de la pedagogía tiene dos frentes abiertos: la necesidad de explicar qué es realmente la pedagogía y aislar algo que, de forma interesada, muchos encubren cuando se alude a su gremio. Hay honrosas excepciones, claro está. Pero el gremialismo de pedagogos y psicopedagogos es digno de análisis. Y, en lugar de acudir al debate o a establecer un cordón sanitario a la mala pedagogía (hay mala pedagogía, al igual que hay mala medicina), acuden siempre al mismo mantra de que los demás no saben qué hacen ni cuál es su ámbito de estudio.

Me gusta acudir a la RAE porque, al final es lo más básico. En la RAE se nos define la pedagogía bajo cuatro acepciones:

Fuente: https://dle.rae.es/pedagogía

Tres acepciones que son fácilmente intercalables por la de un docente y una cuarta (la primera) que considera a la pedagogía como una ciencia que se ocupa de la educación y de la enseñanza. Además, con el matiz, de dedicarse especialmente a enseñanza infantil. O sea, la pedagogía, según la RAE, sería solo aplicable «con contundencia científica» a la etapa que va de los 0 a los 6 años. No empecéis a alteraros algunos porque, a diferencia de quedarme con lo básico, algunos vamos un poco más lejos en nuestras afirmaciones. Y yo afirmo que la pedagogía no es una ciencia. Va, ahora sí.

Para que algo pueda ser considerado una ciencia debe reunir cuatro requisitos:

a) Debe tener como objeto de estudio unas determinadas propiedades que afecten al mismo problema, que se analice desde el exterior al interior. El objeto de estudio debe existir o puede probarse su existencia.
b) Debe permitir usar el método científico para minimizar la posibilidad de irregularidades en la búsqueda de resultados.
c) Debe ser sistemática y definirse en relaciones ordenadas y lógicas para, de forma integral, conseguir explicar la cadena causal que envuelve al objeto de estudio.
d) Debe permitir afirmaciones/verdades universales y no específicas.

Por tanto hay un punto en el que, al tratarse del análisis de relaciones humanas, con factores que escapan a la sistematización y pueden aplicarse de forma única en diferentes contextos (no pueden universalizarse sus resultados), debemos descartar la definición de pedagogía como ciencia. Entiendo que tres de cuatro para algunos es suficiente. Si somos serios, al igual que deberíamos serlo con las investigaciones educativas, tocaría poner en cuestión la faceta científica de la pedagogía. Otra cuestión es que desde la pedagogía puedan realizarse aproximaciones científicas que permitan dar determinadas indicaciones acerca de cómo mejorar los procesos de aprendizaje.

Repito, sea o no una ciencia, al igual que sucede en otros ámbitos laborales, hay buenos y malos profesionales de la pedagogía. Hay buenas y malas teorías pedagógicas. Hay, en definitiva, profesionales que trabajan y profesionales que venden que trabajan. Hay investigación seria e investigación de chichinabo. Sé que me hago pesado, pero lo mismo sucede en cualquier otro ámbito profesional.

Entonces cuál es el problema de la pedagogía y sus recelos por parte de la inmensa mayoría de docentes «de pico y pala». Pues ciertas cosas que, no solo desde la pedagogía, más bien desde la psicología evolutiva, nos están vendiendo. Barbaridades como la de considerar la docencia como la única profesión que, a más experiencia menos capacidad se tiene (comprada esta frase, por cierto, desde algunos docentes que deben verse identificados). Intentos de adoptar prácticas pedagógicas que van contra toda investigación científica. Imposición de principio de autoridad o soberbia desde determinados púlpitos. Y, no lo olvidemos, la carrera de psicopedagogía es la que permitió a más de la mitad de los inspectores de educación conseguir su silla porque, aunque quede mal decirlo, con un curso puente y cosas facilonas, se la sacaban en un pispás. Y así podían tener una titulación superior a la de Magisterio que permitía concursar a esos puestos.

Retomando el tema de la psicología evolutiva. Conviene recordar que los grandes responsables de la LOGSE (César Coll, Álvaro Marchesi y Elena Martín) y, actualmente de la LOMLOE, son tres amigos procedentes de la misma cátedra, la de psicología evolutiva que, por contactos políticos, consiguieron perpetrar una ley educativa que no convenció a casi ningún docente. Especialmente al profesorado de Secundaria que, para esos tres, al igual que lo es para muchos pedagogos, el enemigo a batir. Por eso se están apoyando los ámbitos, el máster del profesorado (para poder meter tajada e inducir determinadas cosas en el alumnado) o incluso el MIR docente. Por cierto, hace tiempo leí una propuesta en la que se daba puntos para tutorizar a ese alumnado de MIR a docentes que tuvieran determinadas carreras. Y ninguna relacionada con la especialidad que iban a impartir.

Hay malos pedagogos y mala pedagogía. El problema es que la única que llega a las aulas es la mala. No hay traspaso de información entre lo que hacen en las Facultades con lo que necesitamos en el aula. No hay comunicación. Si alguna vez la hay es mediante órdenes e instrucciones que, al final, lo único que generan es desasosiego entre los docentes de aula y enfrentamientos entre pedagogos y docentes de etapas obligatorias. Especialmente sangrante es el tema con profesorado de Secundaria. Repito. No es casualidad que sea con quienes más se choque porque, al final, si uno viene de la Universidad y le dice a un docente de Matemáticas que lleva treinta años dando clase, con relativo éxito con su alumnado, que lo que hace lo está haciendo mal, es lógico que se acabe cabreando. Especialmente cuando le intentan vender ciertas cosas que sabe que no van a funcionar. Esta falta de comunicación y formas de comunicarse es la que, quizás, acaba convirtiendo, a enemigos profesionales a gente que deberían remar en común.

A mí me preocupa la generalización con los pedagogos. Me preocupa considerarlos per se el enemigo pero me preocupa mucho más que, en el otro lado se piensen que, a diferencia de lo que generalizan algunos de ellos con los docentes, nosotros generalicemos. En mi caso no es así. Yo comparto en este caso la teoría de Ricardo Moreno (recomiendo la lectura del Panfleto Antipedagógico), el archienemigo para algunos. Una teoría que se explica muy bien en las siguientes líneas:

Fuente: https://www.cs.upc.edu/~conrado/docencia/panfleto-antipedagogico.pdf

No, algunos no estamos en contra de la pedagogía. Estamos en contra de determinadas cosa delirantes, con jerga mística que, desde determinados púlpitos (reconozco que no siempre formados por exclusivamente por pedagogos) nos están vendiendo.

Todo mi apoyo a la buena investigación realizada por pedagogos. Todo mi apoyo a los buenos pedagogos. Que haberlos, haylos. Y al igual que en cualquier otra profesión, no pocos. Eso sí, que los haya no implica que deba defenderse ciertas cosas porque las diga un pedagogo, un docente o un politólogo.

No me gustaría terminar el post de hoy sin poneros lo siguiente:

En A través del espejo hay una reina de ajedrez roja. En un momento dado, Alicia y la reina roja están junto a un árbol. La reina le coge la mano a Alicia y dice: «Vamos a correr». Corren y corren cada vez más deprisa. Alicia se asfixia. Grita: «Ya no puedo más, paremos». Se paran y Alicia exclama con sorpresa: «Pero si estamos en el mismo sitio, junto al mismo árbol». «¿Y qué tiene de extraño?», pregunta la reina. «En el país del que yo vengo —responde Alicia—, cuando corres terminas en otro sitio». «El tuyo debe de ser un país muy lento», dice la reina.

Fuente: La muerte contada por un sapiens a un neandertal

Pensad en ello.

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