Hoy mi jefe de servicio, responsable directo de los destrozos que llevo haciendo en la Conselleria de Educación desde septiembre, ha comunicado a todo el equipo del SICE (Servicio de Informática para Centros Educativos) que se va. Aprovechando, voy a desvelar que trabajo para la DGTIC, que depende de Hacienda, como asesor técnico docente. Sí, ¡chupaos esa! Estoy de infiltrado como “pringado” raso, desertor chusquero de la tiza, en el servicio que lleva, entre otras cosas la comunicación, la atención básica al usuario, Lliurex, los portales webs de los centros educativos y el entorno virtual de aprendizaje Aules. Bueno, he dicho entre otras cosas, porque hay temas que se llevan ahí hasta aburrir. Un servicio al que vine por la persona que lo llevaba, a la cual le he ido cogiendo cariño con el tiempo que llevo trabajando para él. A ver, he dicho cariño. No incluyáis el catre en la ecuación que, aunque pueda estar bien para su mujer, a mí no me pone en ese sentido. Más allá de la broma, una grandísima persona.

Entiendo perfectamente su cansancio. Ha sido el servicio más exigente en el momento del confinamiento y la pandemia. Si a ello le sumamos cuatro -sí, he dicho cuatro- tocapelotas que llevan dando la brasa en las redes sociales, de malos modos y en su horario laboral (no hay nada como ser muy vaguete para tener tiempo de ciertas cosas), desprestigiaban todo el trabajo que se estaba haciendo en ese servicio dirigido por él por un odio enfermizo hacia su persona. Y, de paso, desprestigiando a todos los que trabajamos para él. Que, a la postre, trabajamos para toda la comunidad educativa porque, para bien o para mal, las decisiones que se toman donde estoy (¡no las tomo yo, ni ganas de asumir esa responsabilidad!) tienen mucha influencia en lo que sucede en las aulas. Es muy duro trabajar en un sitio al que has accedido por méritos profesionales, que implica un desgaste personal importante, por unos pocos euros más en la nómina que no compensan, y encontrarte a personas que, por cuestionarles el chiringuito, lo único que hacen es intentar hacer daño. La verdad es que es de personas muy tristes lo anterior. Bueno, tristes y malas. Algunos, por cierto, a la cara incapaces de cuestionar nada. Siempre mucho mejor volcar su bilis en las redes sociales. Cobardes de manual. Pero me estoy yendo del leitmotiv del post y no es plan.

Es muy complicado en cualquier profesión encontrar gente que tenga siempre la puerta abierta, que te dé su teléfono para que puedas llamarle a todas horas, que te ayude o te eche una mano cuando lo necesitas,… más aún que esa persona esté por encima de ti en el escalafón laboral. Claro que hay exigencia, pero alguien que es capaz de ganarse mi cariño y respeto, para mí siempre va a ser alguien con el que voy a recordar el placer de haber trabajado por él. Éste es mi tercer curso fuera del aula. Me fui de ella por una directora tocapelotas, a la que se sumaron un par de personas en mi Departamento que ni hacían ni dejaban hacer. Bueno, y por un café que fui a tomarme a la Conselleria que acabó con una propuesta para quedarme por un año en comisión de servicios después de una entrevista que, cada vez que me acuerdo de ella, me parece más surrealista. Por cierto, en la misma estaba el jefe que ahora se va y otro que, por cierto, también ha sido parte de los motivos para que siga quedándome en la administración más gris. Ya es el segundo jefe que se me marcha. El primero se fue y yo me fui de ese servicio, dejando grandísimos compañeros ahí. Ahora éste se va y no sé qué futuro me espera en la Conselleria. La verdad es que me conformo con disfrutar con mi trabajo. Ahora estoy disfrutando con el proyecto en el que estoy metido. Quizás mañana ya no disfrute o la persona que venga no quiera contar conmigo porque cree que no hago las cosas como tocaría. Nunca he tenido problemas en continuar o no fuera del aula. Hay algunos a los que les costaría volver. A mí, sinceramente, el día que se me acaben las ganas, la situación personal cambie o, simplemente decidan que no tengo cabida en determinados lugares, haré la mochila y volveré al centro que, en concurso de traslados me dieron el año pasado. Un centro educativo que solo tiene un defecto… que está ahí trabajando mi mujer. Eso sí, tocaría superarlo.

Quería hablar de mi jefe y, al final me he liado hablando de muchas más cosas. Para mí se va un gran profesional, con todos sus puntos fuertes y todos sus defectos (como todos) pero que me ha sabido ganar como profesional y como persona. Y el esfuerzo que ha hecho ha sido impagable. Le deseo toda la suerte del mundo en su futuro profesional. Un futuro que sé que no está demasiado lejos de donde estaba. Un servicio gana y otro pierde. Mientras gane él, eso es lo importante. Y, por si preguntáis, en la despedida por videoconferencia no se me ha escapado la lagrimilla pero, en el momento en que estaba escribiendo esto, sí.

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Acerca del Autor

Jordi Martí

Simplemente soy alguien al que le gusta escribir. Y que disfruta haciéndolo.

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