Del Rolex al Festina
La cosa ha empezado como tantas veces en X. Un tipo muy falto de argumentos, pregunta a Grok (una inteligencia artificial con ganas de hacerse la lista) acerca de una foto de Antonio Muñoz Molina. Grok sentenció con seguridad absoluta: lleva un Rolex Datejust 36 mm, esfera blanca, bisel estriado y brazalete Jubilee. Ahí lo llevas. Literatura de lujo en la muñeca, como si los libros dieran para alfombras rojas y relojes de catálogo suizo.

El problema es que no es cierto. Ni Datejust, ni Rolex, ni nada que se parezca. Es un modesto Festina, de esos que rondan los cien euros y que no sirven para fardar en las tertulias pero que cumplen la función de dar la hora. El error se corrigió después, claro. Aunque ya sabemos cómo funciona esto… la mentira vuela y la rectificación llega coja, tarde y sin eco.

Lo interesante no es el fallo técnico. Lo interesante es el uso inmediato que se le ha dado. Porque de repente el supuesto Rolex ya no es un detalle de estilo, sino una munición perfecta para disparar contra el escritor. “Míralo, con Rolex, mientras presume de compromiso social”. La vieja receta de convertir cualquier cosa, incluso que sea mentira, en arma arrojadiza.
Y ahí está la ironía del asunto. Da igual que luego se aclare que es un Festina. El titular jugoso ya se ha instalado en la cabeza de muchos. Muñoz Molina, el del Rolex. Aunque nunca lo llevara. Aunque su muñeca dijera lo contrario. Porque lo que importa no es la verdad, sino el relato. Y el relato de un escritor, que no le cae bien a determinados personajes, con Rolex encaja a la perfección en la caricatura que algunos quieren vender.
La escena es casi cómica. Un tipo le pregunta a una IA. La IA disfrazada de relojero suizo se lanza a identificar accesorios. La turba digital lo convierte en prueba irrefutable de incoherencia y, cuando llega la verdad, ya nadie escucha. Total, ¿qué más da que sea un Festina? El daño está hecho, el bulo ya circula, y el escritor ya ha quedado marcado como el “intelectual del Rolex”.
Esto no va de relojes. Va de cómo usamos cualquier excusa para convertir a alguien en blanco fácil. Si fuera un bolígrafo Montblanc, también serviría. Si fuera un coche caro, lo mismo. Lo importante es tener una foto, un dato -o un bulo- y explotarlo hasta el ridículo.
La gracia final es que el Festina es casi un símbolo. Un reloj normal, de clase media, que en cuestión de segundos se ha transformado en el estandarte del lujo hipócrita. Y todo gracias a la mezcla de una IA sobrada de confianza y unas ganas enormes de pillar a un escritor en contradicción.
Del Rolex al Festina en menos de una hora. De la crítica social al meme barato. Y de la supuesta incoherencia de Muñoz Molina a la incoherencia real de quienes prefieren quedarse con un bulo antes que con la verdad. Porque lo que vende no es la realidad, sino la caricatura. Y en esa caricatura, ya sabemos qué pasa.
Al final, como bien sabéis algunos, la única precisión suiza de este asunto es la de las ganas que tienen algunos de fabricar una caricatura con cualquier detalle insignificante.
Por cierto, no querría acabar el artículo sin llevarlo a mi ámbito profesional. Tan solo hace falta que leáis las afirmaciones de ciertos personajillos de la farándula, que las sueltan sin datos ni evidencias salvo el artículo del cuñado de turno, acerca de ciertas cosas en educación. Es mucho más fácil hablar sin datos o preguntando a la IA de cabecera de cada uno que buscar, como bien saben los que berrean determinadas cosas, los datos o la información veraz.
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Molt bona l’anècdota!