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¿Qué pasaría si existiera un Tinder para docentes?

Imaginaos un Tinder exclusivo para docentes. Una app pensada no solo para ligar, sino también para confirmar que la educación, especialmente la docencia, es una tragicomedia. El resultado sería tan grotesco que ni el guionista Black Mirror lo firmaría.

Seguramente nos encontraríamos fotos de perfil con material escolar en vez de cara. Mientras en Tinder normal abundan, según me comentan, selfies en el gimnasio, aquí la seducción sería posar con una grapadora, un taco de exámenes pendientes o una pizarra llena de fórmulas. El erotismo del corrector rojo daría ese punch tan necesario para obtener el match garantizado.,

También podríamos hallar en los perfiles frases motivacionales robadas de un curso de coaching. Todos los perfiles empezarían igual… “Transformando el mundo a través de la educación”. Traducción automática… “Me paso las tardes rellenando rúbricas absurdas y me creo salvador del planeta porque usé un Kahoot el año pasado”. Siempre, claro está, que alguien no incluya que pertenece a un grupo educativo inspirado por Freinet o por Carmen de Mairena.

Habría matches que terminan en publicidad encubierta. Crees que has ligado y en realidad acabas inscrito en un curso online de “Metodologías disruptivas aplicadas al recreo”. Cupido convertido en comercial de academia cutre. Y sí, siempre con un bono de bienvenida y la posibilidad de llevarte, al acabar el curso, una maravillosa insignia digital.

¿Imaginaos al veterano intensito? Foto en blanco y negro o sepia, cara de póker y descripción breve. Seguro que pondría… “Treinta años corrigiendo exámenes sin anestesia”. A la primera cita te suelta su greatest hit acerca de que “la EGB sí que funcionaba” y “los chavales de ahora no valen para nada”.

¿O al joven innovador que desliza compulsivamente entre los diferentes perfiles? Un perfil plagado de hashtags, emojis y referencias a Finlandia, Singapur y Marte. Piensa que la flipped classroom es la nueva religión y te intenta evangelizar aunque solo quieras tomar una cerveza.

Me imagino conversaciones interrumpidas por trauma laboral Cuando parece que la cosa fluye, de repente desaparece porque “suena el timbre imaginario”. Vuelve al rato a chatear con un tono de conversación de quien lleva tres guardias seguidas. O una guardia en primero de ESO H.

El problema de Tinder es que puede ser cualquiera. Seguramente también podría haber el inspector en modo incógnito. Perfil gris, sin foto clara. Le das match y al tercer mensaje ya te pide la programación anual y tres rúbricas. Comprendes que debes huir inmediatamente. O no. Todo depende de tus ganas y necesidades. Además, no lo olvidemos, el amor (o eso que a veces se hace sin él) se encuentra en los sitios más insospechados.

Aquí no habrá cenas románticas ni paseos por la playa. La cita estándar es sentarse entre tazas de café recalentado, olor a tóner y conversaciones sobre ratios. El clímax erótico es compartir un pilot rojo que aún pinta. O verde para ser totalmente inclusivos.

¿Y los docentes que desaparecen? Hacen match, desaparecen y al curso siguiente aparecen sonrientes en la foto de grupo. Nunca sabes dónde están ni qué hacen, pero siempre figuran. El auténtico misterio educativo. Al mismo nivel que el de aquellos docentes que, cada curso, se dan de baja a las pocas semanas de empezar y, curiosamente, tienen una recuperación milagrosa cuando acaba.

Pero también sabéis que el algoritmo es muy cabrón. La inteligencia artificial de la app te promete compatibilidad total, pero termina emparejándote con tu némesis del claustro. Ese cuñado pedagógico que lleva veinte años diciéndote cómo dar tu asignatura aunque nunca la haya impartido. Sí, esto funciona así.

Un Tinder para docentes quizás no serviría para encontrar pareja. Pero lo que sí que serviría es para confirmar que la fauna educativa ya es un catálogo diverso de personajes. Eso sí, estoy convencido de que la app sería un éxito instantáneo… risas aseguradas, matches imposibles y la certeza de que en educación, hasta el amor termina convertido en claustro extraordinario.

Finalmente deciros que, por favor, no os toméis a mal este artículo porque, al final, tener humor es importante. Y, especialmente, cuando estamos a estas fechas de vacaciones y el cogote se ve invadido por una extraña sensación.

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