Por qué jamás verás una charla sobre cómo evitar que tus alumnos sean de izquierdas
Viendo el panorama actual, queda claro el error de bulto que cometemos muchos. Me estoy refiriendo a pensar que a la escuela se viene a enseñar a pensar, a leer con criterio, a resolver ecuaciones y a comprender la historia sin gafas de graduación equivocada. Vaya ingenuidad. En la educación actual, el rigor académico se ha convertido en una molestia prescindible y la transmisión de conocimiento en algo secundario.
Lo que cotiza en el mercado de la pedagogía es la formación de conciencias en la dirección «correcta». Y para lograrlo con éxito, el manual no escrito pero ampliamente practicado exige una regla de oro. Todo vale con tal de que los chavales no salgan fachas.
Asistimos sin pestañear al esperpento de seminarios, talleres y charlas tituladas sin rubor «Cómo combatir a la extrema derecha desde el aula» o lindezas parecidas. Hay personajes en el ámbito educativo que consideran este tipo de activismo de trinchera infinitamente más urgente e importante que garantizar que un chaval sepa resolver un problema de matemáticas, entienda un texto complejo, estudie los hechos históricos con rigor o descubra la filosofía. La cultura se manda al rincón de pensar; lo prioritario es el adoctrinamiento preventivo.
Me lo pregunto a menudo -y lanzo la cuestión directamente a quienes defienden este circo- acerca de por qué jamás se organizan charlas, seminarios ni talleres para enseñar a los docentes cómo evitar que su alumnado sea de izquierdas.
¿Acaso ese adoctrinamiento sí es legítimo? ¿O es que unos sesgos políticos son intrínsecamente perversos y los otros son virtud pedagógica? La sola idea de plantear esa formación en sentido contrario provocaría un escándalo monumental, portadas de periódico y peticiones de dimisión. Sin embargo, en un solo sentido, el panfleto se vende alegremente como educación en valores.
Si quieres ser aclamado por la inspección implícita del buenismo, recibir aplausos mediáticos y, con suerte, que te inviten a dar una charla, solo tienes que aplicar las dinámicas de siempre:
- El taller de la pancarta. Para qué perder cuatro clases explicando la sintaxis compleja o el comentario de texto si puedes dedicar la semana entera a pintar cartulinas con lemas prefabricados. Si el alumno no sabe redactar un párrafo sin tres faltas de ortografía pero corea la consigna adecuada en el patio, el objetivo educativo del trimestre se da por cumplido.
- La historia explicada con la técnica del cómic de buenos y malos. Fuera el contexto socioeconómico, la complejidad de las fuentes o el análisis historiográfico. La historia se resume en una película donde los de nuestro bando eran seres de luz impecables y los otros, villanos de historieta. Si un alumno osa hacer una pregunta incómoda sobre los matices o los trapos sucios del bando «bueno», la respuesta es automática. Se le mira con condescendencia y se le apunta en la lista invisible de sospechosos.
- El debate con las cartas marcadas. Se organiza una actividad sobre cualquier tema de actualidad para fomentar el pensamiento crítico, pero con la trampa de que la conclusión del debate ya está redactada en la programación didáctica antes de empezar. Quien repite el dogma oficial saca un diez en competencia ciudadana; quien aporta un dato disonante o cuestiona el consenso moral del aula recibe un sermón moralizante para que aprenda dónde están los límites.
Lo fascinante de todo esto es la asimetría impune con la que se opera. Si un docente utilizara su clase para soltar mítines en sentido contrario, la Consejería tardaría exactamente quince minutos en abrirle un expediente disciplinario y la jauría digital exigiría su inhabilitación inmediata. Y con razón. El aula no es el patio trasero de ningún partido político.
Sin embargo, cuando el adoctrinamiento se viste de valores universales, cuando la propaganda se disfraza de empatía y cuando el mitin viene envuelto en la trinchera ideológica considerada aceptable, la fiscalización desaparece. Se perdona la falta de rigor, se disculpa la pérdida de horas lectivas y se justifica que los alumnos salgan de la etapa obligatoria con vacíos culturales escalofriantes, siempre y cuando hayan sido convenientemente moldeados en la doctrina del momento.
Nos hemos olvidado de algo elemental:. Utilizar la vulnerabilidad de un menor para inculcarle tu trinchera ideológica -sea la que sea- no es educar, es hacer trampa. Es un abuso de poder ejercido desde la tarima contra alguien que no tiene las herramientas ni la posición para defenderse.
Si de verdad nos creemos que la escuela, especialmente la pública, debe ser el espacio de neutralidad, rigor y libertad que jamás debió dejar de ser, va siendo hora de dejar de mirar hacia otro lado y exigir medidas concretas contra la imposición ideológica de cualquier signo. Y, si me permitís, yo propondría las siguientes:
- Blindar los temarios frente a las modas de algunos. Reducir la presencia de contenidos vaporosos y transversales diseñados por gabinetes políticos y devolver el peso del currículum a las disciplinas científicas, académicas y culturales consolidadas.
- Evaluación anónima y objetiva en las pruebas académicas. Garantizar que las calificaciones se basen de forma exclusiva en el dominio de los conocimientos y competencias de la materia, erradicando las rúbricas ideologizadas que premian la adhesión al discurso del docente.
- Protocolo claro contra el uso del aula como foro propagandístico. Ojo. No estoy hablando de establecer una policía ideológica. Estoy hablando de la necesidad de que se puedan cuestionar usos no académicos (que no de currículo oficial) en las horas lectivas.
- Prohibir la manipulación de menores en causas políticas desde los centros. Ningún centro educativo debe organizar ni respaldar la participación del alumnado en actos de significación partidista o ideológica durante el horario lectivo.
- Dignificar la libertad de cátedra basada en la evidencia. Proteger al docente que enseña con rigor, datos y pluralismo frente a la presión de los grupos que pretenden convertir la escuela en su laboratorio de ingeniería social.
La función de un docente no es decirle al alumnado qué tiene que pensar para ser buena persona según el canon de la temporada o según su ideología, sino darle las herramientas intelectuales, la cultura y la capacidad de análisis para que piense por sí mismo. Todo lo demás es propaganda barata, manipulación de menores y una traición absoluta a la misión emancipadora de la educación.
Sé que el artículo de hoy es controvertido pero, si lo que queremos es mejorar la educación, debemos tratar al alumnado como personas y no intentar que, al menos en un espacio tan sagrado como es el aula, lo convirtamos en un púlpito para vender nuestra ideología. Priorizar la ideología en las aulas jamás acaba bien si uno sabe un poco de historia.
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Yo trabajo en un centro público en el que ,salvo dos o tres compañeros cuya adscripción ideológica en una ciudad pequeña es de sobras conocida, puedo asegurar que no tengo la menor idea de la ideología de los 50 restantes del claustro. La convivencia es buena y todas las ideas tienen espacio. Y quieren convencerme de que hay un problema con esto cuando en la enseñanza privada y concertada, que representan 1/3 del total y van en aumento, el adoctrinamiento se asume sin problema alguno como que viene de serie? Amos, anda … Jordi, te agradecería que respondieses a nuestros comentarios sobre este exitoso post. Un saludo!
Hola, no te responderá, creo. Vienen tiempos difíciles en educación para hablar de derechos, igualdad, respeto, …pero parece que al autor no le preocupa. Tampoco nos van a dejar hablar desde el rigor científico del cambio climático verdad? Es como lo de yo ni machista ni feminista. En fin. Tampoco parece que vea manipulación, ni uso del tiempo educativo que se pierde con la semana santa, ni que la legión entre en los colegios cantando según qué cosas. Ahí, por lo que sea, no ve ningún problema. Esto mismo lo pongo en facebook pero no sé la razón no se ve.
Hola Julia. Me has abordado por todas partes «exigiendo» una respuesta a los comentarios. No sé la cantidad de tiempo que tendrás tú, pero la vida es mucho más que exigir a los demás que hagan lo que tú crees que han de hacer. ¿Quién se niega a hablar de la evolución de las temperaturas en la clase correspondiente donde se analiza el clima? ¿Quién está en contra de hablar desde el rigor científico? Yo no he oído a nadie que esté en contra de eso y mezclar, ideológicamente, lo que digo con lo que querrías que hubiera dicho, lo único que demuestra es poner encima de la capa de razón, la capa de sinrazón ideológica.
En referencia a todas las actividades no académicas o de formación, yo siempre he estado en contra pero, es muy complicado proponer algo cuando la respuesta de algunos es «y tú más», «mira ese otro ejemplo» o «…». Lo hemos visto con el delfín al que han molido a palos y su justificación por parte de algunos, comparándolo con la tauromaquia. Se puede estar en contra de ambas cosas y la comparación, por cierto, es falsa y solo sirve para justificar lo injustificable.
No vienen tiempos difíciles. Vienen tiempos en los que, para algunos, se intuye que va a intentarse eliminar ciertas cosas en las aulas. Y yo espero que sean todas (las de unos y las de otros). Un saludo y gracias por comentar.
El problema nunca ha sido la adscripción ideológica de nadie. El problema fundamental es la necesidad de centrarse en lo importante (la comprensión lectora de los chavales, su capacidad de razonamiento matemático,… su aprendizaje). Más allá del propio adoctrinamiento de algunos (no me digas que no existe, que lo he visto en todos los centros en los que he estado), podría también añadir la cantidad de proyectos transversales o «días de», sumando las charlas infinitas, que se dan en los centros educativos detrayendo tiempo de lo importante. Salvo, claro está, que lo importante sea más el saber desfilar tras una pancarta (sea la que sea y diseñada por cualquiera) que tener herramientas para poder pensar por uno mismo. No debemos convertir el aula en una competición ideológica con TikTok.
Finalmente una cuestión… lo de exitoso es poco objetivo. Quizás es que la justificación de que en las aulas somos impolutos y se ponga en cuestión, a algunos no gusta demasiado. Y otro tema, antes de cerrar el comentario… no vivo para responder a todo el mundo porque tengo vida y eso que, aunque sea tarde, lo intento. Un saludo.
Creo que te olvidas del adoctrinamiento implícito que todos los centros (privados y de élite)llevan a cabo.A estos no les hace falta dar charlas,el material ya les llega lo bastante receptivo.
Por otra parte,puedes estar tranquilo.El «problema» de que las generaciones jóvenes sean de «izquierdas» no creo que sea preocupante,cada vez son más los que consideran que Franco,Hitler y otros,fueron unos santos.Y a éstos tampoco les quita el sueño tener unos conocimientos amplios ni un nivel cultural alto.
En fin…
No, los Santos son Marx, Lenin, Stalin, Mao, Fidel Castro entre otras democracias Marxistas como la China o la Norcoreana… Sigan Soñando en Imponer la Dictadura del Proletariado… Ya que les encantan las Dictaduras…y la Sangre es el camino… ¿Patria o Muerte? ¿Vencerán en esta Batalla Cultural?
Las generaciones jóvenes también salieron de «izquierdas» cuando existía ese adoctrinamiento brutal del NO-DO y de los curas en las aulas. Si las aulas se mantuvieran aisladas de la ideología y se gestionaran con criterios técnicos, no hubiera sucedido lo anterior ni lo de ahora. O quizás sí. A lo mejor es que decir que «unos piensan mal» si no piensan como nosotros sea un error. Quién sabe. Yo lo que sí que tengo claro es que en el aula, con tiempos limitados, debemos dar las máximas herramientas a nuestro alumnado. Soy así de raro. En fin…
A un estudiante hay que enseñarlo a pensar por sí mismo, a decidir entre ideas que no son afines ante datos objetivos. Una evidencia es que no hay diferencias entre una mujer «blanca» y una «negra», entrecomillados estos términos porque las razas no existen; otra prueba irrefutable es que sí existen diferencias entre un hombre (XY) y una mujer (XX), pero no desde un punto de vista legal (cada célula de una mujer es diferente a la de un hombre y viceversa, lo que no supone que haya diferencias salariales entre hombres y mujeres o delitos para unos que no lo son para las otras).
En temas políticos hay que relatar unos hechos desde la mayor imparcialidad posible; PERO CUANDO SE TENGA QUE HACER, NO CUANDO CONVIENE. Nadie puede dudar de que hubo un alzamiento nacional y que se instauró una Dictadura Militar de Derechas con Franco al frente, pero tampoco se puede negar que antes hubo una Segunda República que se fue sovietizando…¡Y aquí llega la conclusión: el Falangismo produjo cuarenta años de retraso en España, pero es que el Comunismo hizo lo mismo en otros países (Cuba o la antigua U.R.S.S.)! ¿Es correcto enseñar que el Falangismo fue malo y el Comunismo fue bueno o viceversa? No, sino que el discente sea capaz de diferenciar a un movimiento de otro de forma razonada, que sepa las consecuencias del capitalismo, de la nacionalización de la economía, de la libertad de expresión, etc.
Lo que pones en mayúsculas es la clave de todo… «cuando se tenga que hacer, no cuando conviene». Un saludo.
Valiente y realista. Desgraciadamente, eso que hoy denuncias no solo pasa en la escuela. Es lo que silencia cualquier atisbo de crítica que no sea a favor de la izquierda. O del nacionalismo en Cataluña y el País Vasco. La corrección política lo tiñe todo, y poco a poco resulta que hay una verdad absoluta. No universal, sino absoluta.
Sinceramente no sé en qué país vive usted. Que no se pueden hacer críticas a la izquierda???? Unos ejemplos: la mayoría de los espacios televisivos de mayor audiencia, la judicatura y sus tiempos y sus filtraciones, las manifestaciones en las que se trata con guante de seda incluso a violentos, los insultos constantes al presidente del gobierno (si es a Aznar se le piden papeles…) , la legión entrando en los colegios malagueños…Y en la escuela cada vez más alumnos gritando consignas ilegales y amenazando a profesores/as rojos. En fin… tener que explicar esto a alguien relacionado con la educación es tristísimo. Buenos días
Estoy completamente de acuerdo con usted. Estoy harto de charlas de pancarta, con contenidos infantiloides y sin argumentos históricos y sociológicos serios. Y si entramos en el lenguaje «incrustado», que se promulgó no hace tanto, ya sí que es para mear y no echar gota.
Yo siempre he explicado las compositoras, artistas, cantantes e intérpretes de la historia de la música sin necesidad de que vengan a decírmelo falsas feministas o subvencionadas de salón que no han pisado un aula.
Tuvieron muchas dificultades que, por suerte, van solucionándose, con menos celeridad de la que deseo, pero sólo en los países occidentales.
Con respecto a la ideología, hay que aprender a discernir entre las obras y las biografías. Parece «de cajón», pero muchos no saben hacerlo.
Si se les enseña a odiar, al final los alumnos se filiarán con los radicales. La extrema izquierda -que existe y todos podemos identificar – es tan peligrosa como la extrema derecha.
Siga usted así. ¡Gracias!
Diferenciar la obra de su autor es algo que cotiza muy poco en la actualidad. Especialmente cuando la política de «cancelación» está a la orden del día. Por cierto, que me guste Wagner, ¿qué implicaciones tiene? Yo, simplemente, lo veo como algo formativo en una asignatura concreta. Un saludo y gracias por pasarte por aquí.
Jordi, no estoy en nada de acuerdo contigo.
Evidentemente adoctrinar no se debe adoctrinar, ni hablar mal de ningún partido político por muy «malo» que nos parezca.
Pero la educación en valores y contenidos transversales es algo bien recogido en todas las leyes educativas que no me parece ninguna barbaridad.
Estamos ayudando a ser mejores ciudadanos a nuestros alumnos si les educamos en respeto a la igualdad entre hombres y mujeres, en las relaciones sexuales, en la visibilidad de la violencia de género, en el cuidado del medio ambiente, los valores democráticos, la tolerancia, la no discriminación por raza o procedencia, etc …
En educación primaria «gastamos» bastante tiempo en todo esto y vemos más natural conjugarlo con cualquier asignatura.
Te compro la idea de que en secundaria os dé más pereza perder horas de matemáticas para hablar del cuidado del medio ambiente.
Pero siempre habrá asignaturas más afines para hablar de estos temas: cuidado del medio ambiente en biología.
Las guerra civil y ladictadura de franco (en historia).
Las dificultades de las escritoras en épocas pasadas para tener la misma visibilidad que los hombres cuando estén estudiando literatura.
Hacer hincapié en física de mujeres científicas …
El deporte y la alimentación sana en EF.
Es algo que no cuesta nada hacerlo y algo a lo que nos obliga la ley.
La importancia del emprendimiento y formar empresas en economía.
Luego si hay partidos políticos que se enfadan porque en las aulas hablamos de ciertos temas, eso ya es problema de ellos.
¿Estamos ayudando a nuestros alumnos a ser mejores personas haciendo qué? Creo y siempre he defendido que la mejor manera de ayudar a nuestros alumnos es ofrecerles el mejor aprendizaje posible. Lo que comentas como ejemplos, en la mayoría de casos, son contenidos curriculares. No creo que haya ido en el sentido que comentas. Lo que sí que digo es que hay tintes ideológicos y pérdidas de tiempo, forzadas por unos y otros, en el aula. Y contra eso es contra lo que tenemos que decir basta. Un saludo y gracias por dejar parte de tu tiempo en este comentario.
Buenos días. Discrepo. La realidad actual es que se llega de puntillas a la historia de España del siglo XX y se explica con cuidado porque lo más probable es que hordas de alumnos se pongan a cantar el cara el sol y a lanzar soflamas contra los derechos humanos y todo ello con el apoyo de familias y consejerias. En Valladolid hubo visitas a Cuelganuros con cánticos incluidos pero de esto, por lo que sea, ni usted ni el articulista tienen ganas de hablar. Vienen tiempos difíciles en educación para hablar de derechos, igualdad, respeto, derechos …pero a ustedes no les preocupa. Tampoco nos van a dejar hablar desde el rigor científico del cambio climático verdad? Es como lo de yo ni machista ni feminista. En fin
… una pena y un cordial saludo
Por fin alguien escribe sobre lo que lleva mucho tiempo sucediendo en los centros docentes, especialmente en los IES, donde la obligatoria neutralidad ideológica dejó de existir para escorarse a la izquierda sin rubor alguno, muchas veces con la aquiescencia de otros sectores educativos, los cuales por cobardía o por miedo miran para otro lado.