Este curso escolar en la Comunidad Valenciana está perdido antes de empezar
Quien crea que este curso escolar en la Comunidad Valenciana irá de compaginar la carga lectiva con la mejora de la comprensión lectora, la bajada de ratios o la gestión del caos burocrático, vive en una feliz y conmovedora inocencia. No os engañéis. Este curso está oficialmente perdido antes de empezar.
La coincidencia en el calendario de elecciones municipales, autonómicas y sindicales convierte de inmediato, especialmente las aulas públicas, en el decorado secundario de una gigantesca campaña de propaganda. Durante los próximos diez meses, la educación no será una prioridad para nadie que maneje una cuota de poder o aspire a arañarla. Será, sencillamente, un rehén.
Desde los despachos del gobierno autonómico de turno, la consigna para la Conselleria de Educación se intuye con meridiana claridad. No hacer olas, evitar cualquier conflicto que pueda abrir un telediario y encajar el perfil más bajo posible. Olvidaos de reformas de calado, de afrontar la disciplina en los centros o de resolver los problemas estructurales de la plantilla.
Todo lo que salga de la Administración de aquí a las urnas serán parches cosméticos, anuncios a bombo y platillo de medidas a larguísimo plazo -para que nadie pueda pedir cuentas cuando toque evaluar su cumplimiento- o titulares amables diseñados específicamente para arañar el voto de la masa de familias. Especialmente cuando esas familias sean, como dicen las encuestas de opinión, de los suyos. El objetivo de quienes gobiernan no será gestionar la educación; será ayudar a que sus jefes no pierdan la silla en la Generalitat.
Si el panorama en el Consell es desalentador, mirar hacia la oposición produce un auténtico rubor. Se dedican y van a dedicar con más ahínco conforme se aproximen las fechas electorales a la crítica por sistema, al bulto y al titular trazo grueso, dando exactamente igual el fondo del asunto. La falta alarmante de candidatos con peso real para la Generalitat y la escasez de perfiles que sepan de qué va un aula, por mucho que algunos hayan ejercido cargos de poder ahí, se disimula a base de sobreactuación en las notas de prensa y, ahora, en esas cuentas de las redes sociales en las que algunos hablan de libros, van a comprar el pan o critican cosas que, cuando gobernaban, prometían o incumplían.
Conviene recordar, por si a alguien le falla la memoria histórica, que cuando esa misma oposición gobernó, hizo exactamente lo mismo durante el año electoral. Paralizó la gestión, congeló las inversiones en los centros y volcó todos los recursos humanos y económicos en la maquinaria del partido. Solo hace falta ver los publirreportajes de esas fechas y compararlos con los publirreportajes, que desde cuentas oficiales de la administración educativa, se van a repetir en estas fechas por los que hay ahora.
Por su parte, con el que han pactado presupuestos mantendrá un perfil calculadamente global, soltando grandes propuestas educativas de marco estatal que poco o nada tienen que ver con el día a día de un instituto en Alicante, Valencia o Castellón, solo para posicionar sus siglas en el mapa nacional. Y la comparsa de partidos minoritarios seguirá haciendo lo de siempre. Soltar la soplapollez de turno en cada comparecencia, mezclar la velocidad con el tocino ideológico para rascar tres minutos de televisión y evitar, a toda costa, poner sobre la mesa una sola solución técnica o aplicable.
El panorama no sería completo sin la guinda del ecosistema docente… los sindicatos. En año de comicios para las juntas de personal, la representación laboral deja de ser un instrumento de defensa del profesorado para convertirse en una carrera desbocada por la liberación sindical y conseguir más votos que nunca.
Durante los próximos meses veremos un desfile interminable de visitas a los centros, panfletos a todo color en los corchos de la sala de profesores, promesas irreales de bajadas masivas de ratio que jamás negociarán (o si lo hacen, lo harán con propuestas imposibles para alentar a los creyentes) y una competitividad encarnizada entre siglas para ver quién vende la pancarta más vistosa. Los problemas reales de la carga burocrática, la salud mental del docente o el desprestigio de la autoridad en el aula pasarán a un segundo plano hasta que se cuenten las papeletas. Eso sí, más siglas y camisetas que nunca.
¿Significa esto que todo el mundo en la política y el sindicalismo educativo es un cínico? No. Sería injusto no reconocer que, en el barro institucional, hay personas individuales que intentan de verdad cambiar cosas y aportar cordura.
El problema es que son cuatro gatos. Y esos pocos profesionales, con intenciones nobles, terminan sistemáticamente engullidos, aplastados y fagocitados por la apisonadora de las organizaciones políticas y sindicales, cuyo único combustible en año electoral es el cálculo partidista.
Así que no os engañéis. Nos espera un curso de fotos oficiales, promesas de humo, notas de prensa cruzadas y un ruido ensordecedor que se apagará al día siguiente de las votaciones. Mientras tanto, en las aulas de la Comunidad Valenciana quedarán los de siempre. Muchos chavales por clase, un profesor con la tiza en la mano y la certidumbre de que se va a volver a perder un año entero por el camino.
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