50 ocurrencias pedagógicas de las últimas décadas

El parque temático de las ocurrencias educativas nunca cierra sus puertas. Llevamos más de tres décadas siendo el laboratorio de pruebas a cielo abierto de cualquier iluminado con despacho, gabinete de innovación o consultoría de diseño. El patrón siempre es el mismo. Se inventa una moda, se vende como la revolución pedagógica del siglo, se ahoga al docente en papeleo para justificar la subvención de turno y, cuando diez años después la comprensión lectora o el razonamiento matemático se hunden en las evaluaciones internacionales, la administración se lava las manos y propone la siguiente ocurrencia para solucionar el estropicio anterior.

Esto no sucede solo en nuestro país y es algo que, por desgracia, intuyo que va a seguir sucediendo porque, tal y como he dicho esta mañana en X, no hay ningún tipo de evaluación de estas cosas ni mucho menos la exigencia de responsabilidades, tanto a los que las implantan como a los que experimentan con su alumnado.


Para que no nos vendan más humo empaquetado como innovación de vanguardia, va siendo hora de hacer memoria. Aquí está la lista definitiva de cincuenta experimentos pedagógicos, modas efímeras y trampas metodológicas que se han probado en la escuela española a costa del aprendizaje real de dos generaciones.

En primer lugar tenemos las ocurrencias de la Administración y el postureo digital…

  1. El plan Escuela 2.0. El reparto masivo de ultraportátiles a alumnos de primaria y secundaria bajo el mantra del un ordenador por niño. Millones de euros públicos convertidos en pisapapeles rotos en menos de un año y wifis colapsadas mientras las paredes de los centros se caían a pedazos.
  2. El bilingüismo improvisado a marchas forzadas. Dar Historia o Ciencias Naturales en un inglés precario con profesores sin apoyos. Logramos que chavales de doce años no entendieran el proceso histórico ni el vocabulario en su propia lengua, pero la medalla política quedó impecable.
  3. Las evaluaciones de diagnóstico diseñadas como el culo. Pruebas externas (muy manipuladas en algunos centros educativos -véase el despropósito de Cataluña con las PISA-) que generan ránkings paralelos y tensión burocrática sin aportar jamás una sola solución real para el trabajo diario en el aula.
  4. Las Aulas del Futuro. Rediseñar espacios con sofás de colores, moquetas y pantallas táctiles bajo la promesa ingenua de que cambiar los muebles cambia automáticamente la forma de aprender. Y sí, es algo que me he tenido que tragar con patatas cuando gestionaba la formación docente porque venía del Ministerio.
  5. El portfolio digital del alumnado. Sustituir los cuadernos tradicionales por blogs o webs que acababan olvidados en el servidor en cuanto cambiaban de curso.
  6. Programas de refuerzo PROA sin continuidad. Clases de apoyo extraescolar desconectadas de la dinámica ordinaria del centro y utilizadas para maquillar las cifras de fracaso escolar.
  7. Proyectos de Innovación Docente. Convocatorias públicas de subvenciones que premiaban y premian la jerga teórica en la memoria por encima de los resultados de aprendizaje.
  8. Formación docente orientada a la app del mes. Cursos sobre aplicaciones informáticas efímeras en lugar de didáctica de la materia.
  9. Educación para la Ciudadanía. Asignatura ideada para la formación moral que acabó convertida en un campo de batalla político e institucional.
  10. Planes TIC de centro de masa kilométrica. Documentación infumable obligatoria para justificar el uso de tecnología en centros que ni siquiera tenían conexión a internet decente.

Después tocaría entrar en las metodologías milagrosas y el desprecio por el contenido…

  1. El Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP). Erradicar los libros y el temario lineal para sustituirlos por búsquedas caóticas en Google y presentaciones bonitas sin poso académico.
  2. La gamificación compulsiva. Convertir cualquier aprendizaje en un videojuego con puntos, insignias y Kahoots, destrozando la capacidad de atención sostenida ante un texto complejo.
  3. Flipped Classroom (El aula invertida). Mandar al alumno ver vídeos explicativos en casa, asumiendo alegremente que todas las familias tienen el mismo entorno de estudio y conectividad.
  4. Aprendizaje cooperativo. Obligar a trabajar en grupos de cuatro con roles prefijados (coordinador, secretario, portavoz), primando la gestión de la mesa sobre la adquisición individual de conocimiento.
  5. Trabajo por «rincones» en Infantil y Primaria. Fragmentar la clase en estaciones donde los alumnos rotan con poca supervisión y nula exigencia.
  6. La agrupación por ámbitos» en Secundaria. Agrupar asignaturas como Lengua y Sociales o Matemáticas y Biología impartidas por un solo docente sin la especialización correspondiente.
  7. Gafas de Realidad Virtual y Aumentada en el aula. Un reclamo publicitario de modernidad que duró exactamente lo que tardó en fallar la batería de las gafas.
  8. Design Thinking. Importar metodologías empresariales para que chavales de catorce años diseñaran soluciones sociales en lugar de aprender sintaxis o química.
  9. Robótica. Exigir pensamiento computacional en el currículum sin dotar a los centros de kits de robótica ni de profesorado especialista. Y, en caso de dotar de recursos, no mantener a lo largo del tiempo (porque los fondos europeos se agotan) un acompañamiento. Por cierto, ¿robótica o comprensión lectora? Todo lo que implique hacer algo, implica detraer tiempos a otra cosa porque el tiempo en el aula es finito.
  10. Visual Thinking. Priorizar el dibujo y el esquema estético sobre la capacidad de redactar un texto argumentativo bien articulado.

¿Me permitís también hablaros de la trampa de la evaluación y la ingeniería de papel? Sí, voy a abrir todos los melones posibles.

  1. Evaluación por competencias y criterios hipertrofiados. Descomponer una nota en decenas de descriptores operativos y rúbricas infumables que ahogan al docente.
  2. Boletines de notas cualitativos. Sustituir la nota numérica por «en proceso» o «conseguido», ocultando a las familias el nivel real de sus hijos.
  3. Promoción de curso con suspensas sin límite. La decisión política de que repetir curso no sirve para nada, devaluando el valor del esfuerzo y del aprobado.
  4. Eliminación de los exámenes de septiembre. Eliminar las pruebas extraordinarias reduciendo el margen de recuperación real y la exigencia de estudio.
  5. Autoevaluaciones en edades tempranas. Pedir a niños de diez años que evalúen de forma «objetiva» su propio trabajo o el de sus compañeros de mesa.
  6. Portafolios de evidencias de aprendizaje. Acumular fotos y borradores en carpetas físicas o digitales para justificar la nota en vez de realizar pruebas de contenido.
  7. Adaptaciones Curriculares sin personal. Diseñar currículos a la carta para múltiples niveles dentro de un aula con treinta alumnos y sin profesores de apoyo (PT/AL).
  8. Evaluación continua sin exámenes de control. Dejar la nota a la observación diaria, generando subjetividad y falta de rigor en la calificación final.
  9. Proyectos de Aprendizaje-Servicio (APS). Vincular la calificación a la realización de voluntariados fuera del centro en lugar de al dominio de la materia.
  10. Fomento de la lectura libre sin control. Sustituir los clásicos o los textos complejos por minutos de lectura libre de libros o cómics (con todo mi respeto hacia ellos) sin evaluación de la comprensión lectora.

No puedo dejarme de hablaros de la arquitectura de diseño y de los espacios sin paredes cuya moda hemos y estamos padeciendo…

  1. Hiperaulas o espacios abiertos. Tirar tabiques para juntar a dos o tres grupos con varios docentes a la vez, creando un caos acústico inmanejable.
  2. Mesas redondas sin tarima. Eliminar la disposición tradicional de pupitres orientados a la pizarra, dificultando la atención directa a la explicación del docente.
  3. Zonas chill out en pasillos. Crear rincones con cojines para que el alumnado acudiera cuando sintiera saturación emocional durante la clase.
  4. Patios coeducativos por decreto. Rediseñar los patios escolares eliminando pistas deportivas tradicionales para imponer zonas de juego organizado por la administración para fomentar una inclusión que, de esta manera jamás se ha dado ni se va a dar.
  5. Aulas de psicomotricidad en Secundaria. Importar espacios de estimulación temprana a etapas de ESO bajo el pretexto de la regulación emocional.

Vamos a los pseudo. Pseudoneurociencia y sentimentalismo sin contenido. Ya estamos acabando… os queda solo leer un poco más…

  1. Neuromitos y estilos de aprendizaje. Cursos oficiales basados en la falsa teoría de los alumnos visuales, auditivos o kinestésicos.
  2. Brain Gym (Gimnasia cerebral). Movimientos corporales en el aula que supuestamente conectan los hemisferios cerebrales para aprender a leer más rápido.
  3. Mindfulness al inicio de la clase. Dedicar los primeros quince minutos a ejercicios de respiración en lugar de al repaso de la materia.
  4. Inteligencias Múltiples como dogma. Diseñar cada unidad con ocho actividades distintas para satisfacer cada una de las inteligencias teóricas del alumnado.
  5. Pedagogía de la Felicidad. Asignaturas o tutorías dedicadas a la gestión emocional donde lo prioritario era «cómo te sientes» frente a «qué has aprendido».
  6. Coaching educativo. Sustituir la orientación académica y profesional por sesiones de empoderamiento personal y PNL.
  7. Emocionómetros de pared. Paneles donde los alumnos pegan su foto en la carita feliz o triste, exponiendo su intimidad emocional cada mañana.
  8. Silla de la paz / Rincón de la calma. Espacios para gestionar la indisciplina mediante la reflexión autónoma sin consecuencias ni sanciones.
  9. Constelaciones familiares en formación docente. Cursos homologados por los Centros de Profesorado que colaron pseudociencias en el ámbito docente.
  10. Círculos de restauración de convivencia. Asambleas obligatorias que sustituyeron los partes de sanción por dinámicas que diluían la responsabilidad individual.

Y, finalmente, la transversalidad forzada y la ingeniería social. Lo más deleznable que se ha hecho en educación en los últimos tiempos.

  1. Transversalidad obligatoria en todo el temario. Imponer que la programación de Matemáticas o Física incluyera unidades sobre consumo o medioambiente de forma artificial.
  2. Presupuestos participativos escolares. Entregar dinero público del centro para que los alumnos votaran mejoras en el instituto en lugar de gestionar las prioridades reales.
  3. Talleres de deconstrucción del amor romántico. Actividades externas impartidas por asociaciones para analizar letras de canciones en lugar de dar el temario de Literatura.
  4. Agendas medioambientales escolares. Dedicar horas lectivas a revisar los contenedores de basura o contar grifos que goteaban para rellenar informes.
  5. Grupos Interactivos con voluntarios. Meter a personas externas al centro dentro del aula para tutorizar pequeños grupos durante las clases ordinarias.

Cincuenta ocurrencias que comparten un rasgo común. Todas prometen (todavía hay centros y docentes que las siguen haciendo) y prometían la panacea. Todas costaron dinero público. Todas sirvieron para inflar currículums en la universidad o salir en muchas fotos para miembros de la administración mientras la escuela real se sostenía -y se sostiene- gracias al esfuerzo, la paciencia y la intuición de los docentes a pie de pizarra. El problema, como he dicho en el tuit que os enlazo al principio, es que nadie va a evaluar las consecuencias de esto ni asumir las responsabilidades, por la devaluación del aprendizaje del alumno que supone ni, en caso del dinero que ha costado, asumir de su bolsillo esas ingentes cantidades de dinero que, ya os digo yo, han sido muchísimos millones de euros.

Me podéis encontrar en X (enlace) o en Facebook (enlace). También me podéis encontrar por Telegram (enlace) o por el canal de WhatsApp (enlace). ¿Por qué os cuento dónde me podéis encontrar? Para hacerme un influencer de esos que invitan a todos los restaurantes, claro está. O, a lo mejor, es simplemente, para que tengáis más a mano por dónde meteros conmigo y no tengáis que buscar mucho.

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3 comentarios

  1. No hasse falta dessir nada más. Pero, ¿ se darán por aludidas las «autoridades (in)competentes y los maestros/as y profesores/as que, de buena fe en la mayoría de los casos, se apuntaron entusiásticamente a tales experimentos ?

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