Sé que será una opinión impopular entre algunos de mis compañeros de profesión. Sé que hay docentes que están esperando la noticia, por miedo irracional con los datos que existen actualmente o, simplemente por ganas de alargar las vacaciones, la noticia de alargar las vacaciones más allá del día 10 de enero. Es que, al final, esto de la pandemia está sirviendo para que algunos manipulen la realidad a su antojo. Y la realidad indica que no hay ninguna causa justificada, menos aún con Ómicron, para retrasar el inicio de las clases.

Las vacunas están funcionando. La variante está siendo muchísimo más débil que lo que cualquier optimista podría esperarse. Y además se está expandiendo con una velocidad supersónica, algo que hace que la inmunización complemente el efecto de las vacunas al porcentaje altísimo de vacunados en nuestro país. Con lo bien que nos van las cosas parece que haya gente que quiera que vaya todo mal. Esto, sin ser epidemiólogo, intuyo que ya es el fin de la pandemia. Una pandemia que solo va a alargarse por cuestiones políticas y que va a necesitar, aunque sé que no lo va a tener, potenciar los servicios de salud mental. Todos vamos a salir muy tocados del tema.

No hay motivos razonables ni razonados para no volver a las aulas. No hay motivos para decir que es mejor que se pierda alguna semana más de curso. Menos aún viniendo de un año y medio en el que nuestro alumnado, especialmente el más vulnerable, ha perdido una gran cantidad de aprendizajes. Sé que no pasa nada por perder una clase. Ni una semana de clases. Pero, ¿os estáis dando cuenta de que estáis pidiendo que pierdan una semana -o varias- más de las que ya se han perdido? ¿Tan poco queréis a vuestro alumnado? ¿Tanto miedo interiorizado tenéis?

Yo he vivido lo peor de la pandemia. Por mi situación médica me he visto obligado durante el último año (y eso que no estaba en el aula) a trabajar desde casa. Teletrabajar en mi caso funcionaba pero, vamos a ser sinceros, ¿a cuántos les ha funcionado el teletrabajo? Dar clase online no es lo mismo. Coño, que si hasta en la Conselleria hubo cientos de profesionales que se estuvieron tocando las partes los primeros meses de pandemia. Sí, vale también para los centros educativos. Yo es que cuando oigo a tantos docentes «desaparecidos para su alumnado» lo mucho que trabajaron en pandemia no puedo menos que ponerme a reír. Bueno, más bien a llorar. El lunes enviaban deberes y no volvían a contactar con su alumnado durante toda la semana. Uf, qué cansancio. A ver si empezamos a quitarnos las caretas. La pandemia a algunos les vino muy bien. Especialmente a aquellos que siempre dicen lo mucho que trabajan o trabajaron. A otros (la mayoría), bastante mal.

Claro que a mí me gustaría tener vacaciones permanentes. Claro que me encantaría alargar el período de vacaciones. Claro que me podría inventar alguna tarea copiada y pegada de internet para justificar que mi alumnado estuviera haciendo algo pero, por desgracia, quiero cobrar por trabajo que hago. Y a mí me pagan por dar clase. Me pagan por dar clase de forma presencial. Además, en estos momentos no hay ningún motivo para no volver a las aulas. Ninguno.

Siento vergüenza ajena al ver determinadas publicaciones de mis compañeros en las redes sociales diciendo que no se vuelva al aula, justificándolo bajo criterios muy poco científicos y realistas. Pero bueno… todo el mundo es libre de tener miedo o abogar para alargar sus vacaciones. Eso sí, lo único que les pido a esos defensores de «no volver» es que analicen, al margen de sus deseos o creencias, qué está pasando actualmente con la pandemia. Y la realidad es que todo va muy bien. Muchos contagios muy leves. Porcentaje de decesos cada vez más bajo en proporción a los infectados. Es que no hay por dónde defender tanto discurso para no volver.

Finalmente me gustaría decir, que me posicione a favor de volver al aula y no alargar las vacaciones de Navidad, no excluye la necesidad de tomar medidas por parte de la administración educativa. Pero bueno, como todos sabemos el culpable del virus somos nosotros y no los que deben mejorar la atención primaria, reducir las ratios o, entre otras cosas, mejorar los espacios donde se imparte docencia. Eso debería habernos quedado ya suficientemente claro. Disfrutemos estas vacaciones porque nos las hemos merecido, pero seamos realistas a la hora de decir ciertas cosas. Ya basta porque, sinceramente, yo sí que tengo ganas de volver a la normalidad a la que todos nos merecemos volver.