La app de citas que necesita la educación… DocenTinder

Llevo días dándole vueltas a una idea de negocio que dejaría la salida a bolsa de cualquier startup de Silicon Valley a la altura de un mercadillo de manualidades de primero de la ESO. Una idea destinada a resolver, con precisión quirúrgica, el gran drama de aislamiento logístico y existencial que atraviesa el estamento docente en este país.

Hablemos claro… hace falta un Tinder exclusivamente para docentes.

Llamadlo DocenTinder, MatchPedagógico o AmorDeClaustro. Me da igual el branding. Cedo la idea íntegramente a cualquier programador que sepa picar código y quiera jubilarse a los treinta años. No quiero ni un euro de royalties, ni acciones preferentes, ni un porcentaje de las suscripciones premium. Me basta con una cuenta VIP perpetua para observar el espectáculo desde la barrera y ver cómo se reconfigura la demografía de los institutos de España.

Intentar mantener una relación afectivo-sentimental con un espécimen ajeno al sistema educativo es un deporte de altísimo riesgo. Cualquier persona que trabaje en el sector privado, en la banca o en la industria, por poner algunos ejemplos, contempla la vida desde unos parámetros neuronales distintos. Intenta explicarle a un analista financiero, en mitad de una cena romántica, el desgaste celular que produce encajar seis horas lectivas seguidas con tu grupo de cuarto de Primaria un viernes con luna llena. Intenta explicarle por qué estás catatónico a las cinco de la tarde, o qué demonios significa diseñar una situación de aprendizaje según el anexo del decreto. Piensan que exageras, te miran con condescendencia y terminan soltando la puñalada definitiva… bueno, pero tenéis tres meses de vacaciones. En ese preciso instante, la cita ha muerto.

Con un colega de profesión, en cambio, la simbiosis es mística, casi cósmica. Existe una alineación astronómica del calendario que permite poder organizar un viaje en julio y agosto sin tener que negociar días de asuntos propios, ni plantearse ir pidiendo favores a compañeros cambiando un día por otro. Dos docentes juntos significan dos meses enteros de convivencia (o de divorcio exprés) bajo la misma tarifa solar.

¿Y qué me decís de la catarsis de una cena para conoceros? Tenéis la posibilidad de rajar del inspector de turno, de la última polémica educativa en las redes sociales o del equipo directivo sin tener que contextualizar la jerga. La otra persona no solo te comprende. Tiene la misma acidez de estómago que tú y te pasa la sal.

Finalmente, este DocenTinder también soluciona problemas de logística, como la del coche compartido o el piso de alquiler en pueblos cuyo nombre empezaste a conocer el día que te dieron la interinidad o la sustitución ahí. En el ecosistema de la interinidad, encontrar a alguien que comparta tu misma ruta de carretera secundaria a las siete de la mañana mientras suena la radio es lo más cercano al amor verdadero que conoce la docencia. Y si se añade estar de lunes a viernes pudiendo, después de la cita, cuadrar un alquiler subido de precio, el acabose.

Nada de fotos de postureo en el gimnasio, ni posados en la playa con frases motivacionales de taza de Mister Wonderful. El algoritmo de DocenTinder debería articularse sobre parámetros de compatibilidad técnica, laboral y pedagógica real, perfectamente adaptados a cualquier orientación sexual, identidad o modelo de pareja:

Imagina la pantalla de los perfiles… «docente de Geografía e Historia (grupo A1, destino definitivo a 20 km) busca profesora de FP de Informática (interina con vacante anual). Compatibilidad de trayecto: 94%. Posibilidad de compartir peaje y termo de café: absoluta». Eso no es romanticismo de baratillo. Eso es ingeniería logística matrimonial.

Para evitar desengaños dramáticos en la primera cita, la app exigiría posicionarse mediante un test de sesgo metodológico del 1 al 10, en el que el nivel 1 sería abogar por el libro de texto, la lección magistral, el silencio en el aula y el examen, mientras que el nivel 10 sería el de evaluar por emociones, aplicar la gamificación con plastilina, odiar las notas y tener un hilo viral en X o un perfil de Instagram donde se habla de buenismo educativo.

Si un 1 le da «me gusta» a un 10, la propia aplicación debería lanzar un aviso de emergencia en la pantalla… «peligro inminente de discusión encarnizada sobre el informe PISA antes de pedir la cuenta. El riesgo de batalla pedagógica es extremo».

Filtros específicos para buscar a tu alma gemela según la fase de la carrera. Filtros que irían desde el interino entusiasta que aún prepara material los domingos por la noche, hasta el catedrático curtido que cuenta los meses que le quedan para la jubilación voluntaria.

En un colectivo de cientos de miles de profesionales castigados por la movilidad geográfica, los traslados provisionales a pueblos perdidos y el desgaste mental del día a día, esta herramienta no sería una simple app de contactos. Sería un servicio de rescate afectivo-logístico.

Ahí queda la propuesta. Programadores de España, tenéis la idea, tenéis el nicho desatendido y tenéis a un público objetivo desesperado por compartir calendario, café de sala de profesores e hipoteca de verano.

Lanzad la aplicación. Yo me conformo con ver los primeros matches confirmados en los pasillos.

Finalmente deciros que, aunque parezca un artículo de humor, no lo es. Hay mucha soledad entre los docentes y hoy en día, con una tasa de divorcios altísima y cada vez menos planes específicos, salvo cursos de formación aburridísimos, se hace necesaria una aplicación específica para ellos. ¿Mejoraría la educación? No lo sé, pero sí que sé que, al final, la compañía hace, especialmente si es buena, que haya menos riesgo para la salud mental de uno. Eso sí, ya os lanzo yo un aviso… en caso de que la aplicación se lleve a cabo, huid de los/las docentes de Filosofía o, en caso de querer mucho vuestra volumetría, de los/las de Educación Física. Ambos están a otro nivel.

Me podéis encontrar en X (enlace) o en Facebook (enlace). También me podéis encontrar por Telegram (enlace) o por el canal de WhatsApp (enlace). ¿Por qué os cuento dónde me podéis encontrar? Para hacerme un influencer de esos que invitan a todos los restaurantes, claro está. O, a lo mejor, es simplemente, para que tengáis más a mano por dónde meteros conmigo y no tengáis que buscar mucho.

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