¿Cuál es la mejor edad para aprender a leer?

En primer lugar pido disculpas por la incoherencia del artículo que voy a poner a vuestra disposición. No me encuentro del todo bien y, por desgracia, mi única neurona funcional está haciendo de nuevo de las suyas. Y eso, al final, lastra la coherencia de un tema tan importante como es dar respuesta a la pregunta de “cuál es la mejor edad para aprender a leer”.

Además, como todos sabéis, siempre hay motivos por los que escribo acerca de ciertas cosas en determinados momentos y hoy, como no podía ser de otra manera, ha venido motivado por el siguiente tuit.

Fuente: https://twitter.com/crendueles/status/1631606549599723521

Un tuit en el que su autor dice que “aprender a leer antes a algunos alumnos va en contra de la equidad”. Bueno, el típico discurso de igualar por abajo para que, en lugar de dar a todos lo que necesiten en el momento en que lo requieran, habla de impedir que unos sepan porque otros no han alcanzado todavía esos saberes. Un posicionamiento pedagógico bastante habitual en los últimos tiempos y que, por desgracia, sigue teniendo demasiados fans entre el colectivo docente. Es como el discurso de… si uno cobra ochocientos euros y otro dos mil, mejor que, en lugar de que el primero cobre mil quinientos, mucho mejor que lo haga el segundo mientras el primero sigue cobrando ochocientos. Creo que me explico, a pesar de la fiebre, bastante bien.

Pero más allá del leitmotiv de este post sí que me gustaría hablar de cuándo enseñar a leer. Y enseñar a leer no debe ser precipitado de forma sistemática. No pasa nada porque un niño aprenda a leer a los tres o cuatro años. Lo importante es no normalizar ese aprendizaje y generalizarlo al resto de niños porque, según todas las evidencias, la mejor edad para conseguir un buen modelo de lectura -y comprensión lectora, que al final es lo más importante- es a partir de los seis años.

Aprender a leer antes hace que determinadas partes del cerebro se activen. No implica deterioro cognitivo que haya una activación a posteriori. Tampoco que lo haga previamente. Eso sí, aprender antes hace que se dé el efecto Mateo, que implica que, al propiciar que los niños sean buenos lectores a edades más tempranas, también aumentan, por supuesto, las probabilidades de que disfruten de las consecuencias positivas de la lectura (1).

Además, según dice Jesús C. Guillen, “Cuanto antes se automatice la lectura, más podrá el niño concentrar su atención en comprender lo que lee y volverse así un lector autónomo, tanto para aprender otras cosas como para su propia diversión” (2). Y eso es clave para todo ese proceso de aprendizaje posterior basado, como no podía ser de otra manera en la lectura y la comprensión de lo que se lee. Porque, por mucho que queramos que se comprenda, es imposible que dicha comprensión se de sin habilidades lectoras.

Sigue habiendo más evidencia científica que habla de no ligar períodos a aprender a leer. Y para eso hay dos vídeos muy interesantes. El de la doctora Joana Acha, profesora de procesos psicológicos básicos en la UPV, que además del siguiente vídeo que os pongo, tiene un artículo (3) muy interesante acerca de la adquisición del lenguaje mediante el uso de elementos visuales.

Y el de la investigadora Marta Ferrero acerca de los “ingredientes clave a la hora de enseñar a leer”. Muy importante porque habla de evidencias acerca de usar un método u otro y de los problemas que, a posteriori, pueden darse en función de usar métodos fonéticos o globales en el abordaje inicial de la misma. Según evidencias, los métodos más eficaces de iniciación a la lectura son aquellos que explican la relación entre letras y sonidos.

Entonces, ¿debemos introducir la lectura cuanto antes? Pues no. Lo que se nos está diciendo en todo lo que he comentado anteriormente es en los beneficios que pueden darse con un aprendizaje lector no forzado antes de los seis años. Es decir, antes de que entren en la enseñanza obligatoria.

Lo que pasa es que hay otros autores que hablan de que la adquisición de lenguaje, a partir de 6 años (primero de Primaria), permitirían una menor exposición a errores de traslación de ese lenguaje a lo escrito aunque, por lo que se ve, no estaría suficientemente demostrado.

Hay muchas investigaciones sobre el aprendizaje de la lectura y sus edades. Lo único que queda claro de las evidencias que existen y de lo que se observa en los centros educativos es que, adelantar el aprendizaje de la lectura y de la comprensión lectora posterior (que no puede darse sin el conocimiento lector), no perjudica al alumnado. Sí, anteriormente hemos hablado de problemas, sin evidencia suficientemente amplia y demostrada, de errores a la hora de dar el paso a la escritura, pero es algo que no afecta ni al proceso lector ni de comprensión. Por eso, ¿cuándo es la mejor edad para empezar a leer? Pues, sin forzar a nadie, cuando al niño le apetezca. Y eso se ve con la interacción con el mismo (sea como familia o como docente).

¿Es malo que un niño aprenda a leer a los tres o cuatro años? No. Tampoco lo es que lo haga a partir de los seis años (entre los seis y los siete) que, es cuando la mayoría de investigaciones y evidencias empíricas indican que, en caso de que no adquieran esa destreza, pueden darse problemas de déficit de aprendizaje posteriores. Dejemos que aprendan a leer a su ritmo. Eso sí, no impidamos que lean antes porque otros no lo hagan.

Bibliografía

  1. Cunningham, A. E. & Stanovich, K. E. (1998). What reading does for the mind. American Educator22(1&2), 8-15.

  2. Guillén, Jesús C. (5 de noviembre de 2015). El cerebro lector: algunas ideas clave. Escuela con cerebro. https://escuelaconcerebro.wordpress.com/2015/11/05/el-cerebro-lector-algunas-ideas-clave/

  3. Acha, J. (2009). The effectiveness of multimedia programmes in children’ s vocabulary learning. British Journal of Educational Technology, 40, 23-31.

Como estoy haciendo en los últimos artículos, os recomiendo mi nuevo libro sobre educación para mayores de dieciocho, “Educación 6.9: fábrica de gurús”. Lo podéis adquirir aquí (en versión digital o papel) o en ese pop-up tan molesto que os sale. Y sí, me haría mucha ilusión que fuera uno de los diez libros más vendidos sobre educación este curso.

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