Lo de estudiar Magisterio ya es algo que, por desgracia, lleva demasiado tiempo convertido en una chanza para el resto de estudiantes universitarios de otras carreras. Cuando los hijos e hijas de tus amigos o conocidos te explican qué hacen en la Facultad, no puedes menos que plantearte para qué demonios tenemos un título universitario. ¿Cuál es el sentido de tener una carrera cuya presencialidad garantiza el aprobado y cuyas competencias pueden alcanzarse incluso con un solo curso de especialización después de un Bachillerato? Va, voy a ir un poco más allá… si un alumno acaba la ESO e hiciera un ciclo formativo en condiciones, podría tener las mismas habilidades y capacidades que un titulado en Magisterio para incorporarse en un aula de Infantil o Primaria.

Por cierto, que nadie entienda lo que no digo. No estoy cuestionando en ningún momento la profesionalidad de los maestros (bueno, más bien maestras) de nuestro país. Estoy diciendo que, al igual que el máster del Profesorado está mal diseñado y ejecutado, también resulta obvio para cualquiera con dos dedos de frente que, salvo para mantener las sillas de sus profesores universitarios, la carrera de Magisterio no sirve. ¿Hay buenos profesores universitarios impartiendo Magisterio? Claro que los hay pero, sinceramente la (de)formación que se ofrece a los que estudian Magisterio dista mucho de tener demasiado sentido. Las pseudociencias campando a la orden del día. El estudio de autores según la carga ideológica del profesor que imparte determinadas asignaturas, también. Muy parecido a lo que uno puede encontrarse en sesiones de imposición de manos o reiki. Y eso es un problema.

Magisterio es la carrera que menos esfuerzo (sí, ya entro en lo del esfuerzo) obliga a dedicar al alumnado y más empleabilidad tiene en los últimos tiempos. No hay control de acceso a los estudios salvo algunos experimentos en algunas Comunidades, mediante una prueba básica de comprensión y ortografía. No hay suspensos. Hay, por desgracia, explosión de Facultades que ofrecen estos estudios por demanda. Puedes ir saltando de Facultad de Magisterio en Facultad de Magisterio y no te caes al suelo. Ojo, no estoy hablando de que todos los estudiantes que optan por esa carrera sean malos estudiantes. A ver si aplicamos algunos lo de la comprensión lectora.

Enseñar los colores de los gomets (verde, rojo, con forma de estrella). Pintar y colorear. Dedicarse a cantar. Enseñar a contar cuentos. Aprender algo de filosofía barata de autores que, curiosamente, nadie acaba leyendo y se quedan en un extracto. Asignaturas de competencia digital que hacen que ningún maestro acabe sabiendo, salvo que lo aprenda motu proprio, encender el proyector en su aula, nada de asignaturas de legislación educativa, un currículo que nadie analiza, mucha didáctica encubriendo la falta de didáctica,… y así hasta un largo etcétera del despropósito. Lo curioso del asunto es que muchos docentes de Magisterio piden que los profesores de Secundaria pasemos por sus manos para estar formados en didáctica. Su sueño húmedo para tener más clientes. El sueño húmedo de los decanos de esas Facultades. Y no, no es así como deberían ser las cosas.

¿Por qué no ofrecer, vista la demanda, un ciclo formativo de grado superior en varios institutos, que habilite para la docencia en Infantil y Primaria? ¿Por qué no convertir algo sin sentido en una potente FP profesionalizadora que dé herramientas reales al alumnado de lo que se va a encontrar en sus colegios? ¿Por qué no seleccionar para que den estos ciclos a maestros con experiencia en aula de un mínimo de 20 años? ¿Por qué no crear un tercer curso en el que, con remuneración, estos titulados en este nuevo ciclo se incorporaran en un centro educativo (por una prueba con nota como el MIR) para trabajar de «maestros ayudantes»? Con 21 años tendríamos maestros y maestras fantásticos. Con una formación profesionalizadora impartida por profesionales. Quizás éste sea un cambio que tendría mucha oposición por ya sabemos quién pero al final lo importante qué es. Pues lo importante es tener a los mejores maestros (entiéndase mejores como lo que implica el concepto y no lo que nos venden) en las aulas de Infantil y Primaria.

Si las Facultades de Magisterio quieren seguir funcionando después de lo anterior, pues tienen la opción de dedicarse a la investigación y ofrecer cursos de especialización que aporten algo a esos maestros. Renovarse o morir. ¿No es lo que dicen muchos profesores a su alumnado de Magisterio el primer día… «estamos preparando a alumnos del siglo XXI en instalaciones del siglo XIX con profesores del siglo XX»? Pues que se lo apliquen. 😉

No me hagáis mucho caso porque, seguramente, Magisterio no es lo que me dicen ni lo que observo. Seguro que es el paradigma de la buena preparación de los futuros profesionales de la docencia. Seguro que sí.

Actualización

Como hay algunos cenutrios a los que se os da una conexión a internet y un dispositivo y os ponéis a decir gilipolleces, he escrito una segunda parte de este post que podéis encontrar aquí. Por cierto, para decir ciertas cosas os podéis ahorrar el comentario (¡ya cansáis!). No aportáis nada a un debate que podría haber sido interesante. Y, más allá de la hilaridad inicial que me habéis causado algunos, es preocupante el bajo nivel de algunos de esos comentarios que estoy leyendo. Más aún me preocupa ese bajo nivel viniendo de supuestos docentes.