Renovado, recargado y dispuesto a seguir dando la turra
Acabo de soltar, hace menos de media hora, la pasta para renovar el dominio y el hosting del blog por dos años más. Sí, dos años. Y no, no es que me haya vuelto generoso de golpe ni que me sobren los euros. Simplemente, siendo catalán, tirar el dinero es algo que me provoca más dolor que ver cómo un mindundi habla de educación sin saber en qué curso está su propio hijo. Así que aquí estoy… tarjeta echando humo y la obligación moral de amortizar hasta el último céntimo.
Lo sé. Durante los últimos días no he publicado nada. Y algunos, lo admito, habéis respirado tranquilos. Os habéis librado de la turra habitual, de las rajadas sobre la última ocurrencia pedagógica o de mis comparaciones entre la “innovación” educativa y las promociones del supermercado. Incluso habrá quien haya pensado que por fin me he cansado. Pues no. Lo siento por romper la ilusión, pero no he estado desaparecido. He estado de vacaciones.
No unas vacaciones cualquiera, ojo. Han sido unas vacaciones gastronómicas por el norte. De esas en las que el plan diario se resume en desayunar fuerte, comer más fuerte y cenar como si el mundo se fuera a acabar mañana. Cachopo, marisco, chuletón, quesos que huelen a pie de peregrino… y todo regado con la idea tranquilizadora de que “caminar entre restaurante y restaurante quema calorías”. Vuelvo con dos kilos de más, cero remordimientos y un montón de ideas que probablemente no interesen a nadie… pero que, como es mi blog, voy a contar igual.
El silencio de estos días ha sido una especie de tregua no pactada con quienes preferís leer cualquier otra cosa antes que mis opiniones. Y lo entiendo. Hay gente que encuentra relajante hacer yoga, y hay quien prefiere no saber lo que pienso (no solo) sobre educación. Pero, como ya he dicho, el dinero invertido me obliga a seguir. Esto no es amor al arte. Es simple lógica financiera con un toque de cabezonería.
Así que sí, el blog sigue. Y no solo sigue… volverá a lo de siempre. Opiniones no solicitadas, ironía en vena, alguna reflexión más o menos seria y, seguro, un par de entradas que provoquen algún correo indignado (mi deporte favorito). No voy a prometer regularidad ni calendarios, porque todos sabemos que eso nunca acaba bien. Lo que sí prometo es que seguiré escribiendo cuando me apetezca y sobre lo que me apetezca. Que para eso pago.
En resumen. He renovado por dos años, vuelvo de vacaciones con el estómago lleno y las ganas intactas, y si alguien esperaba que desapareciera… ¡mala suerte!
Y a los que os habéis acostumbrado al silencio y estáis disfrutando de la paz, un consejo… aprovechad para leer rápido cualquier otra cosa antes de que vuelva a estropearos vuestras ideas poco lúcidas e hilarantes. Sé que algunos no me haréis caso porque, como bien me habéis dado pruebas en los últimos tiempos, no podréis evitar leerme. Vuestro deseo hacia mi persona, que encubrís de odio para no reconocer vuestros verdaderos sentimientos, no os lo permitirá.
Finalmente recordaros que estamos de vacaciones. Y, (no solo) en vacaciones, a algunos nos apetece escribir de cosas poco relacionadas con la profesión de uno. Que esto, insisto, lo estoy pagando yo. Algo que me da libertad para escribir de lo que me dé la gana en cada momento sin algoritmos ni presiones externas.
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