Si te repites continuamente que no tienes tiempo… ¡no lo vas a tener!

Llevo mucho tiempo en el que me preguntan, de forma recurrente y cada cierto tiempo, cómo tengo tiempo para escribir en el blog. Dicen que cómo puede ser que ellos no tengan tiempo, ni tan solo para leerme, así que no digamos para intentar ponerse a la tarea de plasmar sus opiniones de una forma más o menos estructurada. En definitiva, algunos ya, con “muy mala intención”, van un paso más allá y me preguntan si no estoy dejando de hacer otras cosas para ponerme a leer o escribir acerca de cuestiones que, fundamentalmente, afectan a mi profesión.

Pues bien. Voy a intentar dar respuesta a esta pregunta que, quizás ya he respondido en otra ocasión. Lo que pasa es que voy a generalizar la cuestión de escribir aquí, de forma más o menos incoherente, con la realización de otro tipo de tareas. Es que, como siempre digo, no hay nada mejor para no hacer nada que repetirse continuamente que no tengo tiempo para hacerlo. El tiempo se saca de debajo de las piedras. Y claro que hay un coste de oportunidad que hace que el tiempo que dediquemos a A no lo podamos dedicar a B. Lo importante es decidir a qué debemos dedicar ese tiempo.

Duermo poco. Demasiado poco. Eso me da un poco más de margen diario para, entre otras cosas, escribir en este blog, leer sobre determinadas cuestiones profesionales o, simplemente, disfrutar de otro tipo de aficiones. Hay cosas que deben priorizarse. Está claro. Pero, en ocasiones, acabamos priorizando cuestiones que, simplemente, nos permiten dejar pasar el tiempo. Tan solo pensemos cuánto tiempo estamos con un dispositivo móvil o viendo pasar imágenes por la televisión. Ese tiempo, podríamos estar haciendo otra cosa. Y ojo, hay gente que les gusta estar haciendo lo anterior. No pasa nada. Cada uno decide en qué quiere invertir su tiempo. Además, seguramente, al igual que hay gente a la que le gusta ir a ver a Taylor Swift y por eso hace horas de cola, a otros nos gustan otras cosas. Son decisiones personales y, no por ello, mejores ni peores.

El día tiene veinticuatro horas para todo el mundo. Ni veintitrés ni veinticinco. Uno las distribuye entre cuestiones necesarias y otras que puede distribuir a su antojo. Y ahí está la clave. En la distribución de esas horas. En reducir de un sitio para poner en otro. En decidir, como es mi caso, abandonar por ejemplo el ser usuario activo en X (antiguamente denominado Twitter) y dar más cariño al blog y a las lecturas (que no siempre son de temas educativos, ya que soy un fanático de la novela negra). También me gusta hacer de perezoso en el sofá. Es mi decisión. Es el uso de mi día a día.

Quejarse siempre de no tener tiempo implica que, quizás, ese tiempo no está bien gestionado. Quizás, a lo mejor, uno ha abarcado demasiadas cosas. Quizás las circunstancias vitales hacen que ese tiempo del que uno dispone, por cansancio o por obligaciones varias, no pueda ser el mismo que sería en otro momento. Pero no es (casi) nunca el tiempo. Es el uso del mismo. Y cada media hora de queja del poco tiempo que tenemos es media hora que perdemos.

A mí me llena más escribir en este blog que hacer otras cosas. En momentos puntuales, quizás lo haya abandonado temporalmente o deba abandonarlo en un futuro. Es una afición a la que dedico parte de mi tiempo libre. No hago daño a nadie. Intento, desde hace mucho, intentar ser más constructivo que otra cosa. Y no. No dejo de atender mis obligaciones familiares o laborales por escribir aquí. Ni tampoco dejo de lado otras aficiones que tengo.

Mañana u hoy a últimas horas del día quizás escriba un nuevo post en este blog. O quizás no. Va a depender de muchas cosas pero, al final, mientras me apetezca hacerlo, tenga tiempo para ello y no me autogestione para no escribir por creerme que no lo tengo, vais a poder seguir leyendo estas cosas que, desde hace años, comparto con vosotros.

Por fin es viernes. Unas horas más, de esas que para algunos pasan demasiado rápidas, que ya marca el camino, tanto para el fin de semana como para las vacaciones de verano. O, yendo a lo más cercano, a disfrutar de una buena comida que voy a tener mañana con una tríada de grandísimas personas que, por desgracia, compartimos arroz y horchata en menos ocasiones de las que me gustaría. Eso sí, sin perder nunca la costumbre de hacerlo. Una costumbre, de esas a las que sí que vale la pena dedicar tiempo.

Un fuerte abrazo a los que os pasáis por aquí. También a aquellos que, aunque me leáis buscando siempre cómo podéis tergiversar lo que digo y ponerme a caldo en vuestros movimientos sectarios, me estáis leyendo. Pensad que el tiempo que dedicáis a odiarme o a odiar a quienes no piensan como vosotros, es tiempo que podríais dedicar a otras cosas. Eso sí, como os he dicho al principio, cada uno gestiona el tiempo como le da la gana. Es vuestro tiempo y yo no soy nadie para decir cómo debéis usarlo.

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Un comentario

  1. Pues disiento bastante en esta ocasión. Y disiento porque ese coste de oportunidad que bien mencionas no es baladí. En algunas situaciones o momentos vitales hay tareas de las que no puedes escapar que no te dejan, ni tiempo, ni energías para hacer otras que te encantaría llevar a cabo. No, no hay tiempo para todo, es una idea que me parece tóxica. Porque esa idea lleva implícito que, si estás sobrepasado por las tareas, es porque eres un inútil o porque no te organizas bien y no siempre es así. Hay situaciones vitales en las que NO hay tiempo para muchas cosas y, en esas situaciones, la clave está en aprender a decir “no” a cualquier propuesta que todavía te vaya a robar más tiempo. Yo no puedo hacer ahora muchas cosas que sé que, en otras circunstancias sí podría y tengo muy claro que la culpa no es mía. Es así. El tiempo, la energía y los dineros nunca alcanzan para todo. Hay que priorizar.

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