¿Por qué solo criticas y nunca propones medidas para mejorar la educación?

Me resulta ya cansino el intercambio de tuits con algunos que, sin saber contraargumentar, basan toda su rabia contra mi persona (o en líneas generales contra todo el mundo) y solo incluyen en su discurso mi falta de propuestas educativas. Debo reconocer que me leen poco y no me vería obligado a hacerles caso. El desgaste que supone intentar razonar con personajes cuya máxima es… no sé quién eres ni lo que haces en un trabajo, pero no me gusta lo que escribes porque va en contra de mi ideología. O, simplemente, soy tan cazurro que no entiendo qué quieres decir.

Por eso me he visto en la tesitura de recuperar el espacio de propuestas en el blog, en el que voy a ir desgranando cada cierto tiempo, algunas propuestas acerca de temas educativos. No vendo libros. No doy entrevistas en los medios. No tengo, ni me interesa tener, marca personal. No tengo aspiraciones políticas (salvo la de ser Ministro de Educación). En definitiva, soy alguien que no tiene, por ahora, necesidades de, como comenté en un post hace un tiempo, limpiar pescado. Tampoco, por cierto, tengo necesidad de escribir en este blog ni satisfacer las necesidades de saber qué propuestas tengo sobre temas educativos. Pero, en este caso, voy a satisfacer la curiosidad de esos limítrofes argumentales.

Así pues, voy a crear una nueva página en el blog (EDUPROPUESTAS), en la que voy a ir colgando todas las propuestas que llevo haciendo desde hace muchísimo tiempo. Propuestas totalmente dinámicas porque a mí, al menos, sí que me gusta evolucionar. Así, como mínimo, espero que algunos que rebuznan tanto dejen de hacerlo. O se pongan, ya que tantas ganas tienen de saber las propuestas de los demás, a publicar las suyas. Qué fácil es pedir. Qué difícil es dar.

Reconozco que si alguien, a estas alturas de la película, es tan estúpido para creer que solo tengo una faceta crítica o, simplemente, que me mueve algún tipo de interés en lo que digo, debería replantearse muchas cosas. Especialmente la necesidad de empezar a saber entender lo que lee porque, al final, eso es algo que cuando uno ya tiene unos años, no tiene opción de volver a la escuela. O, en caso de que sea docente, lo tiene difícil para enseñar a su alumnado algo que no sabe.

Salir de la crítica ad hominem es posible. Contraargumentar mis críticas es factible. Os prometo que no es complicado. Especialmente porque conmigo se puede discutir y discrepar. Eso sí, no me vayáis por los cerros de Úbeda porque, al final, o me acabo perdiendo u os acabo silenciando. Con cariño, claro está. 😉

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