Me encanta mi centro educativo. Considero que la inmensa mayoría de mis compañeros, ante un centro tan complejo, están dando el 200%. Pondría la mano en el fuego por cualquiera de ellos (o del resto de personal no docente que trabaja en mi centro). Además, otra de las cosas que tienen este tipo de centros educativos es que el ambiente, normalmente, es muy bueno. Claro que puede haber rencillas puntuales entre Departamentos. Claro que puede existir pequeños encontronazos entre los diferentes tipos de enseñanza que se imparten. Claro que puede haber días en el que uno, por cansancio o por creer que el centro debe ir en un sentido y el que tiene delante en otro, puede provocar debate. Pero todos estos debates, al menos por lo que estoy viendo, quedan olvidados por el bien común. Y el bien común es intentar sobrevivir en un centro masificado, con alumnado muy complejo y con unas necesidades, a nivel de recursos, que distan mucho de ser las óptimas.

El problema es que trabajar en un centro así desgasta. Y no poco. Somos muchos los que, ya simplemente haciendo nuestro trabajo lo mejor que sabemos, ya cubrimos con creces nuestro horario laboral. No estoy hablando de horario lectivo. Estoy hablando de horario laboral. Sí, esas 37,5 horas, que son las mismas que tiene todo hijo de vecino. Por ello me preocupa que haya momentos en los que se conviertan, esos momentos clave (por ejemplo Claustros o Juntas de Evaluación) en un lugar para zascandilear.

A mí me parece perfecto que en mi centro se hagan paellas. Me parece una gran idea para unir al Claustro y para sentirse como parte del mismo. Todo lo que sea dinamizar el centro, hacer comidas, integrarse como personas, más allá de como profesionales, dentro de un centro educativo, me parece fantástico. Soy el primero que quiero eso. El problema es cuando esto es un punto en el orden del día de un Claustro. Me preocupa que se tarde más tiempo en comentar esto o, en añadir si, para hacer inclusivo el asunto de la paella, deben hacerse paellas vegetarianas. No, no es coña. Esto me ha pasado esta tarde. Y con todo el marrón que tenemos, con aulas con goteras, conserjes desbordados, llegada masiva de alumnado nuevo cada semana y un nuevo instituto, en el que supuestamente vamos a ir los docentes de ESO y Bachillerato, que no se prevé que esté listo para el curso que viene, cuando van a aumentar en más de 400 alumnos nuestro centro, diseñado para 600 y, en la actualidad con más de 2000, creo que no toca perder el tiempo para hablar de algo que debemos montar en reuniones informales.

Sé que necesitamos un poco de distensión porque estamos agotados a estas alturas de curso. Los tutores se lo están currando a base de bien y están desbordados de trabajo. Se están planteando nuevos diseños para flexibilizar la FP con el fin de beneficiar al alumnado. Hay un montón de proyectos que se están realizando en el centro. El alumnado absentista son legión. Los problemas económicos de muchas familias son gravísimos. El servicio de orientación está desbordado. El equipo directivo se encuentra en cuadros y tiene más de mil frentes abiertos. Joder, si hasta yo quiero pegarme un tiro en algunos días porque ya no doy más de mí. Y repito, no soy el que peor está, ni el que más trabajo, ni el que más complicado lo tengo. Eso sí, el momento de distender no es un Claustro. Los Claustros son otra cosa.

Prefiero mil veces que me paguen una sesión de SPA que irme a jugar a un parque de bolas que estar un día a las tres «por obligación» perdiendo el tiempo. Eso sí, si conviene jugar en el parque de bolas, claro que lo haré. Pero lo haré cuando toque, tan solo si me apetece y siempre que no tenga otras cosas que hacer. Sé que cuesta mucho gestionar una reunión. Llevo cientos de reuniones a cuestas en los últimos años. Algunas se van de madre y otras más o menos cumplen el guion establecido. Eso sí, cada minuto de reunión improductivo es un minuto más que toca trabajar cuando se acaba. Y éste es el problema.

Dedico este post a los compañeros que, pudiendo hacer cosas interesantes con su tiempo, me leen. Y repito, estoy muy a gusto en mi centro. Muchísimo. Algo que es, en gran parte, gracias a todas las personas que trabajan ahí.

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