¿Por qué en el ámbito educativo no aprendemos de los errores cometidos en el pasado?

Estaba leyendo el artículo “The Lib Dems following Scotland on curriculum is remarkably bad“, y me he puesto a reflexionar (como siempre por encima de mis posibilidades) acerca de cuestiones muy importantes que se dicen en el mismo. Especialmente importante es la referencia a la necesidad de aprender de los errores y a la necesidad de implementar estrategias basadas, tanto en experiencias reales de aula como en investigaciones y evidencias científicas.

Estamos en junio de 2024. Tenemos numerosas investigaciones y evidencias que nos dan indicadores acerca de qué puede funcionar y qué no. Sabemos además lo que no funciona aunque, por activa y por pasiva, algunos siempre argumenten que algo no funciona porque los docentes no saben aplicarlo. Lástima que ese argumento se cae por su propio peso. Bueno, más bien esa falta de argumento y conversión del mismo en un discurso pedagógico que, más allá de las tarimas, los medios o las redes sociales, se demuestra totalmente irrelevante para mejorar el aprendizaje del alumnado.

No se puede, tal y como se dice en el artículo, ponerse a plantear que el alumnado piense críticamente o tenga determinadas habilidades o competencias sin tener conocimientos específicos. No van al mismo tiempo. No se aprenden a la vez las habilidades que los conocimientos. Sin conocimientos hay la nada más absoluta. Es que es de cajón aunque algunos no lo quieran ver. Por eso la educación basada en competencias está fracasando, tanto en Escocia (que ha obligado a rehacer el currículo), como en Francia (donde se ha tenido que volver a estrategias mucho más tradicionales). Y no pasa nada. Ha fracasado y punto. Ahora conviene no volver a cometer los mismos errores y retirarse de la ambición de decir “que aquí sí que va a funcionar porque somos mejores, más inteligentes y tenemos mejores docentes”. No es cierto. Aquí tampoco va a funcionar.

Es lógico querer buscar atajos. Es lógico necesitar recetas rápidas y mágicas porque, por desgracia, nuestro sistema educativo está haciendo aguas por doquier. El problema es hacerlo mal. Lo estamos haciendo muy mal. Vamos a golpe de inspiración, en lugar de plantearse cómo hacerlo. Si perdemos un año, dos, o incluso cinco en hacer los cambios, no pasa nada. Mejor eso que ir cambiando, sin fundamento, lo que sabemos que no funciona. Prefiero perder una generación que perderlas todas. Y vamos por el camino de perderlas todas.

La mejora educativa vendrá de criterios técnicos. Claro que debe existir la política que, en las urnas muestra la realidad social y lo que desean los ciudadanos pero, si preguntáis a cualquiera por la calle os dirá que, más allá de a quién han votado, les importa tener el mejor sistema educativo posible. Algo que queremos todos. Algo que es una necesidad social. Algo que, en definitiva, va a ser la clave para poder mejorar, tanto como sociedad, como poder mejorar la situación individual de todo el mundo. Y eso solo se consigue aplicando criterios técnicos, trabajando mucho en el cambio y rechazando de plano cualquier idea, metodología o estrategia que, en el pasado, ya se haya demostrado ineficaz. O que esté siendo aplicada y no funcione desde hace mucho.

Ojalá pudiéramos plantearnos tener el mejor sistema educativo posible. Por desgracia hay algunos que siguen intentando, seguro que parte con buenas intenciones, que no lo tengamos. El camino al infierno está plagado de buenas intenciones, pero no deja de ser un camino a un lugar al que no queremos llegar.

En educación, al igual que en cualquier otro ámbito, debemos aprender de los errores del pasado y del presente. Si no lo hacemos así, por desgracia, seguiremos abocados a dimes y diretes que, al final, solo van a ahondar en la debacle de nuestro sistema educativo. Y eso es algo que estoy convencido que nadie quiere porque, al final, incluso que sea de forma egoista, a todo el mundo le interesa tener la mejor sociedad posible.

Dadle una vuelta a lo que he escrito hoy. Observad críticamente el presente. Revisad qué ha funcionado y qué no en el pasado. Pensad en el futuro. Nos jugamos mucho.

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Un comentario

  1. 100% de acuerdo, y los que no comparten está idea o bien no tienen la experiencia de haber implementado la educación por competencias o bien se niegan a aceptar la realidad de la bajada de nivel que ha supuesto su implementación. Y lo peor es que no se ve un atisbo siquiera de que desde las autoridades educativas se piense en plantear un cambio de perspectiva que mejore el sistema, más bien parece que cada año va a peor.

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