Estos últimos días son muchos los docentes que comparan la situación en nuestro país con lo que sucede en países de nuestro entorno. Se creen a pies juntillas notas de prensa, entrevistas o, simplemente, lo que les cuentan los medios más afines ideológicamente con ellos para posicionarse. Ningún docente acude a los datos oficiales de los Ministerios de Educación europeos (enlace), ni tan solo se preocupa en analizar los datos oficiales que publica el Ministerio o las administraciones educativas de las diferentes Comunidades. Y ya no digamos en buscar entre investigaciones en revistas de impacto, mediante análisis por pares de los resultados, acerca de cómo funciona la pandemia y sus mecanismos de transmisión.

Si antes ya había docentes que eran incapaces de creerse los datos que publicaban las administraciones acerca de la distribución de alumnado, según pobreza y raza, entre centros públicos, privados concertados y privados no concertados, ¿cómo vamos a pretender que se acepten los datos de contratación de docentes, el número de dinero que se ha invertido en equipamiento tecnológico (el número de portátiles y tabletas repartidas es público) o, cualquier otro dato público y transparente que se está publicando? Otro tema es la interpretación que cada uno quiera hacer de los datos pero, los datos reales son los que son. Y son totalmente objetivos.

Yo puedo ser ideológicamente de derechas y creerme acríticamente lo que está diciendo el Consejero de Madrid en sus intervenciones acerca de la contratación masiva del profesorado. Puedo, a su vez, decir que, por ejemplo en otra Comunidad no están invirtiendo nada en profesorado porque mandan “los progres izquierdosos”. Pues va a ser que, a lo mejor en la CAM no están invirtiendo nada en profesorado y en otra, gobernada por los otros, sí que lo están haciendo. Pero casi ningún docente va a acudir a los datos oficiales de contratación pública ni va a revisar las listas de docentes adjudicados para ver si se han aumentado o no las plantillas (comparando número de alumnado y docentes porque, puede darse el caso que, al reducirse el número de alumnado, mantener las plantillas ya implique aumentar recursos humanos). Se va a creer lo que le diga su panfleto mediático, o los responsables políticos del partido que votó en las últimas elecciones. Y hay panfletos mediáticos para izquierdosos, derechosos o cualquier personaje que prefiera priorizar su ideología frente a la realidad de los datos.

A mí es una situación que me preocupa porque, aparte del sesgo ideológico que todos tenemos (me incluyo), hay datos para decir qué se está haciendo y qué no. Además, deberíamos ser capaces de ver los datos aislándolos de nuestras creencias de “los datos que nos gustaría que fueran, porque así puedo criticarlos o no”. Más aún deberíamos hacer lo anterior siendo docentes y, por ende personas supuestamente preparadas y poseedoras de un cierto espíritu crítico.

A los docentes mayoritariamente no nos gustan los datos. Nos gusta, al igual que al resto de la población, más la ideología y, por ello somos capaces de justificar o ignorar los datos que no nos interesan (porque lo hacen los nuestros), e inventarnos datos de otros (porque, con lo malos que son es imposible que lo hagan bien).

No es un post para no mojarme ni mantenerme equidistante. Nunca he sido equidistante y, además tengo unas creencias ideológicas bastante transparentes. Otra cuestión es que, con independencia de las mismas, intente revisar los datos para ver qué se está haciendo realmente en educación. Sé que no es fácil porque exige el esfuerzo de acudir a los datos y no quedarse con el titular de nuestro medio favorito, o nuestro tuitero de referencia. Y, además, en ocasiones los datos no dicen lo que a mí me gustaría que dijeran.

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Acerca del Autor

Jordi Martí

Simplemente soy alguien al que le gusta escribir. Y que disfruta haciéndolo.

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