No me importa que haya docentes que estén publicando libros de las experiencias vividas con su alumnado en el confinamiento. Me la suda completamente la disertación, siempre vacía e insustancial, de algunos tipos y tipas que, seguramente con toda la buena voluntad del mundo, están intentando convertir esa parrafada, normalmente en los medios digitales, en algo que tenga algún valor para alguien. De verdad que me parece perfecto cotorrear e incluso, algo tan maravilloso, como es creerse en que ciertas cosas aportan algo a la profesión o a la vida de uno. A ver, que yo hasta hace nada creía que una red social o un blog servían de algo. Y, sinceramente, lo único que veo es que hay cosas que, más aún con la situación actual, se han convertido en totalmente irrelevantes.

Me resulta irrelevante la existencia de un número cada vez mayor de edupredicadores. Me la trae floja que en los medios aparezcan noticias educativas, normalmente considerando a ciertos docentes héroes, para cubrir su programación. Ya no digamos los que venden metodologías, realizan pruebas de carga de sandías que no tienen en una báscula de pesaje que tampoco existe o, simplemente, esos seres de luz o sombras que, para bien o para mal, son la crème de la crème en el candelero educativo. Quizás en un tiempo me importe de nuevo pero, sinceramente, si alguien tiene ganas de evadirse en estos momentos del curro (que, al menos todos los relacionados directa o indirectamente con la educación sabemos que en estos días vamos a full) hay otras alternativas más interesantes que el capiroterismo educativo. A ver, que como digo siempre, el orgasmo cada uno lo tiene con el que se deja o con lo que puede y ya no digamos la opción del tiempo libre.

Uno es libre de quejarse en abierto, puede realizar mil peticiones en internet para liberar al hámster que, algunos malvados negacionistas han decidido tener como mascota de su clase-burbuja o, simplemente, puede dejarse imbuir por el halo pedagógico que, por suerte, a algunos se nos ha escapado en la última ducha. Es lo que tiene rascarse bien, eliminar las pieles muertas y dar cariño a lo que interesa. Además se agradece porque, si uno va limpio por fuera ya tiene mucho de ganado para la comunidad.

A estas alturas de la película, habiendo pasado por múltiples platós en lo que, curiosamente, siempre se acababa representando lo mismo por los mismos aunque, de forma muy extraña, unos y otros se empeñaban en decir que estaban innovando la profesión y otros retomando los valores más puros de la misma, lo único que puedo decir es que, más tarde que pronto porque he estado unos diez años envuelto en la vorágine anterior, todo lo que sucede en educación es completamente irrelevante. ¿Todo? No. Lo relevante es lo que sucede en las aulas, en las casas de esos alumnos, en casa de los docentes o de las personas relacionadas con la educación y, en todos aquellos lugares en los que se gestionan y toman las decisiones. Lo demás, cuatro tipos y tipas que, de forma irrelevante, les apetece jugar a dotar de relevancia a algo que no lo es. Algo lícito, a lo que es bonito jugar y que tiene sus diferentes juegos como los Juegos Reunidos pero que, mal les pese a algunos, no dista de ser un puro divertimento. Un divertimento en el que unos se enfadan, otros se lo toman en serio y, finalmente, algunos simplemente pasan por ahí.

Vivir en Matrix o vivir fuera de Matrix. Eso sí, la relevancia real de vivir en un sitio o en otro está clara. Y la relevancia que uno debe darle a este post, también 😉

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Acerca del Autor

Jordi Martí

Simplemente soy alguien al que le gusta escribir. Y que disfruta haciéndolo.

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