El otro día, aunque no esté siguiendo a nadie en mi nueva cuenta de Twitter, tanto por cuestiones de higiene mental como para alejarme un poco de la vorágine que suponía haber tenido una cuenta que, por determinados motivos, alguien confundía con cosas que no son (ya sabemos que el personal, debido a la gran saturación mediática, es mucho de asociar visibilidad con competencia o incompetencia profesional), me encontré respondiendo a la amarga queja de un coordinador TIC de la Comunidad Valenciana acerca de que su inspector le había prohibido usar herramientas de Google (entre ellas Google Classroom en el aula). Que conste que me parece lógico que cualquiera pueda quejarse. Y, además, reconozco todo el derecho del mundo al pataleo digital. Incluso puedo entender que haya personas que desconozcan/desconozcamos qué está sucediendo en determinados lugares para hacer presunciones totalmente incorrectas.

Pero el post no va de lo anterior y sí que se trata de un post mucho más técnico, lanzando determinadas preguntas al aire a todos aquellos que consideran que la administración educativa debería apostar por Google Classroom. Hablo de Google Classroom, porque los que usan Edmodo, Schoology u otras alternativas, se mantienen en un discreto silencio por saber que, al menos en determinadas Comunidades, están incumpliendo la normativa que les prohíbe usarlas sin permiso de la administración educativa. Y no, no voy a entrar en lo que dice la normativa porque, al igual que no voy a entrar en cumplir los límites de velocidad, las medidas sanitarias, etc. no voy a cuestionar el cumplimiento de la normativa. Eso sí, puedo como siempre cuestionar la normativa en ella misma. Las leyes son cuestionables e incluso apelables en caso de interpretaciones difusas. Lo que no son, por mucho que se quiera, de cumplimiento voluntario según me apetezca cumplirlas o no. Es que es de cajón.

Haciendo un inciso, introduzco la normativa actual de la Comunidad Valenciana acerca de qué herramienta puede usarse o no en los centros educativos (fuente) con una imagen de la parte donde se comenta.

Fuente: http://www.ceice.gva.es

Queda claro por lo anterior que en la Comunidad Valenciana “en los centros públicos solo pueden usarse herramientas propias de la administración de la Generalitat, excepto que te autoricen expresamente y que, en caso de querer usar otra herramienta diferente a la que tienes (en este caso AULES, basado en Moodle) el contrato solo puede autorizarse entre la Conselleria y la empresa -no entre el docente o centro educativo y la empresa-“. Y no hay más que rascar a nivel de lo que es legal. Así que, se puede patalear pero lo que dice está bien claro por mucho que un comercial de la empresa X os diga que su herramienta cumple la RGPD. Otro tema es que el docente o el centro educativo decida, por su cuenta y riesgo, incumplir la ley porque le parezca absurda o lo justifique por el bien del alumnado. No estoy entrando en mi posicionamiento personal porque no toca. No es un artículo de opinión.

Pero con independencia de que, por ejemplo en la Comunidad Valenciana, no sea legal usar una herramienta que no está validada y contratada (con sus condiciones de privacidad), voy a extrapolar la cuestión planteada en el título para generalizarlo en todas las Comunidades (incluso aquellas que sí que tienen contratos con determinadas multinacionales). Ojo, ninguna Comunidad permite ir por libre a sus docentes o centros educativos y los contratos, si existen, se hacen bajo criterios técnicos asumiendo unas determinadas medidas de protección de los datos y de la privacidad. Y tampoco voy a entrar en si me parece bien o mal que se firme con Google, Microsoft o cualquier otra empresa para ofrecer determinadas herramientas. Simplemente hablo de cómo funciona el asunto. Poniendo un ejemplo para que me entendáis… en Cataluña que hay convenio con Google, los docentes pueden usar Classroom y Meet pero no Teams para videoconferencia. En Asturias creo que el convenio está con Microsoft (no estoy seguro y si me equivoco podéis decírmelo) y, por tanto sí que se pueden usar herramientas de Microsoft pero no de Google. Herramientas que se usan bajo unas ciertas condiciones y con el amparo legal de ese convenio establecido con la administración.

Llevo un montón de palabras y aún no he entrado en el leitmotiv del asunto que, al final es la madre del cordero: ¿Qué se puede hacer en Google Classroom que no se pueda hacer en Moodle? ¿Qué características pedagógicas aporta Classroom que no tenga Moodle? No me vengáis con la curva de aprendizaje porque ya sé que es un poco más compleja en Moodle que en otras alternativas. Además, como docentes, no podéis usarme ese argumento porque, precisamente, vosotros sois los que estáis diciendo a los chavales qué deben aprender y cómo. Y, os guste o no, tenéis un currículum que obliga a que se aprenda por más complejo que sea. No se puede justificar no usar ciertas cosas porque cuestan de aprender. Es un discurso que no tiene ninguna justificación. Menos aún porque aprender a usar Moodle puede ser equivalente a usar un procesador de textos o Scratch.

Otro argumento peregrino de los que defienden a ultranza Google Classroom es que “es más bonito que Moodle”. El aspecto de Moodle es algo bastante descuidado pero se puede hacer más bonito que Classroom. Hay muchas pieles (temas o skins) que te permiten hacer virguerías a nivel visual. Además, a diferencia de Classroom, permite ser personalizado para cada centro o enseñanza. Incluso para cada docente. Algo que es imposible de hacer en algo tan rígido como Classroom. Y el modelo constructivista de Classroom salta por los aires con el modelo social de Moodle. Sí, Moodle permite hacer cosas más allá de colgar materiales (en cualquier formato), insertar etiquetas variadas, evaluar o hacer un desarrollo por temas. Así que en este caso no hay color entre Classroom y Moodle.

No me vale tampoco el tema de que los servidores para acceder a Moodle están saturados. No tiene nada que ver con Moodle. La comparativa jamás puede darse entre aspectos que no tengan nada que ver con el entorno virtual de aprendizaje. Por cierto, ¿os habéis dado cuenta de que ninguna Universidad usa Google Classroom como LMS? Creo que por algo será. O usan Moodle, o Sakai, o alguna de esas alternativas que tan poco gustan a algunos de los docentes de etapas inferiores. Un detalle importante, querer usar Classroom o Moodle en los primeros cursos de Primaria es una barbaridad. El modelo de enseñanza-aprendizaje a esas edades, incluso que sea por motivos “extraordinarios” online, debe usar otro tipo de herramientas.

En Moodle hay cientos -por no decir miles- de extensiones que permiten incorporar un montón de características que permiten hacer prácticamente de todo. También permiten integrar aplicaciones comerciales dentro de la herramienta. Así que, quizás el problema de no querer usar Moodle y lanzarse en manos de Classroom tenga muy poco de técnico o pedagógico. Pero bueno, siempre existen aquellos que deciden en sus Claustros imponer una metodología a sus docentes y, en cambio, son incapaces que desde la administración les impongan qué usar en el aula. Es la doble vara de medir.

Finalmente, si el único argumento que os queda para defender el uso de Classroom es que os permiten certificaros por Google, os dan unas insignias guays, os permite formar parte de una “secta innovadora” o, simplemente, os cae bien el comercial que tenemos en nuestro país (que, por cierto está haciendo un gran trabajo de venta con la colaboración desinteresada de muchos docentes), yo no puedo contraargumentaros nada. En Moodle no se dan insignias, se vende muy mal y, por desgracia, ha adquirido una fama determinada por gente que jamás lo ha usado (o si lo usó fue en versiones de hace diez años). Mentira, tenéis otro argumento: su app no acaba de ir del todo fina pero, ¿de verdad que solo por la app vais a decir que Google Classroom es mejor que Moodle? 😉

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Acerca del Autor

Jordi Martí

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