Este curso que empieza en breve (sí, ya os estoy jodiendo los últimos diez días de vacaciones pero, como yo solo lo estoy a medias, así os mentalizo) va a ser raro, raro, raro. Es por ello que, aparte de jugar al Flipped, al ABP, al Gugel (por cierto, Gmail, Classroom y Meet cayeron hace nada a pesar del pastizal que hay tras sus servidores) o, simplemente, a quejarse porque te escupan amablemente en los morros los tiernos infantes, toca hacer acopio de herramientas pedagógicas. Y no, no me refiero a libros soporíferos de Freinet, Vygotski o bodrios similares. Estoy hablando de PEDAGOGÍA en mayúsculas. De esa que solo sabía Wert y que, por desgracia, ni intentándolo consigue Celáa estar a la altura.

Por cierto, el tema tablets o portátiles va a ser tangencial en este post. Hay máquinas mucho más interesantes para el previsible confinamiento que, aparte de hacer lucecitas y permitir jugar al Tetris, dan mucha más satisfacción personal. Especialmente al colectivo docente que, después del acopio masivo de vaselina en las últimas décadas, ahora puede mezclarla con un maravilloso gel hidroalcohólico. Lo sé… si alguien sabe un poco de química, puede hacer una segunda destilación y saca algo parecido al orujo casero. Todo depende de las necesidades y de cuando nos llegue el recorte de salarios. A ver, que también está comprobado que una buena meada a tiempo en una maravillosa picada de esos bichos que traen regalos del Nilo, te quita el picor. Lo de la estancia en la UCI ya es otro cantar pero, viendo la nula atención de los teléfonos de urgencias en la Sanidad lo de acabar en una UCI es una auténtica utopía.

Nada, creo que después del excelso preámbulo y habiéndome instalado en mi maravillosa nariz unos fantásticos quevedos que, aún resaltan más el color de mis ojos, toca empezar a hablar de esas herramientas que, seguramente al ver el título, algunos esperáis encontrar aquí. Más aún porque sabéis que soy poco dado a titulares amarillistas, salvo que sean para encubrir mi falta de inspiración. Y si hubiera querido un clickbait mágico, lo lógico era haber hablado de sexo, del “bicho”, de playas, de Loquillo, del Campechano o, simplemente, del Coletas o del Abascal. Pero no, hoy no tengo ganas de buscar lectores. Tengo ganas de dar soluciones pedagógicas potentes a los docentes que, con la nariz por encima de la mascarilla que llevan desde que se la agenciaron, necesitan ayuda en cuanto a herramientas para el nuevo curso.

En cuanto a las mejores herramientas pedagógicas para el nuevo curso, sabiendo -o presuponiendo- la gran cantidad de horas que va a tocar teletrabajar y, más sabiendo lo que les gusta la masturbación a una parte del colectivo (lo de tocarse los huevos queda muy soez) o la cantidad de docentes que, lamentablemente, van a estar solos o con toda la familia -que incluye a hijos, suegras y derivados-, mi primera recomendación sería agenciarse un Satisfyer. Creo que ya van por la versión 3 intentando emular a la PlayStation. Además hay aparatejos para mujeres, hombres. O para cualquier tipo de género u orientación sexual. Es que toca hablar con propiedad. Que para algo estoy en un blog de alto nivel cultural, diverso y divergente. Y sí, los documentales de los leones marinos motivan mazo para ejercitar esa función. Eso sí, si uno quiere hacer un poco de deporte que opte por lo manual. Al menos que haga un poco de esfuerzo y, por favor, nada de manchurrones sospechosos en el domicilio habitual. Higiene ante todo. Acaparad papel de váter que, visto lo visto y las ansias por hacerse con ello en el anterior confinamiento, es una compra imprescindible. Ahora hay un tres por dos en doble capa en uno de los supermercados más conocidos.

Lo de hacerse con una suscripción de Amazon Prime, Netflix, HBO, Disney, Filmin o todas las anteriores es algo imprescindible. ¿De qué vais a hablar con vuestros compañeros de profesión y con el alumnado? ¿De fórmulas químicas absurdas? ¿De fracciones? ¿De si Franco tenía un huevo o dos? ¿De un tipo bajito con mala leche que gaseó a algunos miles de judíos? Seamos serios. Lo importante será charlar con el alumnado y ponerse a su nivel. Eso sí, los que deis clase en Infantil o Primaria no abuséis que Disney Channel o Clan TV que acaba enganchando. Mola el Bob Esponja, la LadyBug y toda la parva.

Una conexión a internet en condiciones, que vais a pagar del bolsillo, también es imprescindible. Serán muchas horas y la pedagogía por internet es lo más. YouTube, Tik Tok, los canales de youtubers o, simplemente, el Instagram para colgar la evolución de vuestras lorzas. La sociabilización, y más si es mediante Twitter, será la clave para todo. No sabéis cuánto docente va a estar preparando materiales como si no hubiera mañana sabiendo que, con suerte, un tercio de su clase va a verlos. Y ya si entramos en el porcentaje de los que lo van a entender. Relacionado con la conexión a internet y la comunicación con las familias, haceos con una webcam en condiciones. De esas a las que podáis poner efectos y, lo que es más importante, renovad vuestros pijamas porque pedagógicamente un pijama o una camiseta con agujeros no queda muy bien para dar clase por internet.

Importante también hacerse con un lector de ebooks (porque las librerías van a chapar) y así poderos descargar by the face libros por internet. Recordad que, posiblemente, si confinan en octubre, dicho confinamiento vendrá con un hostión en vuestro sueldo. Así que piratear, aunque hundáis a otros en la miseria, estará más bien considerado como bucanerismo que como pirateo. Además, al igual que los que cometen otro tipo de delitos, siempre podréis decir… “es que como la vida es muy malita y pedagógicamente debo reciclarme, me he bajado los libros de Ana Rosa y Belén Esteban”.

Finalmente deciros que lo importante es mens sana, corpore sano. Así que, antes de ir a la nevera planteaos dos veces si, antes de eso no encontráis alguna alternativa pedagógica (barrer, cocinar, pegarse golpes con una sartén o, simplemente, hablar de las bondades pedagógicas de la enseñanza a distancia). Pero bueno, hay dos maneras de salir de la pandemia: siguiendo mis consejos y con una alta autoestima pedagógica o, simplemente, hundiéndoos en la miseria de las bacanales pedagógicas en forma de evento guruseril o formación en mindfulness en las que, lamentablemente, os quedaréis sin poder participar.

Hace calor. No me lo tengáis en cuenta 😉

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Acerca del Autor

Jordi Martí

Simplemente soy alguien al que le gusta escribir. Y que disfruta haciéndolo.

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