No soy el culpable de que la normativa educativa sea la que es

En los últimos posts estoy ciñéndome a cuestiones legales. Bueno, más bien estoy desgranando la normativa educativa que rige, con mejor o peor fortuna, los centros educativos, sus profesionales y la relación entre toda la comunidad educativa. Hay normativa que lleva décadas sin actualizarse y otra que, como todos sabéis, se actualiza en demasía.

Eso sí, me sorprende leer en los comentarios a lo que escribo críticas ad hominem. No tiene ningún sentido culpabilizarme de algo que, ni he redactado ni he participado en su redacción. Si el horario de un docente es el que es según normativa, yo no puedo modificarlo. Si hay unas normas que indican qué es sancionable en el ámbito educativo, yo no puedo inventarme otras normas. Es que es de cajón.

Llevo veinticuatro años (y veinticinco cursos, por haber empezado como sustituto a mitad de curso el primer año que di clase) en el aula. Bueno, realmente, he estado tres en la parte más gris de la administración. ¿Valida eso mi opinión? No, eso simplemente hace que, por motivos obvios, me haya dedicado más a investigar y leer sobre temas educativos que sobre otras cuestiones. Y seguro que, cuando me jubile, a lo mejor encuentro un hobby interesante y quizás, por mi afición por los lepidópteros, me dediqué a investigar, como aficionado, sobre ellos. No lo sé. Eso ya se verá en un futuro.

Los docentes no podemos vivir de espaldas a la normativa que nos afecta. No puede gustar más o menos. Nos puede parecer una pérdida de tiempo dedicarnos a leerla pero, no olvidemos que es la que tiene afección sobre nuestro día a día. Por muchas “trampas” que hagamos, al final si la cagamos o nos equivocamos, esas leyes de diferente rango van a ser las que van a dictaminar muchas cosas. Desde apercibimientos, hasta sanciones en firme. Es que no vale esconder la cabeza.

Hablar sobre legislación no excluye poder hablar sobre cuestiones pedagógicas. Estoy convencido de que lo segundo es mucho más importante para nuestro alumnado. Otra cuestión es que debamos criticar al mensajero porque nos hable de temas de normativa que no estén de acuerdo con lo que nosotros pensamos que debe ser.

Si queréis cambiar la normativa ya sabéis dónde debéis hacerlo. Y no es haciendo de trols en mis artículos. Eso sí, reconozco que es mucho más fácil sentarse en el sofá y con el móvil, mientras estáis mirando Sálvame, poneros a escribir boludeces de todo tipo.

Los docentes, por cierto, tenemos dentro de nuestro colectivo, al mismo porcentaje de encefalogramas planos que otras profesiones. Algo que significa, en sentido positivo, que somos parte de la sociedad.

Como estoy haciendo en los últimos artículos, os recomiendo mi nuevo libro sobre educación para mayores de dieciocho, “Educación 6.9: fábrica de gurús”. Lo podéis adquirir aquí (en versión digital o papel) o en ese pop-up tan molesto que os sale. Y sí, me haría mucha ilusión que fuera uno de los diez libros más vendidos sobre educación este curso. 😉

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