En el día de ayer, manteniendo una conversación con profesionales de diferentes sectores, no pude menos que plantearme, al escuchar lo que me estaban contando, que los docentes no tenemos vergüenza. No voy a debatir acerca de dejarse la piel por el alumnado (algo que sé que hacen la inmensa mayoría de mis compañeros). Voy a cuestionar un tema crucial que es “el hacer lo que a uno le hace la gana en su aula porque, supuestamente, sabe más él que nadie”. Y de ello se infieren algunas cuestiones que en ninguna otra profesión podrían hacerse como algunos docentes hacen.

¿Os imagináis una empresa láctea que dijera que van a hacer unos controles de calidad diferentes a sus productos que los que les marca la ley? ¿Os imagináis que algunos de los trabajadores de Hacienda o Justicia dijeran que no van a usar la herramienta de la que les dota la administración pertinente para llevar a cabo sus tareas? ¿Os imagináis que, por ejemplo, un policía dijera que, en lugar de rellenar una denuncia con el programa que tienen, se hubiera creado una cuenta de Google y la rellenara ahí porque dice que es más cómodo para él? Y ya no entramos en la manera de apagar un incendio o que se cuestionaran, por parte de los bomberos, la manera de enfrentarse con el fuego. Es que, como todos veis, sería algo totalmente absurdo. Imaginaos que un bombero decide libremente, porque cree que es mejor y como lleva muchos años de profesión, atacar el fuego por la cara norte o, simplemente, porque lo ha visto en algún vídeo de YouTube, quiere soplar para que se apaguen esas llamas de metros de altura. No creo que a nadie se le pase por la cabeza lo anterior.

Entonces, ¿cuál es la justificación que hace que los docentes hagan/hagamos lo que nos da la gana? ¿Por qué cuando la administración te dota de una herramienta, algunos deciden libremente usar otra? ¿Por qué uno puede hacer lo que quiera en docencia y no pasa nada cuando la caga? Me imagino a un médico que se le mueren en una semana a dos pacientes y las investigaciones que se hacen sobre el tema. Eso sí, en caso de que a un docente que da clase en segundo de Bachillerato le suspendan la mayoría de alumnos su asignatura en Selectividad no pasa nada. Si tampoco se investiga los desfases entre las notas que se sacan en los centros educativos y en esa prueba estandarizada. Por cierto, lo importante es quejarse de todo porque, al final, lo de asumir las consecuencias de los actos de uno está muy demodé.

Yo he campado por libre dando clase. He actuado, como la mayoría, como un puto francotirador que, creyendo que lo estaba haciendo lo mejor posible, hacía lo que me daba la gana, usaba lo que me apetecía y, al final, acababa el curso y nadie me exigía nada. Es que la docencia es una profesión maravillosa. Justificando que los resultados no se ven a corto plazo, uno puede hacer lo que le rote. Y si alguien no cumple, tampoco pasa nada porque, seamos sinceros, en docencia se permite todo.

Los docentes tienen/tenemos razón en muchas de nuestras reivindicaciones pero, si queremos mejorar en educación, solo hay un camino: el funcionar siguiendo las reglas. No puede ser que, a diferencia de todas las profesiones que existen, hagamos lo que nos da la gana y aparte justifiquemos lo anterior bajo argumentos inverosímiles. Como decía alguien a quien aprecio mucho que, por cierto es funcionario de otro ámbito profesional, si ellos pasaran de obedecer a sus jefes, seguir las directrices que les marcan o, simplemente, dejaran de tratar con respeto a sus superiores, aún iría peor el funcionamiento de su administración.

Creo que, incluso que nos pongamos a la defensiva con estas líneas, debemos reconocer que el gran cambio de la educación no vendrá por metodologías, tecnología o fabulaciones pedagógicas. Vendrá porque, en algún momento, alguien decidirá tratarnos como profesionales y nosotros nos creeremos que, más allá del chiquipark que para algunos -y no pocos- es la docencia donde “si no me gusta jugar con las bolas que me han dado, decido traérmelas de casa o no respiro hasta que me den lo que yo quiero”, somos trabajadores que trabajamos en un proyecto común. Un trabajo que debería ser, por cierto, mucho más profesional (tanto en su gestión y control, como en su parte más destinada al usuario del servicio).

Por cierto, espero que se entienda el post y ahora no me vengáis a decir qué he dicho cosas que no he dicho. Que ya nos conocemos 😉

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Acerca del Autor

Jordi Martí

Simplemente soy alguien al que le gusta escribir. Y que disfruta haciéndolo.

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