Los docentes somos la hostia y no nos lo creemos

La inmensa mayoría de mis compañeros de este curso son la hostia. La pera limonera, con mucha pera y abundante limón. Grandísimos profesionales que, al igual que con los que he ido compartiendo centro en todo mi devenir profesional, intentan hacer su trabajo lo mejor posible. Sí, al igual que cualquier otra profesión. Ni más ni menos. Hay una inmensa mayoría de profesionales que intentan hacer lo mejor que pueden y saben, usando estrategias y recursos que tienen disponibles, para que su alumnado aprenda. Claro que hay una minoría de mangantes del asunto pero, por favor, generalizar a esa minoría es lo mismo que generalizar determinados actos cometidos por determinadas personas para relacionarlos con su raza o religión. Si es estúpido en este caso, también lo es en el caso de los docentes.

Yo tengo una concepción de la educación diferente de la de mis compañeros. Seguro que coincido en parte con algunos y disiento con la de otros. Yo no uso libro de texto y algunos de mis compañeros sí lo hacen. No, nadie usa el libro de texto como una letanía bíblica a pesar de que, en las redes y los medios, algunos hablen de eso como un hecho general y consumado en las aulas de este país. No es así. Tampoco es cierto que los que creen en los ámbitos o en el ABP lo hagan para ir en contra de su alumnado. Se lo curran. Tengo algunos docentes que trabajan con ámbitos en mi centro que se lo creen. Y creen que es la mejor manera de que su alumnado aprenda. Y se preocupan por ellos. Al igual que la mayoría de compañeros. Joder, es que los docentes criticones parece que no hayan ido nunca a una sesión de evaluación donde, curiosamente, docentes de metodología diversa siempre intentan hacer lo mejor para el alumnado. Es que yo salí ayer de una y TODOS, sin excepción, buscaron lo mejor para el alumnado que se estaba evaluando. Al igual que hacemos de forma individual con nuestro alumnado. Yo les he cogido cariño. Les cojo cariño cada curso. Lo mismo que hacen mis compañeros.

Debemos debatir acerca de estrategias de aprendizaje, de modelos metodológicos, de herramientas, de uso o no de la tecnología,… y, seguramente, tendremos debate con los profesionales que trabajan con nosotros, en otros centros o etapas acerca de qué concepción queremos que tenga la educación. Pero eso es peccata minuta. Los profesionales harán siempre lo mejor que puedan en sus aulas. Cualquier injerencia es nefasta porque, ¿quién conoce mejor al alumnado que su profesorado? ¿Quién conoce mejor el contexto de un centro educativo que el profesorado que trabaja ahí? ¿Quién decide qué y cómo trabajar mejor con su alumnado? Es que es de cajón. Y algunos, entre los que me incluyo, en ocasiones enarbolamos banderas determinísticas acerca de qué deben hacer compañeros en centros que desconocemos, con organizaciones que desconocemos y en contextos muy particulares.

Los docentes somos la hostia. Somos la misma “hostia” que cualquier otra profesión. No tenemos nada que envidiar a otras profesiones. Eso sí, curiosamente somos los más críticos con nosotros mismos. Con nuestra profesión. Nunca he visto por internet tanto ataque de otras profesiones a sus compañeros de profesión. Estoy hablando de profesión, no de servicio al ciudadano mediante votaciones. Creo que me explico.

Quizás empieza a ser hora de dejar el discurso de que todos son malos profesionales menos yo que tengo la verdad absoluta y empezar, de una vez, a intentar hacer algo más conservador: intentar hablar de ideas, de evidencias y poner, encima de la mesa, propuestas profesionales. Tal y como estamos defendiendo algunos en los últimos días en las redes sociales… ¿por qué no crear un colegio profesional de docentes de etapas obligatorias y hacer los debates educativos ahí? A mí no me importa lo que diga un cocinero o una entidad bancaria de mi profesión. No deberíamos darle tanta importancia por mucho que se mediaticen a esos personajes. A mí lo que me importa es lo que dice un docente que trabaje de una manera u otra, use unas herramientas u otras y que, en un espacio de trabajo, permita que podamos mejorar la educación con las aportaciones de todos.

No me hagáis caso. Hoy me he levantado utópico. Seguro que en nada los que van de inclusivos van a poner su visor para atacar a los que no piensan como ellos. Algo en lo que acabamos cayendo todos pero que, reconozco que en mi caso, solo caigo en eso puntualmente en las redes sociales o en este blog. Mi centro es otra cosa. Y ahí es donde se hacen y suceden cosas. Muchas cosas y la mayoría, maravillosas, aunque algún día también salgas con ganas de estrangular a alguien.

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