Los diez mandamientos del docente vacacional

El otro día, abriendo un yogur de esos griegos, se me apareció Sócrates. A ver, quien dice Sócrates dice Platón o algún tipo enfundado en túnica mostosa y raída por los años de uso. Siendo sincero, tampoco me queda claro si, por el peinado que llevaba, fue precursor de Elvis. Nada, el atuendo no importa. Lo importante es que, saliendo de un gas y tomando forma frente a mí, me dijo que cogiera boli y papel (¡qué poco moderno!) y que anotara los diez mandamientos que, cualquier docente vacacional, ha de tener. Y que lo difundiera entre conocidos y allegados. Así pues, como cuando te aparece alguien del yogur o baja de una montaña cargado con unas tablas, toca hacerles caso. Es que la ira del dios vacacional puede implicar quedarte sin vacaciones. Y no es plan.

Así pues, vamos con los mandamientos. Aprovecho para pediros que los difundáis masivamente. Y si tenéis conocidos en la administración educativa, que lo incorporen en la próxima ley de educación. A ver, que no es tan difícil, como sabemos los que nos dedicamos a la educación, sacar articulados legislativos. Tenemos más leyes, decretos, instrucciones y normas que cualquier otra profesión.

Let’s go…

  1. Amarás las vacaciones por encima de todas las cosas.
  2. No dirás que tienes pocas vacaciones.
  3. Santificarás las vacaciones por encima de la familia, la gastronomía autóctona o tu marca de cerveza favorita.
  4. Honrarás a todos los políticos que te aumenten el sueldo o los días de vacaciones.
  5. Matarás (bueno, matar matar…) a todos aquellos que te impidan disfrutar de tus merecidas vacaciones.
  6. No fornicarás en vacaciones.
  7. Intentarás disfrutar hasta el último segundo de tus vacaciones.
  8. No joderás las vacaciones de los demás.
  9. No hablarás del trabajo en vacaciones.
  10. Jugarás a la lotería con fruición y responsabilidad.

Un decálogo que, por cierto, cada año incumplo en algunos puntos. Por suerte hasta el día de hoy nadie ha venido a exigirme responsabilidades por ello. Ya veremos en mi otra vida.

Por cierto, aquí tenéis el decálogo en formato vídeo, donde se amplían los puntos anteriores. Así, aparte de poder saborear el decálogo, podéis disfrutar de mi bello rostro y mi, más que aceptable -o quizás no-, dicción. De vacacional a vocacional va una sola letra. No os confundáis. 😉

 

 

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