Los docentes TAMBIÉN somos unos putos egoístas

En los últimos meses, desde que se ha ido desarrollando el concurso de méritos para la estabilización de interinos en el ámbito educativo, mediante su conversión, sin ningún tipo de proceso de oposición, a funcionarios de carrera, se ha ido viendo que, al final, todo esto del procomún educativo y del colectivo docente es, como ha sido siempre, una fantasía cara a la galería.

Profesorado, funcionario de carrera, sin plaza definitiva, quejándose amargamente que compañeros suyos, por un procedimiento que se ha hecho “como el culo” (por mucho que beneficie a algunos), van a obtener una plaza al lado de su casa antes que ellos. Hay una sentencia que cuenta los años como interino como si fueran de funcionario, así que, si tenemos, por ejemplo, un interino con más de veinte años de servicio, consolidado por este proceso, va a pasar delante de alguien que aprobó unas oposiciones en los últimos años y que no había trabajado nunca en docencia. Repito. Procedimientos hechos con el ojete por parte de administraciones muy inteligentes que saben que, lo mejor para controlar a sus docentes, es enfrentarles a unos con los otros.

Aquí, tanto los beneficiados del proceso, como los perjudicados por el mismo, atacando como hienas a los que consideran que son sus enemigos. A ver, no nos rasguemos las vestiduras ahora. Desde siempre, que un docente viva mejor en un centro educativo implica que otro viva peor. Que uno tenga mejores grupos, implica que otro los tenga peores. Que uno salga el viernes pronto o entre tarde el lunes, implica que otro deba entrar pronto el lunes y salir tarde el viernes. Es que es de cajón. Y, sabéis qué, a ningún compañero vuestro le importa lo más mínimo que salgáis perjudicados porque, al final, al igual que en cualquier profesión, nos importa una mierda lo que le pase a un tercero mientras uno pueda vivir cada vez mejor.

En mi Comunidad Autónoma, por ejemplo, existen los ámbitos en primero de la ESO. Ahora se va a votar en muchos centros educativos. La mayoría de los docentes no quieren dar ámbitos pero, dar ámbitos implica en algunos casos que algunos puedan quedarse en el centro. Y eso mola. Da igual la calidad educativa que se ofrece al alumnado. El tema de los ámbitos no va de eso. Nunca ha ido de eso. Va de beneficios para determinados docentes y Departamentos. Joder, si algunos se pegan por dar ámbitos porque supuestamente conseguirán más horas para el Departamento y así, supuestamente, son “los más” del instituto. Hay docentes que ven su poder en un centro educativo a peso. Eso sí, curiosamente, no veréis a casi ningún definitivo dando ámbitos, por mucho que algunos Departamentos apuesten por ellos. Ya no digamos docentes que pertenecen equipos directivos. Defender ciertas cosas es guay siempre y cuando no te toque hacerlas.

Los docentes somos egoístas. Somos seres humanos. Si tuviéramos que elegir, porque nuestro hijo está en nuestro centro educativo, a qué clase va, lo haríamos para que fuera a la clase donde hubiera el alumnado más filtrado. Esto es así. Miramos por nosotros y por nuestra familia. Lo podemos justificar como nos dé la gana, pero la verdad es que la realidad se empecina en ser la que es.

Yo, en mi profesión, intento hacerlo lo mejor posible pero también vivir lo mejor posible. Tengo claro que podría, si fuera un ser de luz, escoger el curso que viene los peores grupos y tener el peor horario posible. Podría decirle a mi equipo directivo que quiero dar lo que se da a los últimos que llegan. Pero no lo haré. No lo haré ni yo ni nadie de los “dinos” del centro. Dinos, vacas sagradas o, simplemente, definitivos.

Lo del concurso de méritos tiene solo un problema: beneficia a unos y perjudica a otros. Pero, como he dicho siempre, a ver quién es el que, pudiendo dar una medicina a sus padres (incluso que les queden pocos años de vida), prefiere que se la den a un bebé de alguien que no conoce. Pues eso. Dejemos de rasgarnos las vestiduras. En educación, al igual que en el resto de profesiones o en la propia sociedad, se funciona por egoísmo. Y si algunos quieren justificar lo buenos que son, que revisen sus actuaciones frente a ciertas cosas. Verán que no son tan buenos. Yo, reconozco abiertamente, que no lo soy.

¿Me gusta este modelo de profesión? Pues no. Pero, más allá de intentar hacerlo lo mejor posible en nuestra aula e intentar no hacer daño innecesariamente a nuestros compañeros, poco podemos hacer. Salvo, claro está, que prefiramos vivir peor. Y eso, al fin y al cabo, es algo que nadie con dos dedos de frente quiere.

Quizás la culpa no sea nuestra como docentes pero, al final, esta sociedad lo ha montado muy bien para que, al final, estemos siempre preguntándonos “qué hay de lo mío” y enfadándonos cuando vemos que el de al lado “vive mejor que nosotros”. Especialmente cuando, como en cualquier profesión, que el de al lado viva mejor, implica que nosotros vivamos peor. Suficientes ejemplos tenéis en el post.

Seguid disfrutando las fiestas. A algunos se os acaban pronto. A otros todavía nos quedan días. Espero las estéis disfrutando. No os sintáis mal por veros reconocidos en mi post. Es lo que hay. Lo importante es saber reconocerlo.

Como estoy haciendo en los últimos artículos, os recomiendo mi nuevo libro sobre educación para mayores de dieciocho, “Educación 6.9: fábrica de gurús”. Lo podéis adquirir aquí (en versión digital o papel). Y sí, me haría mucha ilusión que fuera uno de los diez libros más vendidos sobre educación este curso. Además, adquiriéndolo ayudáis a mantener este blog.

  • Si vivir mejor supone salir pronto los viernes y entrar tarde los lunes, me parece venderse muy barato. A mí me importa muy poco salir pronto o tarde, esa forma de ser desprestigia una profesión que vale la pena. Yo, desde luego, no quiero parecerme a las personas que describes en el artículo.

    • El problema no es que quieras o no parecerte a las personas que describo en el artículo. El problema es que, a nivel laboral, no te dejan más opción. El beneficio de uno, por desgracia, siempre acaba siendo el perjuicio de otro.

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