Leer en la escuela

A veces deben leerse libros a los que ningún alumnado se acercaría jamás. Sí, ya os he dado la máxima acerca de la lectura en la escuela. Leer, en ocasiones sin placer, para poder adquirir el placer por leer más allá de los libros mediatizados, publicitados o, simplemente, los cuatro mensajes que se publican en Instagram por parte de los veinte influencers de turno.

Ayer de nuevo volvieron a arremeter contra la escuela por arruinar la lectura en los chavales (fuente). Eso es falso. El problema que se plantea (o más bien la disyuntiva) es otro. Leer determinada literatura aumenta el nivel cultural, especialmente de hijos de familias socioeconómicamente deprimidas. Y eso es algo que no debemos obviar. La literatura, en ocasiones, no debe ser fácil. Los libros no siempre han de ser, de entrada, apetecibles. Incluso puede haber libros que se indigesten pero, sinceramente, lo de creer que las lecturas obligatorias -o la elección de algunas concretas- en la escuela hace que el alumnado odie la lectura sine die es completamente falso.

La lectura en la escuela no debería, al menos en la ESO (en Primaria el concepto debe ser otro), con estrategias de lectura determinada y madurez suficiente, restringirse a libros para pasárselo bien. Se debe leer en algún momento buena literatura. Ojo, que algo sea de buena factura literaria no implica que guste más. Es como ir a una pinacoteca. Hay cuadros muy bien valorados por los expertos que no dicen nada. Bueno, al menos a mí no me dicen nada. Y ya no entro en otras cuestiones.

Deberíamos huir de las lecturas con sesgos morales. Deberíamos huir de lecturas con sesgos ideológicos. Deberíamos huir de las lecturas que, por estar de moda, defiendan un determinado modelo de familia o determinadas relaciones sociales. La literatura en el ámbito educativo no debería ser nunca para influir ni para educar en nada. Es literatura. Es leer. Es entender qué se está leyendo. Es encontrar, en esas lecturas a las que jamás nadie se acercaría, una vía de escape para poder tener más criterios en un futuro. Que los especialistas no están para joder la lectura a ningún alumno. Y ellos saben bien qué deben elegir para los chavales. Eso salvo que en la ESO dé a tu hijo Lengua Castellana o cooficial y Literatura un docente de Geografía e Historia. Por suerte ese despropósito solo se da en la Comunidad Valenciana. Sí, los ámbitos también perjudican el acercamiento literario de los jóvenes a la lectura.

Hace un tiempo yo también pensaba que debía dejarse elegir al alumnado qué leer y cuándo. El discurso del laissez faire educativo había calado dentro de mí. Por desgracia he visto qué pasaba con el alumnado más vulnerable. Aquel que parte de peores situaciones familiares y económicas. Aquel al que perjudicas con este tipo de medidas. No perjudicas al alumnado de familias culturalmente solventes, porque esas familias van a leer con sus hijos. Y van a incentivar cierto tipo de lecturas. Perjudicas al alumnado cuyos únicos libros en casa son los de texto o los de las lecturas que se les manda en la escuela. Eso es algo que ahora algunos todavía no quieren entender.

Soy partidario de tener lecturas complejas para el alumnado. Más complejas según van sumando años. Lecturas validadas por los que saben. Lecturas que permitan acercarse a otro tipo de lecturas más complicadas que el consultar los Whatsapps, Geronimo Stilton o Harry Potter. Ojo, que las dos lecturas que he puesto antes son fantásticas para los chavales pero es más fácil que se acerquen a ellas que a otras.

Leer ciertas cosas no te hace tener aversión futura a la lectura. Te hace no leer en el futuro ciertas cosas pero el bagaje ya te lo llevas. Y añado… no solo deberían leerse libros en clase de Lengua. Deberíamos tener en otras asignaturas las ganas de proponer lecturas. Yo lo hice hace cuatro cursos en Bachillerato (asignatura de Tecnología Industrial) con Homo Deus. Lamentablemente no salió muy bien la experiencia pero, como sé que fue culpa mía, este curso lo voy a volver a intentar. Leer y comprender es la clave para aprender. Llenar una mochila cultura es lo que hace tener una mejor sociedad futura, además de enriquecer en todos los sentidos.

No me hagáis mucho caso. Seguro que es mejor leer libros ligeros, escritos por autores conocidos o que aporten un determinado modelo ideológico. Como digo siempre, no soy experto en Literatura ni en incentivar a la lectura. Para eso están mis compañeros de Lengua y Literatura y los bibliotecarios. Donde haya expertos de verdad, la opinión de los aficionados vale lo que vale. Y, en este caso, yo soy un simple aficionado, devorador de libros e intento de escritor de cosas incoherentes.

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José Miguel
José Miguel
1 month ago

Pues yo estoy totalmente de acuerdo con lo que indica la entrevistada. Es cierto que “En el colegio te arruinan el gusto por la lectura desde chico”. Porque lo que la entrevistada dice no es que no haya que proponer lecturas a los chavales(las). Lo que dice, o, al menos, así lo entiendo yo, es que deberían proponerse lecturas adecuadas a sus destinatarios, tanto en temática como en volumen. Plantear a alumnos sin ningún tipo de hábito o interés por la lectura que se estrenen con un tocho de Isabel Allende o con el Tirant lo Blanch completo es utópico y contraproducente. El gusto por la lectura debería iniciarse con pequeñas píldoras, con capítulos sueltos que no asusten y que despierten el interés o la curiosidad. No se trata de poner textos “fáciles” o “simpáticos”. Se trata de poner textos a la medida de los (no) lectores. Y evitar esa costumbre tan generalizada de imponer “el libro del trimestre” que lo único que consigue es que se vea al libro como un “deber”, como una muralla de páginas de “sólo letras”. El resultado suele ser, en el mejor de los casos, que ese libro se lo habrá leído papá, mamá o el redactor del “rincón del Vago”. Nunca el alumno.

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