Las opiniones (educativas) son irrelevantes

Estamos dando demasiada importancia, no solo en educación aunque vaya a centrarme en ese ámbito, a las opiniones frente a los datos. Damos valor a encuestas que pasamos entre alumnado, familia o profesorado en las que preguntamos “¿crees que te han mandado muchos deberes?”, “¿crees que has aprendido?”, “¿te han gustado las clases del profesor Fulanito?”, “¿consideras que la metodología X te ha motivado?”,… y así hasta un largo etcétera de preguntas tendenciosas cuya respuesta no tiene ningún valor.

No, la opinión acerca de temas educativos debería ser irrelevante. Tanto la de los profesionales de la docencia como del resto de la comunidad educativa. No podemos dar valor a una sensación. No podemos cambiar nuestra praxis docente porque subjetivamente guste más o menos al alumnado. Deberíamos evaluar qué y cómo lo hacemos. Deberíamos objetivar resultados. Sí, aunque a algunos no les guste el concepto, no queda otra que evaluar. Y hacerlo de la manera más exhaustiva, completa y fiable posible. Sin datos y solo con opiniones no vamos a avanzar. Por cierto y antes de que algunos entiendan lo que no he dicho, es importantísimo comprender que para evaluar debemos haciendo personalizando esa evaluación. No solo deberíamos quedarnos con una tipología de alumnado. Deberíamos desagregar datos lo máximo posible.

Yo puedo decir en este blog que el alumnado que estudia Tecnología con profesorado de afines (léase Matemáticas, Biología, etc.) aprende menos. Pero eso no es cierto porque los únicos datos que tengo es que quién más sabe de lo suyo es quién mejor puede impartir su asignatura. Y que la experiencia ayuda a mejorar los resultados académicos del alumnado. ¿Hay casos en los que la experiencia es contraproducente? Claro que sí, pero por eso necesitamos datos macro y datos desagregados. Además podríamos analizar la casuística de las excepciones para intentar mitigarlas al máximo posible. Esto se denomina investigación. Y no es lo que están haciendo de forma general en las Facultades de Ciencias de la Educación porque, por desgracia, en muchas ocasiones anteponen la ideología al estudio o investigación y así es imposible evaluar nada en condiciones. La visión objetiva es mucho más fácil que se dé por parte del que evalúa más que por parte del implicado en la evaluación. Es que es de cajón. Bueno, de investigación básica.

Deberíamos desterrar los “amimefuncionismos” interesados, los sesgos de confirmación, las encuestas de satisfacción educativa que tanto se han puesto de moda, especialmente con la facilidad de crearlas (y regalar de paso los datos de alumnado, familias y profesorado) con los formularios de Google. Deberíamos de dejar de perder el tiempo con lo anterior y empezar a dejar de opinar por encima de nuestras posibilidades. Las opiniones están muy bien para Twitter y Facebook. Incluso dan mucho juego en sesiones de café. Otro tema es cuando las convertimos en verdades absolutas o las usamos para modificar nuestra práctica educativa o, en el caso de encuestas pasadas por ciertos centros educativos, como manera de defender algo o modificar el proyecto de centro.

Lo fácil es guiarse por las opiniones. Lo difícil es guiarse por datos. Eso sí, siempre tendremos a aquellos a los que los datos “les van grandes” o, simplemente huyen de ellos “porque les dicen lo que ellos no quieren oír”. Vale, como he dicho antes, para educación y para cualquier otro ámbito. ¿Os imagináis que se decidiera vacunar o no contra el COVID en función de las opiniones de los tertulianos de Telecinco? ¿Os imagináis que, a pesar de todas las evidencias científicas en contra, se apoyara el uso de la ozonoterapia en pacientes con Cáncer? ¿Os imagináis que, porque alguien opina que la lejía cura el VIH, se implantara esa técnica de curación en el sistema sanitario? Y para aquellos que me digan que siempre acudo a la medicina, ¿os imagináis que un agricultor usara boñigas de vaca o rezara en lugar de usar fertilizantes, con datos y pruebas contrastadas tras ellos, que permiten una mayor producción y necesitan menos recursos hídricos, para sus frutales? Pues eso.

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