La gran farsa de la motivación en la escuela

Ahora todo tiene que motivar. Todo. Cada clase, cada actividad, cada idea que salga por la puerta del centro debe provocar fuegos artificiales emocionales en el alumnado. Y si no, alguien pedirá explicaciones. Como si la motivación fuera un derecho adquirido. Como si enterrar la cabeza en la mesa fuera un crimen educativo.

Vivimos en la era de la motivación tóxica. O sonríes… o fallas.

Lo curioso es que el mundo adulto funciona exactamente al revés.

Cuando nos convocan a una reunión a última hora… cero motivación. Cuando cambian una normativa sin avisar… menos todavía. Cuando llega la quinta app nueva del mes o propuesta pedagógica que venden los medios… motivación negativa. Pero al alumnado le exigimos entusiasmo premium. Versión ilimitada.

La educación ha empezado a funcionar como una competición contra TikTok. Si no compites en estímulos, no existes. Si no entretienes, no vales. Si no gamificas, no eres innovador. Y si no emocionas, no se aprende. Pues mira, no.

A veces aprender es aburrido. Y eso no lo convierte en inútil.

Hay quien confunde motivación con espectáculo. Y cuanto más espectáculo necesitas, menos contenido queda después. ¿Dónde está la motivación cuando desaparecen los colores y los canvas? ¿Dónde está el aprendizaje cuando se acaba la pantalla? ¿Dónde está el esfuerzo si todo se convierte en juego?

La motivación no puede ser un requisito previo para aprender. Porque aprender también es esforzarse cuando no apetece. También es equivocarse y seguir. También es bostezar un rato. También es decir que esto no me gusta, pero es importante.

El alumnado necesita motivación, sí. Pero también necesita tolerar el aburrimiento porque la vida es aburrida a ratos. Mucho más de lo que nos gustaría.

Si exigimos una educación siempre genial, espectacular, chispeante, estamos creando una generación que creerá que aprender solo merece la pena cuando hay aplausos.

Educar no es entretener. Educar es acompañar incluso cuando no brilla nada. Y, a veces, motivar es simplemente no rendirse cuando no hay ninguna motivación a la vista.

El día que algunos dejen de fingir que la motivación es infinita, seguramente empezarán a enseñar de verdad.

No estoy nada motivado para ponerme a planchar pero, por desgracia, no me queda otra. Ni tampoco me queda alternativa a ir a tirar la basura. Os prometo que ninguna de las dos cosas me motiva nada pero, por mucho que no esté nada motivado, toca hacerlas.

Podéis descargaros mi último libro en formato digital, TORREZNO 3PO: un alien en educación, desde aquí.

Me podéis encontrar en X (enlace) o en Facebook (enlace). También me podéis encontrar por Telegram (enlace) o por el canal de WhatsApp (enlace). ¿Por qué os cuento dónde me podéis encontrar? Para hacerme un influencer de esos que invitan a todos los restaurantes, claro está. O, a lo mejor, es simplemente, para que tengáis más a mano por dónde meteros conmigo y no tengáis que buscar mucho.

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2 comentarios

  1. Pues yo voy incluso un paso más allá y me parece que incluso hay edades a las cuales si te motiva más una integral por cambio de vble. que otras cosas es para preocuparse…
    Soy ingeniero de formación y docente sin ninguna vocación (lo cual no quiere decir que sea mal profesor, ni mucho menos) y a mis propias hijas trato de transmitirles que estudien para sacar buena nota y entrar en medicina, y que no den más vueltas al asunto.
    Por lo demás, cada vez pienso más que todo esto de la pedagogía es, simplemente, MENTIRA. Pero una mentira de la cual viven mucha gente cuyo valor fuera del sistema sería nulo.

  2. Supongo que es debido al sesgo de confirmación, pero me ha encantado tu escrito. Me tranquiliza ver que hay alguien que comparte mi visión sobre la motivación. Estoy de oír hablar de la gamificación (entre otras cosas) hasta el moño. La motivación tiene que venir, sobre todo, desde dentro. Puede, y es recomendable, estimularse desde fuera, pero si no hay nada dentro, un mínimo sentido de la obligación, un «hay que estar por la labor», hay poco que hacer.
    Como alumno, es necesario plantearse el estudio como un reto, y que sea el ir venciendo las dificultades, esa sensación de satisfacción por la victoria conseguida, la motivación que te empuja.
    Pero, para empezar, lo que dices de la plancha: simplemente, no queda otra. Y ya que estás, lo suyo es buscarle el gusto a lo que haces. Y al final, se lo encuentras. La clave, a mi entender, es la actitud ante la vida, no de intentar siempre hacer algo que te guste, sino intentar que te guste lo que hagas.

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