La dieta milagrosa del plátano

Existe una dieta, quizás poco conocida por muchos, pero que cuenta con cada vez más adeptos, que consiste en la ingesta a lo largo de quince días de, como mínimo cinco plátanos al día, acompañados de leche desnatada, verduras, queso, ensaladas, pan integral, huevos y carnes de aves. Una dieta que promete ser milagrosa y eliminar las lorzas de manera milagrosa. Y ello me lleva a plantearme, después de haber leído la excelente entrevista que publicaron hace poco a Marta Ferrero, algunas preguntas/dudas de la proliferación de este tipo de dietas mágicas en educación.

Entre las dietas mágicas (sustitúyase dieta por metodología o planteamiento religioso) y los sesgos de confirmación, tenemos un verdadero problema. Y el problema se basa más en la necesidad de creer que algo funciona por haberle dedicado muchas horas a ponerlo en marcha (la cantidad de horas que implica, tanto para el docente como para el alumnado, hacer determinadas cosas es altísima). Nadie va a cuestionarse algo en lo que cree porque solo va a ver la parte positiva del asunto. Es muy complicado reflexionar, como bien dice Marta, acerca de la propia praxis docente. Mucho más hacerlo -o intentar hacerlo- de la forma más objetiva posible.

Creer en las inteligencias múltiples y, además ser aplicadas o vendidas por personajes que jamás han leído a Gardner, está a la orden del día. Hay centros educativos que se basan en esas inteligencias y, tal y como dice la ciencia y la investigación, no hay pruebas de que sirvan de nada. Ni tan solo de que existan. Además se aplica la teoría mal. Es lo que tiene ponerse a montar un mueble de Ikea sin leerse las instrucciones y separar todas las piezas en un espacio amplio antes de proceder a ese montaje. Y ya no digamos intentar montar un mueble de Ikea que se han olvidado de perforar en fábrica. Creo que se me entiende.

Lo mismo con el ABP, la gamificación y otras estrategias que, curiosamente, se venden mucho en determinados púlpitos y en las redes sociales. Hay algunos docentes que se han pasado todo el verano montando cosas para su alumnado. Y eso tiene que funcionarles sí o sí. No tienen otra. Deben confirmar su sesgo previo porque, en caso contrario se verían obligados a reconocer que, lamentablemente, algunas de las cosas que han hecho (con todo su tiempo y esfuerzo), no solo sirven lo mismo que un libro de texto. Además tienen el inconveniente de poder ser incluso peores. Esto de preparar qué hacer en el aula sin conocer el contexto es, como mínimo, curioso. Sé que no es exactamente la palabra que debería haber usado, pero es la que me ha surgido conforme iba redactando el post.

Puedo entender que haya docentes que, para aprobar las oposiciones enciendan una vela a un determinado Santo. Puedo entender incluso que haya algunos que aprueben después de haber realizado lo anterior. Incluso algunos creerán en que ese ser imaginario les ha ayudado con las bolas que han sacado. Pues va a ser que el azar funciona así. También el estudio previo. Relacionar la suerte con un método o, en este caso con unas velas, tiene muy poco de objetivo.

En educación funciona lo que dicen las evidencias que funcionan. El amimefuncionismo es como el creer en la homeopatía porque, en un determinado momento, he tomado azúcar rebajado con mucha agua y, por cuestiones psicológicas (hay enfermedades psicosomáticas) o por casualidades varias (se seguía otro tratamiento y ha empezado a hacer efecto cuando se han empezado a tomar esas pastillas azucaradas). Pero eso no significa que algo funcione. Tampoco en educación. No funciona lo que creemos que funciona. No funciona lo que hacemos que funcione manipulando el sistema de evaluación. No funciona lo que supone horas infinitas para obtener los mismos resultados que haciéndolo de forma “tradicional”. Un detalle, tradicional lo entrecomillo para que no se interprete lo que algunos, interesadamente, siempre acaban interpretando.

La dieta del plátano es un timo que, por desgracia, tiene sus fanáticos de la misma. El plátano, por cierto, es indigesto. Y, un último detalle, ¿alguien cree que pueden bajarse tropocientos kilos en unas semanas por comerse cinco plátanos al día? Pues lo que queda tan claro en otros ámbitos, da la sensación de no serlo tanto en el ámbito educativo.

Finalmente un detalle, ¿creéis que es mejor la dieta del plátano o la del cucurucho? Pues ya os digo yo que ninguna de las dos porque la segunda, a pesar de poder pareceros más interesante por incluir ejercicio, no tiene en cuenta los principios básicos de la alimentación saludable. Y esos indican que “comer poco” tampoco es la solución. 😉

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