En primer lugar pido disculpas a aquellos que se toman las opiniones, propuestas o reflexiones personales que puedo llegar a verter en este blog como ataques personales. Os prometo que, si analizáis acerca de lo que escribo, veréis que no hay nunca ataques personales y sí a organizaciones, metodologías o personajes. No es lo mismo un personaje -su representación- que una persona y, es por ello que, aunque pueda existir tendencia a confundir persona con personaje, jamás ha sido mi intención en ningún caso. Tampoco voy a discutir acerca de si tengo más o menos razón en mis planteamientos (no solo) educativos porque, por suerte o por desgracia, son sólo míos y difícilmente extrapolables. Tampoco voy a meterme en debatir acerca de dimes y diretes cuyo único objetivo es el desmonte demagógico de algo que, para algunos, puede ser considerado demagogia. Por cierto, nunca ha ido de buenos y malos aunque a algunos les apetezca posicionarse en ese aspecto.

Resulta curioso observar como a mayor cantidad de lectores del blog o, simplemente, incremento de personas con las que interaccionas en las redes sociales -o que, simplemente te empiezan a seguir y hacen aumentar ese número que tanto importa a algunos- los debates productivos se mezclan, cada vez más, con personas cuyo único interés es el justificarse o, simplemente, defender su modus vivendi. No, no es malo que alguien intente defender lo que le da de comer o lo que le gustaría que le diera de comer. Lo malo es sesgar cualquier debate por la cerrazón de lo anterior. Y ya si entramos al sesgo ideológico mediante el cual uno no puede criticar a los de su cuerda y, considerar totalmente lesivo para el alumnado, lo que hacen los de signo contrario, con independencia de la lectura imparcial y objetiva de lo anterior, vamos muy mal. Ya habéis visto que obvio todo el tema de las críticas ad hominem porque, por suerte, he aprendido a usar el botón silenciar en Twitter. Es que no me apetece perder el tiempo. Me estoy haciendo, como he repetido hasta la saciedad en los últimos tiempos, muy mayor.

Entiendo que, en ocasiones, las personas piensen que uno está indignado porque solo escribe sobre cosas criticables, con expresiones más o menos duras. Entiendo, también, que haya gente que se quede simplemente con la frase, el exabrupto o la palabra descontextualizada tras miles y miles de líneas que llevo ya escritas en este blog. Quedarse con un tuit o, simplemente, desanclarlo de una conversación para que el mismo sea usado para que unos puedan decir que estoy, o no,  de acuerdo con el planteamiento de uno u otro, tampoco es demasiado interesante. Bueno, al menos para mí. Como terapia para algunos puede estar bastante bien.

Soy muy incoherente en mis redactados y por eso os pido disculpas. No, no cambiaría ni una coma de lo que llevo escrito en estos más de siete años en el blog aunque, últimamente, tienda a matizar -e incluso cuestionar- posicionamientos que antaño había dotado como absolutos. No hay nada absoluto en esta vida y, aún menos cuando se habla sobre temas educativos o sociales. La sociedad cambia y la perspectiva desde que uno la ve varía con los años, las experiencias e, incluso, por el simple hecho de ir cumpliendo años. No creo que sea negativo. Creo que a lo anterior se le llama evolucionar. O involucionar, ya que el sentido sigue siendo el mismo. Uno puede ir a postulados previos o avanzar hacia otros. Cuestión de gustos, necesidades o vivencias particulares.

Me gusta recordar cada cierto tiempo que esto no es más que un espacio donde reflexiono en voz alta. Me equivoco en más ocasiones de las que me gustaría y, lamentablemente, esto permite que algunos infieran cosas que nunca han pasado por mi imaginación. A la gente he descubierto que le va la necesidad de encontrar referentes o enemigos. Supongo que, en cierta manera, es como uno puede sentirse más o menos seguro en su concepción vital. Sí, a mí también me pasa. El gran problema es que, al final, las referencias e incluso las coordenadas de destino, pueden variar en función de muchos factores.

Ya veis que me he ido por las ramas como es habitual pero, sinceramente, me gustaría pediros en este artículo de corazón disculpas a todos los que os podáis haber sentido mal por algo de lo que haya podido escribir en este blog o en las redes sociales. Sabed, eso sí, que jamás ha sido nada personal. Seguiré escribiendo aquí de la misma manera que siempre, preguntándome muchas cosas, buscando respuestas y haciendo lo mismo que haría si no estuvierais vosotros al otro lado. Eso sí, siempre gusta más hablar con alguien que con uno mismo aunque, como os repito por activa y por pasiva, esto no deja de ser una bitácora muy personal que comparto en abierto.

Un fuerte abrazo a todos los que os pasáis por aquí con independencia de vuestros posicionamientos, o de las ganas que tengáis de ponerme frente a un pelotón de fusilamiento. Este, mi pequeño espacio de reflexión, como siempre os he dicho, es vuestra casa. Una casa, con todas sus comodidades e incomodidades. Yo me siento cómodo porque si no fuera así ya haría tiempo que hubiera cerrado el blog y desaparecido de Twitter. Pero, como siempre digo, el color con el que he pintado mi habitación, o los ladrillos que he elegido para el baño y la cocina, pueden gustaros más o menos. E incluso nada de nada.

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