En las redes sociales y los medios hay, en los últimos tiempos, más relatos que verdades. Sé, que según la RAE, que denomina relato a «la acción de relatar un acontecimiento de palabra o por escrito», puede entenderse todo el relato como verdad. No es así. Relatar subjetivamente un hecho objetivo hace que dicho relato sea, como mínimo, cuestionable. Y, debido a la inmediatez y a muchos intereses, de uno y otro tipo, la mayoría de relatos educativos son falsos. Bueno, en ocasiones más que falsos, interesados o sesgados.

Como no hay relato bueno, por mucha intención que le pongamos, debemos ahondar en los diferentes relatos y, en función de nuestras capacidades y conocimientos, amén de nuestra posibilidad de aislarnos de lo que nosotros creemos que deba ser o cómo deba construirse ese relato, intentar atisbar la realidad. Una realidad cada vez más alejada del relato. Una realidad cada vez más fagocitada por decenas -o cientos- de relatos vendidos al peso. Sí, en función de quién nos cuente el relato, su cantidad de seguidores en las redes sociales, el número de horas que aparece en las tertulias o, la cantidad de veces que se le denomina «experto», ese relato va a tener más potencia para ser aceptado por la mayoría.

Hoy estoy viendo llover por la ventana. Es un hecho. Solo contrastable por alguien que se halle en mi mismo municipio y pueda ver esa lluvia por misma ventana que yo. A lo mejor es de esas lluvias zonificadas. A lo mejor es que me estoy inventando la lluvia. Inventándola por necesidad en mi mente que llueva o, simplemente, sea porque me pagan fabricantes de paraguas y chubasqueros para fallera. Y ahí está el problema. Quién dice qué y los motivos por los que se articulan determinados relatos. Lo estamos viendo en la guerra. Unos y otros creando su propio relato frente al mismo hecho objetivo. ¿Hay hechos objetivos? Pues ya empiezo a tener mis dudas. Especialmente en el ámbito educativo, donde lo que veo en mi aula poco tiene que ver con lo que me dicen que ven algunos.

Ya que no interesa la verdad, como mínimo interesa que uno sea honesto en su relato. Ser honesto no implica hablar solo de lo bueno o lo malo. Ser honesto no implica alabar y criticar nada en función de quién lo dice. Ser honesto implica, con el esfuerzo que ello conlleva, coger varios relatos, analizarlos y, sin la inmediatez que nos exigen las redes sociales, proceder a elaborar un relato propio lo más objetivo e imparcial posible. Es complicado. Es mucho más fácil ponerse a tuitear. Entre que uno lee un tuit de un titular amarillista y escribe su respuesta pasan pocos minutos. En ese tiempo, salvo que tengas mucho bagaje previo sobre el tema, no te da para crear tu propio relato.

El problema de la educación es que la mayoría de los relatos son más interesados que otra cosa. Al menos los que más se difunden. Contar con los medios y con voceros muy mediáticos puede hacer creer que solo hay un relato. Lo que hay es una sola verdad con relatos que se aproximan o difieren de la misma. Por eso es importante dudar y estar (in)formado. Más allá de lo que digan los tuyos. Más allá de lo que quieras creerte. A veces, incluso, más allá de lo que la mayoría opine porque, en ocasiones, la verdad está más cerca de relatos escondidos y difíciles de encontrar que en la superficie. No sé si me explico.

Es importante escribir relatos propios porque, al final si dejamos que sean otros los que nos cuenten la historia, no solo en educación, vamos a tener un problema. Por eso es tan importante dar voz a quienes tienen relatos diferentes, salvo que los mismos estén construidos sobre ídolos de arcilla de entrada. Por eso es tan importante que contéis vuestros relatos. A más cantidad de visiones de la educación, más posibilidad hay de acertar en sus males y en sus soluciones.

Esto explica mi respuesta de ayer a Sostres (aquí), cuando en otro de sus vomitivos artículos de opinión, dijo ciertas cosas. Si solo existe ese relato, por mucho que lo ignoremos, va a ser el que va a calar en la sociedad. Un relato que, como bien sabéis los que os dedicáis a la docencia, especialmente en Cataluña y en la pública, era más falso que un euro de chocolate. Pero, como he dicho al principio, si no hay relato alternativo, más de uno, de esos de ingesta rápida y digestión lenta, se lo va a tragar. Ese es el problema.

Yo estoy de viernes festivo por Fallas. Me gusta ver a la gente pasándolo bien y, después de unos años, no nos merecíamos este tiempo. Un abrazo a los que lucháis por la educación, compartáis o no mi relato de la misma porque, al final, lo bueno de los relatos es que, si alguien es inteligente, puede acabar viendo, juntando por aquí y por allí, la realidad que cada día que pasa se le escamotea más.

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