Hoy, dentro de las fotonoticias a las que nos tiene acostumbrado nuestro Ministerio de Educación y FP, especialmente después del aterrizaje de la nueva y flamante Ministra a la que conviene promocionar para otras cosas (no olvidemos que el Ministerio de Educación siempre es para promocionar «a otra cosa»), nos aparece el siguiente titular: «El valor de la programación informática como herramienta educativa es indiscutible». Un titular del que podéis leer el publirreportaje asociado aquí.

Me gustaría quedarme con una frase de la Ministra…

El valor de la programación informática como herramienta educativa es indiscutible: desarrolla el pensamiento lógico, fomenta el trabajo por proyectos y favorece el trabajo en equipo. Sobre todo, cambia el paradigma mental de los alumnos al pasar de ser simples consumidores de tecnología a programadores de las máquinas con las que aprenden.

Pues no, no voy a estar de acuerdo con la frase anterior. La programación no fomenta el pensamiento lógico, no fomenta el trabajo por proyectos ni favorece el trabajo en equipo. Tampoco cambia el paradigma mental del paso de consumidor de tecnología a programador. Además, ¿realmente nos interesa que todos sean programadores? Y ojo, en este caso ya estoy yendo hacia la profesionalización del asunto. Algo que debería estar alejado completamente de la educación obligatoria. La educación obligatoria no es una enseñanza profesionalizadora. Es, según dice la propia Ministra, una enseñanza competencial. Y competencial, incluso que sea un constructo inventado, nada tiene que ver con el futuro laboral de nuestro alumnado. Un futuro laboral que se configura desde muchos más lugares que desde el propio centro educativo y que, por desgracia, hace que algunos vean la educación obligatoria como un laboratorio de futuros trabajadores.

No debe enseñarse programación informática en etapas obligatorias. Debe enseñarse lógica, estrategias de resolución de problemas y rutinas básicas para poder seleccionar el mejor camino. Un simple juego en el patio, con sus reglas, ya es programación porque, al final, la programación no es nada más que la existencia de unos requisitos que permiten acceder a determinadas fases ulteriores. Es de primero de sentido común. Ojo, siempre y cuando abandonemos la cantinela maldita que relaciona la programación con tecnología, digitalización o informática en su sentido más amplio.

La programación debería hacerse en papel. Y debería impartirse desde pequeños por parte de especialistas en matemáticas y filosofía (o docentes de rama humanístico-filosófica). Es más importante la lógica de un programa que el programa en sí mismo. Tener un gatito dando pasos por una pantalla no es programar. Es otra cosa. Crear una app no es programar. Es hacer una app. En programación lo más importante es el camino, el aburrimiento y el error. Algo que no se da cuando introducimos un elemento tecnológico en la ecuación. Sí, sé que muchas asociaciones de docentes (tanto de Tecnología como de Informática) están luchando por hacerse con la nueva asignatura de la ESO denominada Tecnología y Digitalización. El problema es que hay cosas que van antes que otras. Y antes de ponerse con el ordenador hay muchas otras cosas. Es muy fácil de entender. Al igual que para escribir uno tiene que haber comprendido lo que lee. Y para sumar deben hacerse sumas entendiendo el concepto de adición. Podría poner muchos más ejemplos pero creo que es innecesario.

Es imprescindible revisar todo el currículo, desde los primeros años de la escolarización obligatoria. Es obligatorio pegarle fuego a la LOMLOE y desterrar a una isla rodeada de tiburones a todos lo que han estado tras la misma. Y, una vez hecho eso, ya si queréis introducimos una programación que permita entender al alumnado qué es una variable, cuál es el sentido del concepto programar y añadimos cuestiones básicas de lógica. Por cierto, hay lógica matemática y semántica. Y ambas son igual de importantes porque, a veces, si uno no sabe que antes de B va A, ya podemos darle el mejor ordenador del mundo para que se haga tiktoker.

No me hagáis mucho caso. Ha sido una semana bastante dura y hace un tiempo muy gris mirando desde mi ventana. Disfrutad de vuestro finde. Y no, trabajar más horas no te hace mejor docente. Menos aún decirlo en las redes sociales. 😉