El misterio de la universidad privada online… pagar a precio de oro lo que la UNED ofrece por cuatro duros

Ayer puse un tuit que, en el momento en el que escribo este artículo, ha acabado enredando a más de 400.000 personas en X. Una pregunta muy sencilla, de esas que lanzas a la plaza pública de las redes sociales sabiendo que tocan una fibra sensible, pero cuyo recorrido demuestra que el tema quema de verdad. Se trata de la siguiente publicación…


Las respuestas y el debate generado han sido para enmarcar. Y es que el fenómeno está ahí, a la vista de todos, pero pocos se atreven a desmenuzarlo sin rodeos. En los últimos años hemos visto florecer un mercado voraz de universidades privadas 100% online que cobran matrículas a precio de hipoteca por grados y másteres que la UNED lleva décadas impartiendo por una fracción de ese dinero.

La pregunta cae por su propio peso. ¿Por qué alguien decide soltar entre 4.000 y 9.000 euros al año en un chiringuito privado en lugar de matricularse por 800 o 1.000 euros en la universidad pública a distancia por excelencia?

Quien busque una respuesta inocente se equivoca. Aquí no estamos hablando de prestigio académico, ni de instalaciones de vanguardia (estamos hablando de educación a través de una pantalla), ni de claustros plagados de Premios Nobel. Hablando en plata y sin paños calientes, el éxito de la privada online responde a tres realidades incómodas del sistema educativo actual.

En primer lugar, la compra encubierta de la tasa de graduación. Nadie paga 6.000 euros al año para que le suspendan. En la UNED te matriculas, te dan un temario de mil páginas y te dicen… ahí tienes el examen presencial en la sede en febrero; búscate la vida. En la privada online, el modelo de negocio exige retener al cliente. Trabajo continuo, entregas semanales, evaluaciones amables y una tasa de aprobados que roza el milagro divino. La gente no paga por aprender más. Paga por asegurarse el título sin el desgaste psicológico ni la incertidumbre del filtro público.

En segundo lugar, la obsolescencia e inflexibilidad de la propia UNED. La universidad pública a distancia ha vivido demasiado tiempo apoltronada en su monopolio histórico. Mientras la privada te vende una plataforma intuitiva, atención por WhatsApp de muchos docentes, burocracia resuelta en dos clics y un tutor que te coge el teléfono, la UNED en muchos departamentos sigue anclada en dinámicas del siglo pasado, con trámites kafkianos, plataformas infames y la sensación de que el estudiante es un estorbo que estorba. Si la pública expulsa al usuario con su arcaísmo, la privada solo tiene que abrir la puerta y cobrar el peaje.

Y en tercer lugar, el negocio de la titulación como mero trámite laboral. En un mercado de trabajo que exige el papelito para opositar, subir de categoría o cumplir un expediente de Recursos Humanos de la empresa, el tiempo vale más que el dinero para quien se lo puede permitir. Si un estudiante necesita el grado para pedir los puntos de un sexenio o para que le asciendan en la empresa, el camino directo, cómodo y garantizado de la privada gana por goleada al calvario burocrático de la pública.

Lo dramático de este melón no es que haya gente dispuesta a pagar un pastizal por facilidades. Lo verdaderamente grave es cómo la brecha económica se ha trasladado al ámbito de la educación a distancia. Hemos convertido la universidad pública en un examen de supervivencia para quienes no tienen recursos, mientras abrimos un carril VIP donde el que paga el peaje llega a la meta sin despeinarse.

O la UNED despierta de su letargo institucional y se moderniza de verdad, o seguiremos viendo cómo miles de estudiantes empeñan sus ahorros en la privada para comprar, sencillamente, lo que la pública no sabe o no quiere ofrecer. Y lo que no quiere ofrecer es gestión, agilidad y la certeza de no tirar su tiempo a la basura.

Me podéis encontrar en X (enlace) o en Facebook (enlace). También me podéis encontrar por Telegram (enlace) o por el canal de WhatsApp (enlace). ¿Por qué os cuento dónde me podéis encontrar? Para hacerme un influencer de esos que invitan a todos los restaurantes, claro está. O, a lo mejor, es simplemente, para que tengáis más a mano por dónde meteros conmigo y no tengáis que buscar mucho.

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4 comentarios

  1. Me fui igualmente a la Universidad Privada porque la UNED solo te remite a la plataforma por cada pregunta que planteas sobre las ofertas formativas. En la privada todo es ágil. Usted solicita información después de poner los datos y ya recibes correos electrónicos y teléfonos aclarándote todos los pormenores. En las Privada las plataformas están actualizadas, las bases de datos casi gratuitas, material de cada asignatura muy dispuesta en tiempo y forma. La atención personalizada te recuerda las fechas de entrega de trabajos. La Universidad Internacional Isabel I está muy bien en Psicología. La UDIMA es genial en acompañamiento en el Programa de Doctorado Salud Mental y Prevención del Suicidio en la Era Digital. Es cuestión de probarlo.

    1. Las plataformas informáticas públicas están hechas un desastre. Solo hace falta ver, por ejemplo y saliendo un poco del ámbito educativo, las sanitarias y observamos, con un coste muchísimo menos, una mayor calidad en las de los hospitales privados que en las de los servicios de salud autonómicos. Y no entiendo el porqué. Bueno, lo intuyo, pero sigo sin entenderlo. Un saludo y gracias por tu experiencia/apreciación de determinadas universidades.

  2. Un buen ejemplo de todo esto es el master habilitante del profesorado. Ahí la cuestión va más bien por la falta de plazas en las públicas presenciales y en la UNED, nicho que las privadas cubren rápidamente. Cómo será la cosa que el Ministerio llegó a excluir el título de una de ellas del registro oficial porque de 70 matriculados inicialmente autorizados pasaron a 700! Un pequeño error (cada uno de estos «errores» les hace ganar más de 6.000 euros de los casi 9.000 que costaba) lo tiene cualquiera, no?

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