El engendro del Grado en Educación Secundaria
Hoy es uno de agosto. El día en que los últimos habitantes de los centros educativos (los equipos directivos) ya no tienen obligación legal de visitar los centros educativos que dirigen. También es el día en el que algunos se tragarán números, declaraciones políticas o, simplemente, comprarán el último artículo en Temu o Shein. No entro en los que se abrirán una cuenta en Tinder, quedarán con su match o, simplemente, empezarán sus vacaciones. Y sí, no me olvido de aquellos expertos en todo que seguirán dando sus consejos acerca de cualquier tema. Pues para todos ellos, mucha suerte.
Pero hoy, a pesar de ser festivo educativo, me apetece volver a hablar de un tema que, por desgracia, cada cierto tiempo vuelve a aparecer en los medios. Cada cierto tiempo, cuando la farsa del Máster de Secundaria se vuelve indefendible o las estadísticas de rendimiento en los institutos tocan fondo, sale la tribu pedabóbica a desempolvar la misma idea infame. Me estoy refiriendo a crear un Grado en Educación Secundaria.
Lo venden con la demagogia pastel que tan bien se les da en los congresos de pedagogía. Diciendo, como ya sabéis… «Es que los profesores de instituto saben mucho de lo suyo pero no saben enseñar», «es que hay que profesionalizar la docencia desde los 18 años», «es que así nos cargamos de un plumazo el cuello de botella del Máster».
Hay que decirlo sin paños calientes, con toda la mala leche del mundo y mirándoles a la cara. El Grado en Educación Secundaria es un engendro pedagógico diseñado únicamente para dar la estocada final al conocimiento, la exigencia y la dignidad académica en las aulas.
Pretender que la solución al desastre educativo pasa por sustituir a un matemático, a una bióloga, a un filólogo o a una historiadora por un todoterreno inflado con cuatro años de teoría pedagógica de laboratorio es una autentica irresponsabilidad criminal. Para enseñar en un instituto hay que saber la materia hasta las entrañas. Hay que haber sufrido ecuaciones diferenciales, analizado clásicos en su lengua, quemado pestañas en laboratorios reales o buceado en fuentes históricas durante años. La pasión por el conocimiento y el dominio de una disciplina no se improvisan con cuatro asignaturas genéricas de didáctica de las ciencias sociales, diseño de proyectos o gamificación aplicada.
Si le extirpas la base académica al profesor, lo que te queda en la tarima no es un docente. Es un animador sociocultural. Un repartidor de fichas, un gestor de dinámicas de grupo incapaz de profundizar en absolutamente nada porque, sencillamente, no domina lo que tiene entre manos. Si ya estamos sufriendo las consecuencias de la bajada continua de nivel y la devaluación de los títulos, meter en los centros a graduados cuya única especialidad sea la pedagogía teórica es la receta perfecta para convertir la Secundaria en un Magisterio prolongado de cuatro años más. Y, al igual que, seguramente, crear un ciclo formativo de maestro y cargarse Magisterio sería algo a lo que, curiosamente, se opondrían todos los que defienden la aparición de este grado de Educación Secundaria.
¿Que la formación pedagógica actual del Máster es una estafa vacía y un atracadero a mano armada? Por supuesto. Lo vengo denunciando alto y claro. Pero la solución a una estafa no es cometer una atrocidad mayor. La solución pasa por integrar la capacitación pedagógica real y gratuita dentro de las carreras de origen o durante una fase de prácticas seria en los centros, no por aniquilar la especialización disciplinar.
Lo que hay detrás del empeño por colar este Grado no es la excelencia docente. Es, por un lado, la codicia de las facultades de Educación salivando por amasar miles de matrículas cautivas de cuatro años enteros en lugar de un máster de uno. Y por otro, la agenda de una administración a la que le molesta el profesor culto, crítico y exigente, y prefiere un batallón de técnicos obedientes especializados en rellenar rúbricas infames y maquillar aprobados.
Dejad de inventar experimentos de chichinabo para hundir más la escuela. Sin conocimiento profundo no hay enseñanza posible. Solo hay postureo, vaciedad y la estafa definitiva a los chavales.
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Efectivamente en la facultad de Ciencias de Cabo Verde, por exótico que te parezca, en el título de Biología, existe una especialidad de Docencia, junto a la Sanitaria y la Ambiental.
Será que en un país donde necesitan ir a lo práctico y formar a su población, no se andan con chorradas.