El club del «yo no he sido»… la impunidad total de los que gestionan y trabajan en el sistema educativo

Hoy os vais a tener que aguantar, pero es que hay días en los que el tufo a heces bajo la alfombra del sistema educativo me resulta sencillamente insoportable.

Estos días ha saltado la noticia del veto de la OCDE a Cataluña en las próximas pruebas PISA. Después de soltarle un pastizal indecente de dinero público a la organización internacional para coordinar las pruebas y la recogida de datos, resulta que los genios de la gestión decidieron excluir por la cara a un 25% del alumnado para intentar maquillar los pésimos resultados que todos sabíamos que iban a salir. Les han pillado con el carrito del helado. ¿Y sabéis qué es lo verdaderamente escandaloso de este esperpento? Que nadie va a dimitir. Nadie va a asumir la responsabilidad. Ninguno de los que ideó, aprobó o ejecutó semejante manipulación chapucera va a perder su nómina, su despacho o su cargo de asesor.

¿Sabéis por qué va a pasar lo anterior? Porque en la educación española se ha instalado la regla sagrada del «yo no he sido». Hay una impunidad total e insostenible desde la macrogestión del ministerio hasta la microgestión de la última aula del último centro educativo.

¿Un político redacta una ley infame, baja las ratios a golpe de titular mentiroso, hunde la educación aprobando proyectos nefastos o realizando inversiones millonarias que se cargan la comprensión lectora y matemática del alumnado? Cero consecuencias. Cuando la realidad les explota en la cara y las estadísticas muestran el desastre, la culpa nunca es de su gestión. La culpa siempre es del contexto socioeconómico, de la falta de tiempo para implantarla, de que los docentes no entienden cómo aplicarla, de la oposición o del cambio climático. Jamás veréis a un consejero o a un director general salir a decir… ¡Perdón, me he equivocado, he gestionado como el culo y dimito! Se parapetan en su puesto, cobran el finiquito y se van a su casa o a la siguiente puerta giratoria. Porque, no nos olvidemos de dónde están los Ministros de Educación anteriores ni tampoco gran parte de los exconsejeros del ramo.

Pero no nos quedemos solo arriba, que en la trinchera también hay tela que cortar y aquí hay que dar estacazos a diestro y siniestro, dejando el corporativismo de lado.

¿Qué pasa con esos docentes que dan Segundo de Bachillerato y que, curso tras curso, presentan a sus alumnos a las pruebas de acceso a la universidad con unos resultados vergonzosos y deplorables en su materia? Esos que mandan al matadero al chaval con un 8 de media en el instituto para que luego se pegue un castañazo histórico con un 3 en el examen oficial. ¿Quién pide explicaciones? Nadie. La culpa siempre es de la PAU, de que la prueba es un filtro injusto o de que esta promoción venía muy floja. La autocrítica sobre su forma de enseñar, su nivel de exigencia o su incapacidad para preparar a sus propios alumnos directamente no existe. Si tus alumnos fracasan en masa año tras año en la única prueba objetiva y externa a la que se enfrentan, el problema igual no es el examen. Igual el problema eres tú.

¿Y los equipos directivos que gestionan los centros como si fueran su cortijo privado? Directores incapaces de cortar de raíz los problemas de convivencia, que ocultan los expedientes de disciplina para no manchar la imagen del centro, que tratan a los interinos con el látigo y benefician a los tres amiguetes de turno mientras la calidad del centro educativo se hunden en la miseria. Si la cosa sale mal, la culpa es de la Inspección. Si la Inspección actúa, la culpa es de la Consejería. Siempre hay un escalón superior o inferior al que tirarle el muerto.

Nadie responde de nada. Ni el político que gasta millones en falsificar resultados en PISA, ni el tipo de la administración que aprueba órdenes absurdas, ni el director que mira para otro lado, ni el docente que arrastra su incompetencia sin revisar sus métodos durante treinta años. Nadie es culpable de nada.

Hemos construido un sistema educativo diseñado específicamente para diluir la responsabilidad personal hasta que se evapore. Un circo donde los únicos que terminan pagando los platos rotos, la falta de nivel y los engaños son los chavales que salen al mundo real sin saber comprender un texto ni resolver un problema básico.

A ver si empezamos a exigir cuentas de verdad a todos los niveles o aceptamos de una vez que esto no es un sistema de enseñanza, sino un monumento gigante a la irresponsabilidad cobarde.

Me podéis encontrar en X (enlace) o en Facebook (enlace). También me podéis encontrar por Telegram (enlace) o por el canal de WhatsApp (enlace). ¿Por qué os cuento dónde me podéis encontrar? Para hacerme un influencer de esos que invitan a todos los restaurantes, claro está. O, a lo mejor, es simplemente, para que tengáis más a mano por dónde meteros conmigo y no tengáis que buscar mucho.

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2 comentarios

  1. Salut! Doncs sobre les proves PISA o qualsevol altra prova externa, des dels centres controlem qui les fa o està exclòs, qui té correcció interna, qui pot tenir més temps, qui… Per experiència pròpia, nosaltres com equip directiu hem decidit que les proves les fa tot l’alumnat perquè volem saber el nostre nivell real. I aquest nivell real ha de tenir en compte a l’alumnat que, a diari, està en el nostre centre i en les nostres aules. Quan tinguem els resultats, es mostrarà el nostre nivell global d’assoliment de determinats aprenentatges, competències, sabers o qualsevol altra nom que se li vulgui donar, amb una prova externa i que pugui ser comparable. I amb aquests resultats, analitzarem com a docents i equip directiu, què ens està funcionat i què no, per realitzar les modificacions necessàries.
    La llàstima és que algunes d’aquestes proves externes ara han deixat de ser per a tots els centres i ens dificulta poder fer-ne un seguiment. Però no defallirem i ho seguirem intentant.
    Moltes gràcies.

    1. Moltes gràcies a tu per explicar l’experiència en el teu centre. I sí, com bé dius, el sistema educatiu s’ha d’avaluar. I no només fent referència als aprenentatges de l’alumnat. Salutacions.

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