Nadie en su sano juicio se plantearía que la formación en práctica médica, una vez finalizado el alumnado de Medicina sus estudios, se diseñara, gestionara y efectuara por alguien que no fuera médico. Entonces, ¿por qué se ignora a los docentes de aula a la hora de diseñar, gestionar y efectuar la formación inicial de los docentes que van a entrar en las aulas? ¿Por qué se deriva dicha formación a las Facultades de Magisterio o Ciencias de la Educación, para que se diseñe, gestione y efectúe por parte de profesionales que jamás han trabajado en centros educativos de niveles no universitarios? He puesto el ejemplo de Medicina, pero me sirve cualquier otro ejemplo de máster habilitante. En ninguno sucede lo que sucede en el ámbito educativo. Debemos ser muy especiales. O deben confiar muy poco en los docentes de pico y pala.

En el día de ayer, después de la maldad intencionada de decir en Twitter que «deberíamos eliminar el máster habilitante para ejercer de profesor de Secundaria», la mayoría de opiniones de los docentes de a pie fueron prácticamente unánimes. Curiosamente, los únicos que no estaban de acuerdo en su eliminación fueron profesionales que jamás han pisado un aula de Secundaria como docentes. Algo que resulta realmente paradigmático y que, a poco que alguien tenga un poco de sentido común, va a entender. ¿Os imagináis que fuera yo el encargado de formar, diseñar el plan y dar la formación a los licenciados en Pedagogía para que tuvieran una validación profesional que les permitiera dar clase a futuros pedagogos? Seguramente os rechinaría. Pues así se da a la inversa. Lo mismo con la formación inicial de los futuros maestros. Y no, no me vengáis algunos con la comparación interesada con otras carreras. Ya os he dicho yo que, en ámbitos laborales parecidos al educativo, la formación habilitante la dan solo especialistas que trabajan o han trabajado en ese ámbito profesional.

Algunos tienen la manía de ignorar al docente de aula, tanto en la toma de decisiones que van a afectar a su labor profesional, como en permitirle participar en el diseño y ejecución de la formación de futuros docentes. Cuando hay una decisión política (no olvidemos que, por desgracia, la mayoría de decisiones educativas son políticas), tomada normalmente desde púlpitos alejados del aula y que, casi siempre cuenta solo con la previa consulta a profesionales de otros ramos que nada tienen que ver con el espacio donde la legislación va a afectar, hay algo que no funciona bien.

¿Quién sabe lo mejor que le funciona en su aula y qué necesita? ¿El pedagogo, el sociólogo, el politólogo, el economista, el vecino del quinto que, por haberle costado ocho años sacarse la ESO o uno que está dando clase en esa aula y ese tipo de centros educativos? Yo lo tengo claro. Eso sí, parece que para una minoría, curiosamente la misma minoría que no está en las aulas, valga más la opinión de cualquiera (especialmente la suya) que la de cualquiera o la mayoría de docentes de aula.

Como docente de pico y pala me siento totalmente ninguneado en la toma de decisiones educativas. Me siento totalmente ignorado en cuanto a la gestión de la formación de futuros docentes. Me siento, en definitiva, muy cabreado cuando veo que nadie piensa en mí y en mis compañeros cuando se tiene que decir algo en nuestro trabajo. Vale para la LOMLOE. Vale para la formación inicial del profesorado. Vale para los recursos que necesitamos. Vale, en definitiva, para cualquier cosa que sucede dentro de los centros educativos y en las aulas de este país. No es exclusivo de aquí. Hay otros países que también ningunean a sus docentes de aula, pero que en otros lugares lo hagan, no significa que sea bueno hacerlo.

Finalmente deciros que, seguramente alguno, de forma muy demagógica, usará el concepto «pico y pala» para decir que, al igual que sucede en las obras, los obreros necesitan capataces. Y los capataces unos planos o proyectos que deben seguir, redactados por arquitectos e ingenieros. Bueno, lamento decirles que esa comparación no sirve porque, al final, tanto el arquitecto como el ingeniero, si es un buen profesional, deberá ir a menudo a ver la obra y a hablar con las personas que las están llevando a cabo. Pero bueno, como sé que algunos van a usar discursos variopintos para defender su modus vivendi y la necesidad de su existencia, tan solo decirles que, en la mayoría de compañeros no cuelan sus discursos. Ni colaron antaño, ni cuelan ahora. Eso sí, por desgracia, no cuelan en el aula pero cuelan en otros ámbitos. Especialmente en los que tienen poder de poner ciertas cosas en negro sobre blanco. Y así nos va.

La docencia es la única profesión en la que empuñar, a diario, un pico y una pala no te da más que derecho a recibir veinte latigazos. Deberíamos hacérnoslo mirar.

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