No me gustan los escraches. No me gusta el llevar al lugar de residencia de nadie las discrepancias políticas. No me parece bien que se acose en sus casas a morados, verdes, azules, rojos, naranjas o multicolores. Más que nada porque, ni es el lugar y, en muchas ocasiones, hay terceros que nada tienen que ver con lo que quiere uno defender o cuestionar, mediante caceroladas o pancartas más o menos inteligentes. Ni escraches ni jarabe democrático. Otra cuestión es llevar ante los tribunales los desmanes de unos, cuestionar qué dicen o qué legislan o, simplemente, hablar de la capacidad de algunos para estar en determinados lugares. Y me gustaría aclarar que, sinceramente, a mí me parece extremadamente soez que se acuse a algunas personas de haber llegado por determinados medios donde lo han hecho. Otro tema es que se dude de su capacidad y la falta de méritos para estar ahí.

Puedo considerar -y considero- que, en la situación actual, no deberían haberse largado todos los políticos de vacaciones. Puedo cuestionar -y cuestiono- que se usen recursos públicos para usufructo vacacional de los que gestionan la política de este país. Más que nada porque es mi dinero y, al igual que cuestiono ciertas cosas de los servicios públicos, también me veo capacitado para cuestionar a los representantes públicos. Repito: cuestiono el uso de mis impuestos y la gestión de los mismos; no cuestiono que se haga vacaciones aunque cuestione lo adecuado que sea hacerla en el mismo momento todos. A veces para un político es más importante no solo el hacer, si no el hacer las cosas de una determinada manera. Algo que incluye no hacer ciertas cosas.

Ayer el Vicepresidente y la Ministra de Igualdad que, en este caso concreto son pareja, se fueron con sus retoños de vacaciones unos días. Vuelvo a repetir que me parece mal que el Presidente y el Vicepresidente se cojan vacaciones a la vez, pero en este caso el argumento va hacia otro aspecto de la situación. Mediante “jarabe democrático” (los eufemismos matan) se les ha hecho regresar de sus vacaciones ya que alguien, por las redes sociales, había filtrado el lugar donde se hallaban alojados. Algo denunciable porque atenta a la privacidad y debe ser la policía y los jueces los que tomen las acciones pertinentes y, en caso de observar delito, sancionar a la persona que ha publicado esos datos. Además, lo ha hecho con nombre y apellido. El problema es que, por culpa del guerracivilismo imperante en este país, un nutrido grupo de “defensores de los suyos” ha decidido hacer cruzada contra esta persona, difundiendo su teléfono, su lugar de trabajo y pidiendo para ella poco menos que un pelotón de fusilamiento. Además aplaudidos por un quórum que ha hecho que el hashtag denominando “fascista” a la susodicha reveladora sea Trending Topic. Esto de cebarse con la gente es algo que nos deberíamos plantear. Más aún la gran cantidad de gente a la que le gusta “el señalamiento”, “la persecución” y “el otorgarse el rol de justicieros”.

Tal y como dice un amigo mío, yo no quiero linchamientos cruzados. Lo que quiero es un estado de derecho y que sea la ley la que defienda a sus ciudadanos, no mi primo de Zumosol.

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Acerca del Autor

Jordi Martí

Simplemente soy alguien al que le gusta escribir. Y que disfruta haciéndolo.

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